Dominic Thiem, el tenista que fue entrenado como un soldado

Descubrimos la tremenda historia de Thiem al que su preparador, Sepp Resnik, le obligaba a hacer entrenamientos en el bosque, de noche y a temperaturas bajo cero.

Dominic Thiem. Foto: Getty
Dominic Thiem. Foto: Getty

Cuando echas una mirada a su -todavía- cara de niño, no adivinarías que Dominic Thiem ha podido pasar por uno de los entrenamientos más duros que se recuerdan a un deportista de élite como ya es. TennisFrontier cuenta con todo lujo de detalles el estricto y serio entrenamiento que Sepp Resnik, preparador físico del tenista, llevó a cabo con él. Más propio de una secuela de la película Rocky que de la propia realidad.

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Thiem apuntaba maneras ya desde muy joven. Con 17 años, su tenis llamó la atención de todo un Ivan Lendl que recomendó a Adidas que firmaran a ese chico con cara de buena persona y que en pista se comportaba de manera tímida. Además, físicamente no cumplía con los cánones de tenista top y su entrenador de toda la vida, Gunter Bresnik, no terminaba de encontrar el preparador físico adecuado para él, ni Paganini, preparador de Federer o Pasold, del centro de entrenamiento de Red Bull. Necesitaba un poco de mano derecha y llevarle por la senda de la vieja escuela. Es ahí donde surge la figura de Sepp Resnik.

Otoño de 2012, Bresnik y Resnik coinciden. Resnik es un reputado deportista austríaco que ha completado todo tipo de pruebas físicas, de esas que son capaces de llevar al límite a cualquier tipo de ser humano. Ha hecho Ironmans, Ultra-Triatlons, ha dado la vuelta al mundo en bicicleta y ha cruzado nadando el estrecho de Gibraltar. Sepp parece más un tipo sacado de un thriller novelesco, capaz de recibir a la policía en su casa después de que le entraran a robar y sonreír cuando le preguntaron si necesitaría un psicólogo tras el robo; "El psicólogo lo necesitarán ustedes ya que si alguien vuelve a patear mi puerta, prepararé trampas como me enseñaron en el ejército y se encontrarán un cadáver junto a ella", contestó.

Gunter le invita a ver su pupilo y le pide ver si es capaz de ayudarle. Resnik observa el entrenamiento con atención, callado. Después de 10 minutos se levanta y se dirige al entrenador. "Gunter, le he visto por 10 minutos y ya lo vi todo. El chico puede hacer lo que sea de cintura para arriba pero nada de cadera hacia abajo".

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El peculiar tipo accede a trabajar con Thiem, pero con una condición; Bresnik debía dejarle que llevara a Thiem bajo sus excéntricos métodos. Gunter accede, Thiem, con un poco de recelo, también.

En su primer entrenamiento, Sepp lleva a Dominic a correr por en medio del bosque a medianoche. 15 kilómetros, nada más y nada menos. "Lo llevé a correr de noche para que no nos distrajeran. La primera vez, Thiem me preguntó dónde estaba el vestuario, le dije que el vestuario era el bosque. Me dijo que estaba muy oscuro y le respondí que qué esperaba, era de madrugada. Le comenté que había corrido 60.000 kilómetros en este parque y que lo conocía de memoria", explica Resnik en el artículo. Sepp confiesa que en aquella primera carrera de 15 kilómetros juntos, Thiem se paró hasta en 16 ocasiones a descansar. Dos semanas después, apenas lo hizo un par de veces.

Thiem se cuestionaba si para un chico como él que soñaba con ser tenista, ese tipo de entrenamientos nocturnos bajo la fría noche austríaca era el más apropiado. Resnik lo convencía en una sola frase. "Durante años me he entrenado aquí de noche. Cada día recorría en bicicleta la distancia entre Viena y Wechsel (1.700 metros de montaña en más de 100 kilómetros de camino) y a las 7.30 de la mañana estaba el primero para dar los buenos días a la compañía". Thiem no entendía. "Pero, ¿y cuándo dormías?", le preguntó el tenista. "No dormía", respondió Resnik. "No he dormido durante décadas", añadía. "Un hombre no puede vivir sin dormir", comentaba Thiem. "¿Te parece que yo esté mal? No malgasto mi tiempo durmiendo", sentenciaba Resnik.

A Sepp le inculcaron entrenamientos militares en su carrera. Entrenaba de lunes a viernes de 7 de la tarde a 5 de la mañana. Sábados y domingos competía en carreras. Hans Schackl, su mentor, le dio a leer literatura de guerra para que entendiera el método. Thiem, en parte, es un poco obra de Hans.

Junto a Resnik, Thiem no pisó un gimnasio. Corrían por el bosque, le hacía levantar troncos, cruzaban los ríos a pie por el agua casi congelada, a veces incluso nadando volviendo a hacer ejercicio con la ropa mojada. "Le hacía andar por un sendero durante dos horas. Cada cinco minutos le ponía sobre los hombros un tronco de 25 kilos y nos lo intercambiábamos cada 5 minutos. También le hacía hacer sentadillas durante 45 minutos con una silla en el pecho. Cuando me gritaba que no podía más, que le dolía, me miraba a mí, un hombre de 60 años haciendo lo mismo que él y le decía que no quería volver a escucharle decir eso otra vez ya que si yo con 60 años podía hacerlo, él con 20, podía hacer lo mismo tres veces".

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Los resultados empezaron a llegar. Thiem comenzó a escalar en el ranking aunque seguía mostrando demasiado buen carácter en pista. "Le decía que cuando saltara al campo fuera un animal, que eso no era un juego, que era la guerra". Dominic demostró a su preparador que podía serlo durante la final de un Future, el día que Resnik cumplía 60 años. Después de un espectacular peloteo durante el primer set, la pelota golpea la cinta y se queda de su lado. Thiem miró a Sepp, sentado en la grada y gritó: "¡Feliz cumpleaños, Sepp!", y destrozó su raqueta contra el suelo. Era la primera vez que lo hacía. Resnik, poco dado a mostrar emociones con su cara, revela que aquello le llegó. "Fue un momento precioso. Un gran regalo, sin duda", expresa.

Sepp se retiró hace dos años, pero le dejó a su pupilo la lección bien aprendida de lo que debía hacer en su futura carrera. Le dio dos libros, uno sobre Budismo Zen, para que aprendiera a respirar bien y otro sobre anatomía, para que supiera lo que hacer con su cuerpo. Dominic dejó atrás los entrenamientos nocturnos en el bosque pero disfruta de paseos en la naturaleza mientras continúa escalando en el ranking y sumando títulos a su saco. Ya está entre los 20 mejores del mundo y curiosamente es la tierra batida la superficie que mejor se le está dando con cuatro trofeos, todos sobre esa superficie. Y es que quizás esos entrenos por las montañas tengan su efecto en él.

El pasado fin de semana campeonó en Buenos Aires, derrotando por el camino al Rey de la tierra batida y ganador de 9 Roland Garros, el español Rafael Nadal. Quizá sea el comienzo de una gran carrera para Thiem sobre la tierra batida y es que su carácter, endurecido en las montañas de Austria por Resnik, y su juego, perfeccionado por Bresnik, forman el conjunto de un tenista que tiene por delante en su carrera un camino por recorrer que seguro le resultará mucho más sencillo que aquél que recorría cada noche en la montaña.

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