La polémica del "Challenge"

Nalbandian desata la nueva polémica que se alargará en el tiempo

La polémica con el "Ojo del Halcón" no deja de extrañarme. Parece que muchos jugadores no han entendido la regla ni el espíritu de la regla y lo que no se puede tolerar es que los tenistas cojan lo malo de otros deportes, como concretamente el fútbol. Las discusiones arbitrales no han sido ajenas en el mundo del tenis. Muchísimos jugadores han destacado por sus tremendos enganchones con los árbitros. McEnroe y Jimmy Connors fueron los percusores, pero no les fue a la zaga Marat Safin, el "chino" Ríos y otros tanto.

Parecía que el "Challenge" iba a acabar con todas estas polémicas. La regla es sencilla. Un jugador puede pedir hasta tres veces por set el "Ojo de Halcón", pero sólo puede equivocarse en dos peticiones. A partir de ahí, pierde su turno de protesta y su "mal ojo", le condena a tener que aceptar las decisiones arbitrales que vengan en el futuro. La norma es justa. Puedes protestar tantas decisiones arbitrales como quieras mientras tengas razón, pero no se aceptan más de tres protestas si te equivocas más que los árbitros.

Hoy, nadie le ha pedido a Nalbandian explicaciones de por qué ha pedido dos Challenge en dos jugadas claramente desfavorables. Ha perdido dos opciones de callarse y seguir jugando, pero ha querido ganar un punto que no le correspondía con la suerte. No le hacía falta. Nalbandian tenía el tenis para ganar el partido. Le ha faltado la templanza.

El "Challenge" puede ser un arma de doble filo. Muchos tenistas se enervan cuando una bola ha entrado o a salido por un milímetro, y los partidos no se ganan ni se pierden por una bola. Evidentemente la importancia de un punto no tiene nada que ver con la de otro. Y más si hablamos de un partido de más de cuatro horas y media, y con 8-8 en el marcador en el quinto set. Pero la lectura del partido era otra. Si dan buena una bola de Isner en el enésimo "ace" hay que jugar con paciencia y seguir trabajando, porque el estadounidense estaba roto.

La discusión con el juez árbitro, Andreas Egli, ha sido la tumba de Nalbandian. En un juego tan largo, Isner puede perder precisión en sus saques. En los últimos ya casi no llegaba a 200 kilómetros por hora. Puede parecer un chiste, pero cuando se habla de un señor capaz de poner bolas a 230, es casi un 15% menos de velocidad. Sin embargo, una falta de concentración en un momento tan crítico puede costarte un partido. Y cuatro horas y media de trabajo no merecen tal desenlace.

La rueda de prensa ha sido, sencillamente lamentable. Echarle la culpa al arbitraje de un partido así, es faltarle el respeto al mundo del tenis. Nalbandian debería reflexionar y la ATP también. No se pueden tolerar este tipo de declaraciones.

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