Ha sido un año largo para Jack Draper. Muy largo. Doce meses después de conquistar Indian Wells, su primer y único Masters 1000, y proyectarse como amenaza real al duopolio de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner —llegó a ser Nº4 del mundo tras aquel título—, el británico vuelve al desierto californiano. Tras meses fuera por una contusión ósea en el codo, Draper mira atrás con perspectiva: “Han pasado muchas cosas en mi vida desde entonces”.
El frenazo fue brusco. Tras Wimbledon y un intento fallido de competir en el US Open, Draper tuvo que aceptar la realidad física. “Fue extremadamente agotador; el dolor cansa”, admitió sobre un proceso que se alargó más de lo esperado. Hubo semanas sin avances claros, días en los que la frustración podía más que la paciencia, pero ahora, en una entrevista con The Athletic, transmite la sensación de haber dejado atrás ese calvario.

Lo que no se ve de las lesiones
Más allá del dolor, lo más duro fue el vacío competitivo. “Estás acostumbrado a la adrenalina de jugar delante de la gente y, de repente, eso desaparece y pasas de ir a 90 a 20 kilómetros por hora. Es un ajuste. Y puede ser bastante solitario, porque es un deporte individual y lo entregas todo. En mi tiempo fuera, probablemente eso fue lo más difícil: acostumbrarme a estar más aislado y pensar más allá de mi vida como tenista”.
Lejos de esconderse, Draper decidió mostrar ese proceso en una docuserie durante su rehabilitación. Su enfoque fue claro: “Intento ver lo positivo. ¿Qué puedo hacer? ¿Sentarme y llorar por ello o intentar trabajar en mi juego?”. El británico reconoce que la lesión le obligó a replantearlo todo: “Las lesiones siempre ocurren por algo y me hicieron analizar el trabajo que hago, cómo recupero, cómo como y cómo duermo”.
Draper aprovechó el parón no solo para recuperarse físicamente, sino también para evolucionar en su juego tácticamente. “He trabajado muchísimo mi juego de transición, mis voleas”, explicó. “Y he sacado más que nunca porque lo hacía al 20%, 30%, 40% y así sucesivamente. La precisión y el cambio de postura en el saque para ayudar a mi brazo lleva tiempo, pero consigues más repeticiones porque lo practicas más”.

Una ambición intacta por amenazar la hegemonía de Alcaraz y Sinner
El objetivo no era simplemente volver, sino “progresar para convertirme en el jugador que quiero llegar a ser”. Draper vuelve con nuevo entrenador, Jamie Delgado, ajustes en el servicio y una visión más estratégica de su calendario. Sobre Delgado destaca no solo su experiencia con Murray o Dimitrov, sino que “es alguien sin mucho ego, con quien me llevo extremadamente bien, en quien confío y con quien espero lograr grandes cosas”.
Si hay algo que no ha cambiado para el británico es la ambición. “Quiero tener un gran año, pero sinceramente, después de lo que he pasado, solo quiero volver a competir y jugar de manera constante. No hay razón por la que no pueda hacerlo realmente bien porque siento que soy mejor jugador que hace 12 meses”.
“Mis aspiraciones son volver a ser Top 5 del mundo antes de finales de 2027 y estar compitiendo por Grand Slams. Eso podría ocurrir antes, pero es fácil decir que quiero todo ahora. Tengo que ser lógico”, reconoció.

Con 24 años y tras ocho meses de incertidumbre, Draper ya habla desde la conciencia de lo frágil que puede ser todo. “Mi perspectiva y mi gratitud por simplemente estar sano y poder hacer lo que amo han cambiado mucho en el último año. Te lo pueden quitar muy rápido y tienes que valorar de verdad la vida y los resultados, porque para eso trabajas tanto. Estoy orgulloso de todo lo que he superado en estos últimos ocho meses para estar en la posición en la que estoy”, finalizó.
Su talento nunca estuvo en duda. Ahora, con perspectiva y una ambición más racional, su regreso puede ser incluso más peligroso que su irrupción.

