Swiatek no tiene piedad e instaura su dinastía en París

La polaca doblega a Jasmine Paolini, que fue de más a menos, en otra exhibición y conquista su tercer Roland Garros consecutivo, su cuarto en total y su quinto Grand Slams con apenas 23 años.

Andrés Tomás Rico | 8 Jun 2024 | 16.21
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Swiatek no tiene piedad e instaura su dinastía en París. Foto: Gettyimages
Swiatek no tiene piedad e instaura su dinastía en París. Foto: Gettyimages

Desde lo alto de su reinado en Roland Garros mira Iga Swiatek al resto de jugadoras, todas aquellas que han intentado destronarla y que se han quedado por el camino. La última, Jasmine Paolini que dio todo lo que tenía para dar la sorpresa en París, pero el dominio de la polaca no entiende ni de ilusiones ni esperanzas y después de un igualado inicio, consigue que la italiana incline la rodilla ante su supremacía (6-2, 6-1 en 1 hora y 8 minutos). Es su victima número 21 en tres años y agranda más su palmarés con cuatro Roland Garros, los tres últimos consecutivos y suma su quinto Grand Slam, con solamente 23 años. Hoy por hoy, Swiatek no tiene ni rival, ni tiene piedad en su fortaleza de Bois de Boulogne.

Todo estaba preparado en la Philippe Chatrier para la gran final femenina de Roland Garros 2024. Entre dos rivales con juegos parecidos, pero con un palmarés bastante diferente. La polaca llegaba con tres grandes parisinos en el bolsillo, mientras que para la italiana era su primera experiencia en este tipo de partidos.

- Sorprendente inicio de Paolini

Y a pesar de la presión por estar jugando una final de Grand Slam, ambas salieron a darlo todo en la pista. Ninguna especulaba porque ambas comenzaban con la intención de llevar la iniciativa en el punto. Pero parecía que era la italiana la que salió con más hambre y con un punto más de agresividad en comparación con el resto de sus partidos. Y todo esto pillaba por sorpresa a la polaca que cedía su servicio para alegría de la grada.

No le quedaba otra a la número uno del mundo que igualar la intensidad si no quería que se le complicará la primera manga. Y con las mismas armas que había utilizado la italiana para romperle, con grandes restos y e iniciativa, devolvía el quiebre. El primer susto estaba solventado, pero el peligro de Paolini era constante.

El partido entraba en puntos de largos intercambios, con ambas tenistas yendo de un lado a otro, con grandes reveses, buenas derechas y una defensa numantina por parte de dos jugadoras que se agarran a la pista y devuelven siempre una pelota más. Un contexto que hacía disfrutar a una grada que aplaudía cada espadeo.

- Swiatek empezaba a inclinar la balanza

Las dos finalistas golpeaban bien, pero Swiatek golpeaba mejor y volvía a romper el servicio de la italiana para lanzar el mensaje de que si alguien le quiere ganar en la tierra batida de París va a tener que esforzarse, y mucho. La polaca conseguía sofocar la valentía y bravura inicial de Paolini, que fue bajando de intensidad, para cerrar un primer set más luchado de lo que el resultado reflejaba: 6-2 en 33 minutos.

Una vez se desata el huracán de la número uno, solo puedes esperar a que pase el vendaval. El problema es que esta tempestad no termina hasta que acaba el partido. Así lo sufrió Paolini que no podía hacer nada ante el juego de la polaca y cedía su servicio. Swiatek seguía a lo suyo, impasible ante el apoyo que los espectadores daban a la italiana para que hubiese algo más de final, y colocaba el 3-0

- Paolini, querer y no poder

La frustración de Paolini era latente. La tenista de 28 años no podía entender como después de dos semanas sin perder ni un partido, tanto en individuales como en dobles donde jugará la final femenina. Después de un torneo con grandes sensaciones, sacando grandes partidos adelante, venciendo a la número cuatro del mundo y entrando a su primer final de Grand Slam, era completamente dominada por una extraterrestre, por una tenista que está llamada a marca una era, si es que no ha empezado ya, y que no entiende de sentimientos cuando está en la pista.

La final ya estaba vista para sentencia con el segundo break de Swiatek. Todos los caminos llevaban hacía la victoria incontestable de la número uno del mundo que disfrutaba como nadie en la Philippe Chatrier. Y así fue, la polaca endosaba un 6-1 para proclamarse campeona de Roland Garros 2024 en una final que duró lo que ella quiso. Es decir, apenas cuatro juegos. A partir de ahí, dominio y más dominio. Y con su cuarto Roland Garros, historia y más historia.