¿Por qué Federer nunca se retiró de ningún partido en su carrera?

Pese a disputar 1.749 partidos como profesional, el tenista suizo nunca dejó una batalla a medias. Esta anécdota en diciembre de 1998 lo explica todo.

Roger Federer, campeón de la Orange Bowl en 1998. Fuente: Getty
Roger Federer, campeón de la Orange Bowl en 1998. Fuente: Getty

Amigos. Amigas. Llegó el día. Esta noche veremos a Roger Federer disputando el último partido de su carrera profesional, titular que por muchas veces que lo leamos no terminamos de asimilar. Con 41 años y después de tres temporadas golpeado por su lesión de rodilla, el suizo dirá adiós en la quinta edición de la Laver Cup, formando pareja junto a Rafael Nadal en el partido de dobles con más repercusión que se recuerda. Se marcha con el cariño de todos y la mochila repleta de récords, aunque hay uno que merece especial atención.

¿Cómo es posible que Federer nunca se haya retirado de un partido? Que en 24 años en activo, con 1.526 partidos individuales y 223 de dobles a la espalda, el suizo jamás se haya visto obligado a abandonar por una lesión nos hace replantearnos su condición humana, pensamiento que nunca descartamos del todo. En la historia del tenis masculino solamente Jimmy Connors disputó más partidos que él, pero se retiró en 14 ocasiones. Por ampliar el contexto, Novak Djokovic se ha retirado en 13 encuentros y Rafa Nadal en 9. ¿Y qué pasa con Roger? ¿Dónde está el truco? Para entender este disparate nos tenemos que montar en la máquina del tiempo y aterrizar en diciembre de 1998, cuando el oriundo de Basilea contaba con apenas 17 años.

Trabajando con Peter Carter por aquel entonces, Federer se encontraba en esa etapa de su vida donde la edad y la inmadurez todavía le costaba alguna que otra frustración, protagonizando ciertos momentos en pista donde la actitud no era la mejor. Con esa personalidad volcánica, el helvético se plantó en la Orange Bowl, donde estaba en juego el Nº1 del mundo junior, un logro importantísimo si pensamos en la cantidad de sponsors, wildcards y demás ayudas que recibe siempre el jugador que termina en lo más alto en estas categorías. El problema era que Federer necesitaba ganar el título para obtener este premio, no le servía otro camino.

Julien Jeanpierre, 17 meses mayor que Roger, lideraba la clasificación en aquel momento, aunque aquella semana en Miami no tardaría en expulsarle del concierto. El francés caía en la primera ronda del cuadro y dejaba el pulso en manos de su rival directo, que también se asomó al abismo en su partido de debut en Crandon Park. Dos match points tuvo que salvar el de Basilea para regatear su duelo ante un letón llamado Raimonds Sproga, asegurando su presencia en Cayo Vizcaíno un par de jornadas más, ya que al día siguiente no le tocaba jugar. Pero a veces, cuando la prudencia no está en tu hoja de ruta, el peligro puede presentarse en cualquier esquina.

En su día libre, feliz tras su última victoria, Federer entendió que era el momento de hacer un poco el gamberro. Según Annemarie Rüegg, exjugadora suiza y miembro por aquel entonces de la Federación Suiza de Tenis, esto fue lo que pasó: “Teníamos que hacer nuestros ejercicios físicos en el gimnasio, cuando Roger decidió hacer una locura y actuar como un idiota. Se agarró a una cuerda y la utilizó para saltar como un mono, como si fuera Tarzán. De repente, aterrizó torpemente sobre su pie y se torció el tobillo. No pintaba nada bien, tenía un bulto enorme, así que de inmediato dejó de hacer aquellas tonterías”, recuerda la que también fuera capitana de Fed Cup.

Con aquella lesión y con tan poco tiempo de reacción, lo normal hubiera sido recoger y poner rumbo al aeropuerto, a pensar en las Navidades. Excepto si tienes genes de campeón, entonces no. ‘Roger Federer jamás se rinde’, comentó el propio suizo, con su habitual toque de humor, en una rueda de prensa años después, cuando ya ejercía de máximo referente del circuito. Aunque sonara medio en broma, la frase llevaba un mantra en su interior que el suizo iba a cumplir hasta el día final.

Roger se trató con los fisioterapeutas del Swiss Team –con Paul Dorochenko a la cabeza–, que viajaban con el equipo e hicieron lo posible para que el chico saltara un día más a la pista. “Me quedé impresionada con su cambio de carácter”, asegura Rüegg en la biografía de René Stauffer. "Pasó de estar dando vueltas y haciendo el tonto, a volverse quieto y silencioso. Ahí descubrí que podía volverse muy serio cuando quería, aunque lo que pasó aquella noche es que aprendió una lección para toda la vida: la importancia que tenía el descanso durante un torneo para luego poner toda tu energía dentro de la pista. Fue la primera vez que pensé: ‘Es un campeón, realmente puede llegar a serlo’.

¿Y QUÉ PASÓ DESPUÉS?

No penséis que os iba a dejar así. Federer no solamente pudo competir al día siguiente, también encontró la manera de arrasar a todos sus rivales para terminar proclamándose campeón. Sin ceder un solo set, superó en cuartos de final a Jurgen Melzer, en semifinales a David Nalbandian –con el que había perdido meses atrás la final del US Open Junior– y en la final a Guillermo Coria. El suizo se coronó en la Orange Bowl y dejó en Miami una foto ilustre, aquella con el pelo rubio y la famosa canasta de naranjas en su poder. El 21 de diciembre de 1998 su nombre aparecía por primera vez en lo más alto del ranking junior, aunque todavía falta una última paso para asegurar aquella condición.

En un acto desesperado por recuperar lo que era suyo, el amigo Jeanpierre se anotó a un torneo celebrado en México aquella última semana del calendario, poniendo toda la carne en el asador con tal de cerrar el curso como Nº1 del mundo. Sin embargo, un tal Andy Roddick le pararía los pies en semifinales, haciéndole el mayor favor posible al de Basilea. Desde entonces, el suizo acumularía 24 temporadas consecutivas reforzando su imagen de súper hombre, de jugador inmune a las lesiones, un deportista que jamás tiró la toalla en un partido profesional, fuera cual fuera la circunstancia. Si esta noche nos invita a su último baile es, en gran medida, por la imposibilidad de mantener viva esta marca.

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