El impacto de las redes sociales en el mundo del tenis

Cada vez pasamos más horas delante de una pantalla, pero ¿cómo pueden afectar los comentarios en redes sociales a los tenistas?

Emma Raducanu. Foto: Getty
Emma Raducanu. Foto: Getty

Los teléfonos móviles y las redes sociales se han convertido en un elemento más de nuestras vidas. Compartimos prácticamente todo lo que hacemos. Si vamos a algún sitio y no lo colgamos en las redes, es como si no hubiéramos estado. Sentimos la necesidad de compartir también nuestras opiniones, sin saber si van llegar a la persona a la que van dirigidas o qué efectos pueden tener en ella, aunque sea con las mejores intenciones.

Los tenistas, dependiendo del número de seguidores que tienen en redes como Instagram o Twitter, pueden llegar a recibir miles y miles de mensajes al día, en especial, cuando ganan o pierden un partido. Sean positivos o negativos, esos mensajes tienen consecuencias en los jugadores, y su gestión puede ser clave para continuar por el buen camino.

Después de enfrentarse con el juez de silla e insultarlo, sabiendo que recibiría una nueva multa, Nick Kyrgios se mostraba preocupado en rueda de prensa por los malos comentarios y por la negatividad que recibirían tanto él, como su novia y equipo, sin ninguna preocupación por la multa económica que recibiría.

También afectan los mensajes positivos

En el polo opuesto se encuentra Alizé Cornet. La jugadora francesa conseguía derrotar a Simona Halep para seguir con su sueño, ya en los cuartos de final del Open de Australia. Después de un resultado tan épico como su triunfo ante la tenista rumana, su móvil se vio inundado de mensajes de ánimo, con muestras de apoyo hacia Cornet. La propia jugadora, después de perder ante Danielle Collins, admitía que quizá pasó demasiado tiempo respondiendo a todos esos mensajes la noche anterior, lo que le hizo gastar energías que debería haberse guardado para su próximo encuentro.

Alizé confesaba que la próxima vez, lo gestionaría de una forma diferente. Aunque paulatinamente tengamos más integradas las redes sociales en nuestras vidas, eso no quiere decir que sepamos cómo usarlas para que no nos produzcan ningún perjuicio. Desde fuera, se agradece la cercanía de los tenistas que están más activos en las redes porque ofrecen un punto de vista novedoso, pero los jugadores también son personas y tienen que conocerse a sí mismos para saber dónde está el límite.

En caso de cruzar esa barrera, se puede llegar a la situación a la que llegó Stefanos Tsitsipas hace un par de años. El griego decidió deshacerse de todas las redes de su teléfono móvil ya que quería “vivir la realidad”, aunque en entrevistas posteriores dijo que las utilizaba como forma de conectar consigo mismo y que era un buen mecanismo para entretener a los demás.

La presión de las redes la sufren de una manera más intensa los jóvenes que irrumpen en el circuito, como son los casos de Emma Raducanu, a quien se critica también por los distintos patrocinios que firma, o Carlos Alcaraz, que ha dado un salto en cuanto a resultado manera repentina. La propia Paula Badosa, compartía un consejo con ellos, que no intentaran prestarle demasiada atención. La tecnología puede ser una gran herramienta para mantener presentes a quienes estén lejos físicamente, pero también pueden provocar mucho daño, especialmente si se trata de personas que están atravesando una gran evolución y se convierten en estrellas de la noche a la mañana.

Con el tiempo, Stefanos encontró el equilibrio que necesitaba para que las redes le sumaran. A base de prueba y error, los jugadores detectan dónde está su límite a la hora de leer comentarios en redes y no perderse en mensajes positivos después de una victoria o en críticas cuando las cosas no salen tan bien.

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