Tomic culpa a su padre de sus frustraciones como tenista

Declaraciones rompedoras del australiano, tan honestas como hirientes hacia su padre: “Jamás criaría a mis hijos de la manera en la que me criaron a mí”.

Bernard Tomic. Fuente: Getty
Bernard Tomic. Fuente: Getty

Todos los redactores de esta web, en algún momento de los últimos años, vendimos el posible ‘regreso’ de Bernard Tomic. Ya sabes, ese jugador con talento de sobra para no salir del top25 pero que actualmente se encuentra en el puesto 257º del ranking. Ese australiano díscolo que con 18 años apuntaba a futuro Nº1 y del que hoy, con casi 30, ya nadie esperaba nada. Bueno, si algo debemos esperar, quizá fuera una explicación de dónde se torció el camino. En su última entrevista en The Sydney Morning Herald, Bernie apunta directamente a su padre como uno de los factores que más le perjudicó.

A día de hoy, todavía le tengo miedo a mi padre”, subraya con seriedad. “Sinceramente, no me gustaría criar a mi hijo como me criaron a mí. Mi padre me ha hecho muchas cosas durante mi vida, me ha golpeado con pelotas, con raquetas, todas esas cosas. Quiero decir, el tipo está loco, eso seguro, pero al mismo tiempo me hizo ser quien soy, me enseñó lo que es la disciplina al 100%”, recuerdo sobre sus inicios.

Unos inicios donde todo parecía estar en orden, hasta que la vena rebelde y polémica del oceánico se impuso a toda esa disciplina recibida. “Hoy miro atrás, repaso todo lo que vivimos, y jamás criaría a mis hijos de ese modo, intentaría hacerlo mejor. Los padres a veces pueden ser un poco especiales. En realidad mi padre es un buen hombre, tiene buen corazón, dedicó mucho tiempo y esfuerzo a convertirme en quién soy ahora”, valora con ese dualismo constante en su discurso.

Eso sí, ni uno ni otro parecieron controlar correctamente las expectativas de futuro. “Las expectativas de mi padre siempre fueron demasiado altas. Él me veía siendo número 1 del mundo y ganando 10 ó 20 Grand Slams, me presionó mucho. No es fácil vivir una situación así, la gente no entiende que en este mundo se trata continuamente con la presión, presión y más presión. Hubo momentos donde ni siquiera quería ni jugar al tenis. Puedo decir que no disfruté del viaje al 100%, pero siempre seguí soñando con vencer a los mejores y llegar alto, como cuando era un niño”.

EL CUADRO VISTO DESDE FUERA

Muchas personas, tanto públicos como del ámbito privado, han opinado acerca de esta relación: John Tomic y Bernard Tomic. ¿De verdad no lo pudieron hacer mejor? Steve Healy, ex presidente de Tennis Australia, fue alguien que vivió el caso en primera persona.

“Mi impresión es que Bernard no estaba preparado para quitarle a su padre el control de su propia carrera. Su talento era inmenso, algo que se notaba desde muy joven, pero John controlaba el dinero y eso era clave. La intención de John siempre fue recoger los cheques y encargarse de todo. Controló a su hijo en todos los aspectos, sobre todo emocionalmente, era una presencia dominante. John siempre estaba ahí, nunca se salía del camino, fue un gran desperdicio de talento”, asegura.

Pero aquello fueron sobre todo los inicios, luego Bernard se encargó de seguir desprestigiando su carrera sin la ayuda de su padre. “Creo que muchas de sus acciones fueron motivadas por sus inseguridades, trataba de probarse a sí mismo ante la gente. Le costaba mucho encajar las derrotas, se comportaba de forma insegura, era todo bastante triste. No hay duda que las actitudes de su padre contribuyeron a eso”, contrasta Healy.

UNA ÚLTIMA OPORTUNIDAD

Quién sabe, puede que el exceso de talento traiga también un exceso de relajación, de falsa seguridad, de excesiva confianza en que las cosas saldrán. Pero con los Tomic aquello nunca funcionó. Hoy Bernard es noticia por haberse contagiado de COVID-19 en plena fase previa del Open de Australia, mala suerte, pero en su cabeza sabe que aquel sueño que tuvo de niño está cada vez más lejos, casi rozando lo imposible. Lo que no está dispuesto es a rendirse.

“El tiempo se acaba, me di cuenta de que necesito salir de todo esto y volver al deporte, terminar de la manera correcta y retirarme feliz, libre de culpa”, confiesa el diestro con sinceridad. “Hay tantas cosas que podría haber hecho, podría haber ganado Wimbledon en mi carrera, pero no pude. Si se abre una ventana en los próximos cinco años, antes de jubilarme, iré a por ello. Tengo mi cabeza puesta en ese objetivo”.

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