Tsitsipas, sobre la línea que separa lo permitido y lo antideportivo

Lo que hace el griego no es ilegal, pero una cosa es hacer algo permitido y otra que eso esté bien. Stefanos ya empieza a ganarse la antipatía de la gente.

Tsitsipas, entre la línea que separa lo permitido y lo antideportivo. Foto: Getty
Tsitsipas, entre la línea que separa lo permitido y lo antideportivo. Foto: Getty

Peligrosa dinámica en la que está entrando Stefanos Tsitsipas, que casi deja una polémica en torno a su actuación en cada encuentro que juega. Lo cierto es que, en todo esto que está ocurriendo, hay mucha gente dividida entre los que creen que el griego está siendo antideportivo y los que apoyan lo que hace, alegando que no es ilegal ni va contra las reglas. Stefanos está caminando sobre una delgada línea entre lo moralmente permisible y lo que no. Debatimos sobre si la ATP debería tomar cartas en el asunto.

Desde hace tiempo, el tema de los toilet breaks viene dando de qué hablar. Muchos tenistas lo usan para romper el ritmo al rival, y todavía recordamos la pausa de más de 10 minutos que se tomó Nishikori en los JJOO de Rio 2016 ante Nadal, que dejó frío al español cuando venía en ascenso. Los hay que se aprovechan de esta regla para utilizar alguna “treta” que les permita frenar a sus oponentes si el partido se empieza a torcer para sus intereses. ¿Permitido? Sí. ¿Aceptable? Ahí la cuestión.

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En los partidos a tres sets, los tenistas tienen permitido ir una vez al baño. En los Slams, pueden hacerlo hasta en dos ocasiones. Como la regla no lo dice, los tenistas pueden llevarse más minutos de los debidos en el baño y dejar frío totalmente a su rival. Ayer, Tsitsipas, tardó siete minutos. Murray alegaba que el baño estaba, literal, a 10 metros de la puerta de salida y no entendía cómo era posible que tardara tanto en cambiarse la camiseta y el pantalón. Claramente, la intención de Stefanos iba más allá que solo cambiarse la ropa.

El británico clamó ayer en rueda de prensa por lo que hizo su rival. Decía que esto es algo que lleva sobre la mesa muchos años y que la ATP seguía sin tomar ninguna decisión al respecto. “Esto no es bueno ni para el deporte ni para nosotros ni para la televisión ni para los aficionados”, decía ayer Murray. Con dos parones así por encuentro en un Slam, la duración del partido se puede disparar, así como enfriar al oponente.

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“Con toda la adrenalina que recorre nuestro cuerpo, si parar siete u ocho minutos, al volver, esa misma adrenalina te hace sentirte un poco chof. Te afecta a nivel físico. Estos parones afectan al partido e influencia”, continuaba diciendo el británico, sin falta de razón. Tsitsipas, luego, en rueda de prensa, le contestó. “No he roto ninguna regla. He cumplido la normativa y no he hecho nada que no esté permitido”, se defendía. También tiene razón, pero una cosa es hacer algo que esté permitido y otra que sea moralmente aceptable.

Utilizar una regla a tu favor, aprovechándote del “vacío legal” del tiempo que uno puede pasar fuera de pista, es totalmente antideportivo y sería apropiado que la ATP se pusiera seria con el asunto, porque un partidazo como el de ayer, se ve salpicado por lo ocurrido en el cuarto y quinto set y termina perdiendo lo atractivo del mismo. “Estoy aquí sentado y en lugar de hablar del partido, estamos hablando de toilet breaks y tiempos médicos”, se lamentaba Murray.

Eso, por no hablar de las molestias que sintió Tsitsipas durante el partido, que desaparecieron en los dos últimos sets cuando iba ganando (pidió tiempo médico tras el tercer set, cuando Andy se puso con ventaja) o ir a cambiar la raqueta cuando perdía 0-30 en uno de sus saques, terminando por remontarlo. Una serie de actuaciones que dejan en muy mal lugar al griego, que se está empezando a ganar la antipatía de mucha gente por estas malas artes.

La ATP debe ponerse las pilas y establecer un límite de tiempo para ir al baño, para evitar parones de casi 10 minutos y que esta regla se use para influenciar negativamente en los rivales. Lo agradecerán los tenistas y lo agradeceremos todos. Por ahora, todo lo que haga Stefanos seguirá mirándose con lupa. Después de, supuestamente, haber ido al vestuario en Cincinnati con su teléfono en la bolsa para hablar con su padre en el baño, se une lo de anoche. Si empieza a ganarse esa mala fama, luego le costará mucho quitarse la etiqueta.

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