Navratilova, olímpica sobre la bocina

Varios contratiempos estuvieron a punto de dejarla sin la experiencia de disputar unos Juegos Olímpicos, hasta que cumplió su sueño en Atenas 2004, con 47 años.

Martina Navratilova disputó en Atenas 2004 sus únicos Juegos Olímpicos. Fuente: Getty
Martina Navratilova disputó en Atenas 2004 sus únicos Juegos Olímpicos. Fuente: Getty

Hablar de Martina Navratilova es hablar de una tenista que perfectamente podría opositar al debate sobre quién es la mejor jugadora de tenis de la historia. Así de simple. Una deportista que lo ganó todo, varias veces, en diferentes modalidades. Sin embargo, estuvo a punto de colgar la raqueta (por segunda vez) sin saborear el placer de disputar unos Juegos Olímpicos. ¿Cómo es esto posible, teniendo en cuento que la checa estuvo compitiendo hasta los 50? Una historia que hoy rescatamos aprovechando el inicio de los Juegos Olímpicos de Tokio 2021.

Para explicar bien el relato, antes hay que destacar todos los problemas por los que pasó Martina siendo ciudadana de Checoslovaquia. Un país que estaba absorbido por el comunismo, donde las personas homosexuales eran perseguidas, en definitiva, un lugar en plena crisis de valores que te hacía la vida imposible si no familiarizabas con sus ideas. Obviamente, Navratilova nada tenía que ver con ellas. En 1975, con apenas 18 años, la de Praga tomó una decisión definitiva tras perder ante Chris Evert en semifinales del US Open. Se dirigió a la oficina del Servicio de Inmigración de Estados Unidos pidiendo asilo político y residencia temporal. En aquel momento, por triste que fuera, era la única solución. Claro, que jamás hubiera imaginado que tardaría más de una década en volver a ver su familia, cuando una serie de Copa Federación entre República Checa y USA le permitió pisar de nuevo su tierra natal en 1986

Sin embargo, los motivos por los que nunca terminaba de redondear una Olimpiada no tuvieron nada que ver con temas políticos. Lo único que necesitaba Martina para cumplir ese sueño era una nacionalidad, la estadounidense, la cual consiguió el 21 de julio de 1981. A partir de ese momento, pudo haber ido a Seúl 1988, año donde el tenis volvió a tener lugar en el programa olímpico, pero rechazó la oferta debido al cansancio acumulado y al largo viaje que le esperaba hasta Corea. También pudo haber jugado en Barcelona 1992, pero se negó con tal de no romper un contrato publicitario ya firmado, esta vez sí fue una razón controvertida. Por último, Atlanta 1996 la pilló en fuera de juego, ya que se había retirado dos años antes. Parecía increíble que alguien del peso de Navratilova se hubiera marchado del circuito sin disputar unos Juegos Olímpicos… hasta que ocurrió el milagro.

Regreso como doblista, la última opción

En el año 2000, con 44 años y después de seis temporadas retirada, Martina Navratilova decide volver al circuito profesional para disputar únicamente la modalidad de dobles. Muchos no se lo creían, pero rápidamente vieron que el talento seguía en el mismo lugar de siempre, en su muñeca izquierda. En 2003 se alió con su compatriota Lisa Raymond –17 años menor que ella– para luchar por ese cromo que todavía le faltaba en el álbum. Así fue como logró la colección completa, aterrizando en Atenas 2004 con 47 años y convirtiéndose en la tenista más veterana de la historia en competir en unos Juegos Olímpicos, superando el registro que Norman Brookes (46 años) había firmado en París 1924.

“Esta será mi primera y única experiencia olímpica. El hecho de llevar el uniforme del equipo ya es una sensación increíble. Me encanta formar parte de esta selección, te das cuenta de lo mucho que aporta cada persona al grupo. La oportunidad que se me ha presentado de jugar aquí era tan grande que no me podía resistir”, confesó en aquel verano la campeona de 59 títulos de Grand Slam. Sí, han oído bien, un total de 59 repartidos en 18 individuales, 31 en dobles y 10 en dobles mixtos. Además de 19 WTA Finals, cuatro Copas Federación y 332 semanas como número uno del mundo del ranking. En fin, esto solo lo pongo para subrayar lo necesario que era que esta mujer no dejara este planeta sin disfrutar de esa última experiencia.

Su camino junto a Raymond la llevó hasta los cuartos de final, donde cedieron ante las japonesas Asagoe/Sugiyama (6-4, 4-6, 6-4), aunque el objetivo ya estaba cumplido. Después de 30 años en el circuito y 340 títulos, ya nadie tendría que contarle lo que se siente al defender a tu nación en el mayor evento deportivo del mundo. “Nunca había estado en unos Juegos Olímpicos, era una espina que quería quitarme algún día. Ahora que han terminado para mí, siento que ha sido una gran experiencia, ojalá hubiera podido llegar más lejos y estar aquí más días. Desde el momento en que llegué fue como si estuviera viviendo un sueño, por eso no quiero que se acabe. La gente me había dado por acabada cuando tenía 25 años, pero ahora el límite de edad para jugar subió hasta los 40, nunca más estará en 30”, declaró en su despedida. Una vez más, la buena de Martina no se equivocaba.

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