Zverev se mete en la mente de Tsitsipas

Reaccion del alemán en el ATP 500 de Acapulco para celebrar su primer título de la temporada. Como bien remarcó ayer el griego, el H2H no sirvió de nada este domingo.

Fernando Murciego | 21 Mar 2021 | 06.41
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Alexander Zverev, campeón en Acapulco. Fuente: Abierto Telcel
Alexander Zverev, campeón en Acapulco. Fuente: Abierto Telcel

Alexander Zverev levantaba en el ATP 500 de Acapulco el 14º título de su carrera sabiendo que el triunfo de hoy valía doble. En primer lugar, por tratarse de una final, la primera que disputaba este año. En segundo lugar, por ganarla delante de uno los oponentes que mejor le tenían tomada la medida, de un Stefanos Tsitsipas que hoy no fue el de las grandes citas, hasta el punto de regalar un primer parcial que tenía prácticamente cerrado. El alemán presentó sus mejores armas para salir por la puerta grande y confirmar que sigue siendo uno de los tenistas más determinantes cuando los trofeos se ponen en juego (6-4, 7-6). Respecto al griego, una gran semana de tenis a la que solo le faltó la guinda, aunque hoy una derrota era una posibilidad real.

Será realmente complicado explicar lo que pasó en el primer set del partido entre estos dos, así que nos ceñiremos a los números y a las dos claras tendencias que pudimos presenciar. Por un lado, un Tsitsipas iluminado, incapaz de fallar una pelota, tan peligroso al saque como al resto, dominando el marcador por 4-1 y con dos bolas de break para colocarse 5-1 y saque. El inicio soñado para un tenista que ayer remarcaba la importancia de no pensar demasiado en ese H2H favorable que tenía contra el alemán, un H2H que curiosamente también era de 5-1. Por otro lado y, justo desde ese instante de máxima diferencia, la reacción de un Zverev que salvó milagrosamente el juego y que fue maquillando poco a poco el marcador hasta encontrarse con un 6-4 a su favor. Es decir, una racha de cinco games consecutivos para arrancarle a su oponente todas las buenas sensaciones que poseía. Dos rachas separadas en apenas unos minutos sin un motivo aparente para fundamentarlas.

Porque el set que pierde Tsitsipas es de los que no se pueden perder, no en una final, no después de cinco juegos casi perfectos donde apenas mostró sus puntos débiles. Pero de repente, un bajón descontrolado y adiós al parcial. Es lo que tiene enfrentarse a otro jugador de talla mundial, que un pequeño despiste te cuesta el partido. El griego empezó a fallar, a dejar la bolita en la red, pero lo que de verdad empezó a hacer fue a sudar como un animal, dejando varias imágenes donde se le pudo ver extenuado debido al calor y la humedad tan habitual de las tierras mexicanas. Quizá fue el golpe más duro que recibió en esa primera manga, el de calor, un enemigo que no supo manejar y por eso le tocó empezar otra vez de cero. Eso sí, no se olviden que la temperatura era la misma en los dos lado de la pista, y donde un tenista empezó a hacerse pequeño, el otro comenzó a agigantarse hasta dominar por completo el escenario. Quién sabe, quizá el secreto era tan básico como jugar con una camiseta sin mangas.

Bromas aparte, ese primer set le supo a Sascha el doble de sabroso al ser capaz de escapar de un marcador casi insalvable. Hoy tenía enfrente a una de sus bestias negras y, de momento, el primer asalto llevaba su nombre después de una reacción de puro campeón. Luego se calmarían bastante los ánimos, volvería el orden, confirmando que dos de los mayores talentos del vestuario masculino eran capaces de mantener cierto rigor y constancia en una final de este calibre. Pero no tardaría mucho en volver a torcerse el guión, concretamente hasta que llegó el 4-4, el famoso noveno juego. Aquí Tsitsipas volvió a dudar, hasta el punto de entregar su juego de manera espantosa con una doble falta. ¿Por qué esos nervios? ¿Por qué ese miedo? Es extraño ver a un tenista de su magnitud temblando ante una situación así, pero al griego le vino grande el plan del domingo.

Viendo que solamente hacía falta rematar, Zverev se dirigió a la línea de saque con el propósito de zanjar allí mismo la final. Tenía el servicio, su gran arma, pero era un arma de doble filo. Un total de tres dobles faltas consiguió reunir el de Hamburgo en apenas unos minutos, suficiente para demostrar que él tampoco estaba preparado para bajar el telón de esta final. Eso sí, llegó a tener una bola de partido en su tejado, pero perdonó. Al final el tiebreak tuvo que decidir por los dos y allí el germano sí que encontró el camino hasta la felicidad. Curioso que un partido que tras el primer set prácticamente tenía perdido, a punto estuvo de alargarse más de la cuenta para el bueno de Alexander.

Primer título de la temporada

Lo que no llegó en el Open de Australia ni en Rotterdam, sí se hizo realidad en Acapulco, al tercer intento. Lejos quedaba ya su subcampeonato de 2019 y aquella derrota ante Kyrgios, en esta ocasión la ‘pera’ mexicana sí llevaría su nombre y apellidos. ¿Y qué pasó entonces con el famoso H2H? Pues lo que ya comentó Tsitsipas: en una final, mejor no hacer números.