Bob Brett, la excelencia como meta y un legado de leyenda

El australiano, cuyo mentor fue Harry Hopman, guió al éxito a tenistas como Boris Becker, Ivanisevic o Cilic. Su luz se apaga, pero el mundo le rinde tributo.

Bob Brett aconseja a Boris Becker, a quien llevó a la cima. Fuente: DEA24
Bob Brett aconseja a Boris Becker, a quien llevó a la cima. Fuente: DEA24

Supongo que hay muchas formas de dejar tu legado en nuestro planeta. Algunos preferirán irse sabiendo que su contribución al mundo se hizo de manera más personal, con una personalidad más reservada. Otros preferirán irse con la satisfacción de dejar muchas amistades y un profundo impacto en la vida de muchas personas. Solo sus dos hijas, Katarina y Caroline, se llevarán a la tumba las palabras de Bob Brett antes de dejarnos, pero a buen seguro que al australiano le gustaría echar un vistazo por aquí abajo al tremendo impacto que dejó en mucha gente.

Se puede resumir todo esto haciendo referencia a un solo ámbito: el mundo del tenis. Bob Brett (13 de noviembre de 1953, Australia) siempre ha sido uno de esos nombres en la cabeza de los aficionados a este deporte. Sí, quizás no era el nombre más sonado, pero su labor, su ética de trabajo y su currículum hablan por sí solos. Uno de los aspectos que más mérito tiene de su trayectoria profesional es que este menudo australiano no llegó a destacar como tenista: fue más tarde cuando dejó una huella que permanecerá con nosotros para siempre.

Esa huella quedó forjada por una relación de amistad con una de las personalidades más influyentes del mundo del tenis: Harry Hopman. El legendario extenista australiano, ganador como capitán en 16 ocasiones de la Copa Davis, había calado hondo en Bob. Había tratado de conseguir su autógrafo en una eliminatoria de Copa Davis, y cuando su carrera como tenista finalizó, Bob decidió arriesgarse. Escribió a Harry, con tan solo 20 años, para pedirle trabajo en su academia de tenis, situada en Long Island, Nueva York.

En el espacio de apenas días, la vida de Bob Brett había cambiado para siempre. Pasó de compaginar dos trabajos (uno de ellos como repartidor de correo) a formarse codo con codo junto a su ídolo de la infancia. Todos los sacrificios que le habían llevado hasta los Estados Unidos moldearon también su filosofía de trabajo, que describió brevemente a la ATP.

"Me beneficié de todo el tiempo que pasé con Harry. No le copié, pero se me quedaron muchas cosas suyas. El trabajo y la repetición son la clave en una relación entrenador-jugador. Un tenista tiene que ser mentalmente fuerte, tener la habilidad de ejecutar bien sus golpes bajo presión. Un partido siempre es una batalla entre tu carácter y el carácter de tu rival. Puedes guiar a tus jugadores, darles ejemplos y hablarles sobre historia, pero al final lo importante es sacar todas las cualidades de tu jugador. Además, debes poseer un ojo clínico para el detalle".

Aplicando la filosofía de trabajo de Hopman, Bob se ganaba la vida haciendo lo que más amaba: enseñar el deporte de la raqueta. Su magnífico trabajo le proporcionó los halagos de su mentor, quien poco a poco le haría trabajar con jugadores que empezaban a despuntar. ¿Algunos nombres? Andrés Gómez, Johan Kriek, Guy Forget, Mats Wilander o Harold Solomon pasaron por las manos de Brett en sus etapas de formación. Poco a poco, el nombre del entrenador australiano empezaba a ser muy conocido. Hasta que llegó la oportunidad de su vida.

1987. Termina el Open de Australia y Boris Becker, el campeón más joven de la historia de Wimbledon, busca un nuevo entrenador. En concreto, busca alguien que lo ordene, que dome sus instintos y le proporcione una estructura de trabajo sólida. ¿Su candidato? Un tal Bob Brett... en contra de la palabra de su mánager, Ion Tiriac. "Tiriac se opuso a mi elección. Me preguntó que por qué le elegía a él, que no tenía nada que yo necesitara, que nunca había llegado a una final de Wimbledon, que cómo podía tener cualquier tipo de respeto por él.

Pero Bob era exactamente lo que yo necesitaba. Era duro. Me dejó claro desde el principio qué esperaba de mí: fuerza de voluntad, disciplina, puntualidad. Tres horas de entrenamiento por la mañana, tres horas de entrenamiento por la tarde. "Lo que hagas después no es de mi incumbencia". Fue una relación meramente profesional. Brett me trataba como una persona adulta". El resto es historia. Con Bob a su lado, Becker trepó hacia la cima del ranking y vivió la mejor temporada de su carrera (en 1989, año en el que completó el doblete Wimbledon-Us Open). Además, se fue como un caballero, en la cima, tras conquistar el Open de Australia de 1991. En uno de los mejores discursos de su carrera, Becker hizo referencia a su mentor tras ganar la Copa de Maestros de 1988. "Soy un animal muy sensible, y Bob siempre encuentra las palabras correctas para mí".

Pero el éxito de Brett no acabó ahí. Más tarde pulió la carrera de Goran Ivanisevic, ayudándole a dar un salto cualitativo en su tenis y, sobre todo, en su consistencia y regularidad en el circuito. Bajo su guía, Goran conquistó sus primeros nueve títulos en el circuito, además de llegar a sus dos primeras finales de Grand Slam, en Wimbledon. Más tarde, su próxima gran obra se dio a través de Marin Cilic, a quien estableció entre los mejores de su época, no sin antes haber ayudado a Andrei Medvedev a llegar, en 1999, a su única final de Grand Slam (Roland Garros).

Como pueden observar, Bob Brett no era el entrenador de ninguno de los dos croatas cuando ambos llegaron al culmen de su carrera (sus respectivos títulos de Grand Slam). Sin embargo, si hay algo que habla bien de un entrenador es la relación personal con sus pupilos una vez la profesional ha llegado a su fin. Pues bien: Goran compró a su antiguo mentor dos entradas de Pista Central el día de su final contra Patrick Rafter, mientras que Cilic confesó que Bob Brett fue una de las primeras personas a las que llamó tras conquistar el Us Open 2014.

Son dos detalles muy significativos y que hablan por sí solos de lo querido que fue en todo el circuito. Este año, la ATP le hizo entrega de un premio honorífico en honor a toda su trayectoria, en honor a una vida ligada al tenis desde los banquillos. A veces tendemos a pasar de puntillas la labor que un entrenador puede llevar a cabo, y homenajear a uno de los mentores más influyentes de la historia del tenis es lo mínimo que se puede hacer. El cáncer se llevó a un gran hombre de tenis, pero una mejor persona que dejó marca en todos aquellos con los que congenió. Descansa en paz, Bob.

Comentarios recientes