Anastasija Sevastova es una mujer feliz. Ganar un título sabe bien; hacerlo casa lo hace aún más dulce. Si a eso le añadimos que los puntos conseguidos en Jurmala dejan a la tenista letona en la rampa de lanzamiento del top-10, a tan solo nueve puntos de la frontera que marca Sabalenka, la semana es prácticamente ideal.
Sin embargo, todo poder conlleva una responsabilidad, y jugar enfrente de su público hizo que Sevastova encarase los partidos de forma algo diferente. "Cada partido tenía una responsabilidad, cada encuentro era una final para mí. Ya sabía cómo iba a ser jugar aquí y es duro", decía en unas declaraciones tras ganar el título a la WTA. Esa presión quizás se manifestó en el duelo final, donde se encontró set abajo ante Kawa, que estrenaba su casillero de finales en el circuito. "Ella jugó muy bien, así que se volvió dos veces más difícil, y no solo por el hecho de que la grada quería que yo les diese una alegría. Todo el mundo siempre ha querido algo de mí, por lo tanto no fue necesario demostrar nada a nadie, solo a mí misma". Una actitud valiente que no va reñida con reconocer el gran juego de su oponente. "Antes de la final no sabía cómo jugaba, sus golpes, su servicio, cómo se mueve. Sin embargo, ella podía encontrar todos mis partidos en YouTube. Sabía que iba a empezar con fuerza en el primer set pero es que además hizo lo propio en el tercero. Al final acabé mostrando mucho carácter en este torneo, ha sido difícil, así que ha sido dos veces más satisfactorio ganar aquí".
No toda la carrera de Sevastova ha estado marcada por la felicidad. La tenista letona ha resurgido de sus cenizas, de una época oscura en la que el tenis dejó de ser un entretenimiento a pesar como una losa en sus hombros. En mayo de 2013, Anastasija decidió aparcar el deporte que amaba, como cuenta en una entrevista para Tennishead. "En aquel momento apenas echaba nada de menos. Está claro, sí que echas de menos el competir, estar en la pista, sentir la adrenalina en los puntos importantes. Pero creo que necesitaba descansar. En aquel momento, no podía más con el tenis. Además quería estudiar, disfrutar de lo que es una vida normal".
Y así, dejando atrás las lesiones, la jugadora de Liepaja empezó a estudiar la carrera de Gestión de Eventos en la ciudad de Viena. ¿De verdad pensaba Sevastova que su futuro estaba unido a la organización? "Al final, lo que consigues es una carrera de negocios. Fue simplemente un curso. Consigues esa carrera, lo que está claro que fue importante. Me gustaba quedarme en los hoteles, así que pensé: ¿por qué no?. Ese curso me abría la puerta a otras carreras, también podía seguir estudiando. Pensé en dedicarme a ello, pero lo hice porque simplemente fue bueno para mí, sentía que era bueno para mí. Además, el curso era en inglés, una de las razones por las que llamaba mi atención".
Sin embargo, el gusanillo del tenis nunca acabó para Sevastova, que decidió volver a jugar a inicios del 2015, pero con una mentalidad más abierta, totalmente renovada tras ese pequeño periodo estudiando. Era una jugadora distinta, renovada, con una pasión escondida: viajar. Hay multitud de destinos con los que quedarse: "Me gustan mucho las Maldivas. Están muy bien para ir allí y relajarse. He ido dos veces. Pero hay tantos países que no he visitado y a los que me gustaría ir... Perú, Finlandia, Australia, incluso el Polo Norte".
De momento, no hay nada como ganar en casa. La próxima parada no será un país exótico, sino un lugar mucho más emocionante: el top-10. Y Sevastova quiere quedarse en él durante mucho tiempo.

