El apellido Korda vuelve a resonar con fuerza

El hijo del mítico jugador checo compite bajo bandera estadounidense y se ha proclamado campeón junior del Open de Australia 2018.

La vida es una rueda que gira y gira, que nunca se detiene y en la que cosas que parecían olvidadas regresan de una u otra manera. Sebastian Korda retrotrae a los aficionados al fin de siglo XX, cuando un esbelto jugador checo zurdo y con deslumbrante revés a una mano fue uno de los dominadores de una era de transición en la que hubo lugar para máxima competitividad entre un amplio abanico de jugadores.

Petr Korda se proclamó del Open de Australia 1998 y alcanzó la final de Roland Garros 1992. Logró su máximo hito a los 30 años y lo que podría haber sido un cuento de hadas se convirtió en una mentira. Dio positivo por dopaje, fue sancionado un año fuera de las pistas y se retiró poco después. Dos décadas después un joven de sorprendente parecido físico y tenis adaptado a la modernidad ha vuelto a asombrar.

Mide 1,93, respiró deporte desde niño al albur de sus padres (Regina Rajchrtova, su madre, también fue tenista) y aunque parecía más interesado en el hockey ver en directo un partido de Radek Stepanek en el US Open 2009 hizo que quedara prendado del deporte rey de la raqueta. Petr se ha implicado personalmente en su formación, como si quisiera disculparse con el tenis por la manera grotesca en que terminó su carrera, reconciliarse con él y todo lo que le rodea. Así y junto a Dean Golfine, guía los pasos de un jugador más que prometedor.

"Tiene un juego muy completo. El saque es un diferencial en él, se mueve increíblemente bien para su envergadura y tiene mucha mano, un talento natural", comenta Golfine en USA Today, un hombre que asesoró a Andy Roddick y Todd Martin. A sus 17 años ocupa el puesto 842 del mundo y no parece tener prisa por ir quemando etapas en su progresión. Petr no suele viajar con él ya que también está muy implicado en la carrera golfista de las hermanas de Sebastian, pero hay una serie de automatismos en el joven que recuerdan automáticamente a su padre.

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En su camino hacia el título en el Open de Australia 2018 Junior, ganó un impresionante partido a uno de los grandes favoritos: el serbio Marko Miladinovic. Ganó con solvencia a Tabur, con brillantez a Andreev y Ho y supo sufrir ante el sudafricano Henning. Una vez en la final, ofreció toda una exhibición de madurez y aplomo para imponerse a Chung-Hsin Tseng. "No sé quién ganaría ahora mismo si jugara contra mi padre. La última vez que jugamos tenía yo 12 años y me ganó 6-0, decidí no repetir experiencia", dice entre risas el que se erige en un diamante en bruto del tenis estadounidense. Sebastian Korda mira al futuro con optimismo, ambición y muy buen tenis. ¿Podrá cosechar logros aún mayores que los de su padre?

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