Sloane Stephens, el diamante vuelve a brillar

Tras un largo período en el dique seco por lesiones, la de Florida vuelve dispuesta a hacer historia con su tenis incisivo y desenfadado.

Hay tenistas que independientemente de lo que logren en sus carreras, dejan huella en los espectadores. Sloane Stephens es una de esas deportistas que, cuando son vistas por primera vez, causan impresión. La de Florida es una joven cándida y de desbordante sonrisa cuando la pelota no está en juego, pero cuando ésta comienza a volar se convierte en una fiera enjaulada, un jaguar que mira fijamente a los ojos de sus rivales antes de lanzarse con todo a por ellos.

No hay término medio en el juego de una joven que despuntó en 2013, con tan solo 19 años (cumplió 20 en el transcuso del mismo), llegando a semifinales en Melbourne, cuartos en Londres y cuarta ronda en París y Nueva York. En un año no se bajó antes de la segunda semana en ningún torneo de Grand Slam pero no era capaz de confirmar su grandeza en los torneos menores. Eso acabó lastrando su confianza, su tenis experimentó una fase de estancamiento y vivió en sus propias carnes lo efímero de la gloria. De copar portadas que la presentaban como la heredera natural de las hermanas Williams, pasó a convertirse en el gran fiasco del tenis mundial y en una estrella cuyo brillo era más que intermitente.

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Se rearmó y en 2015 y 2016 dio la vuelta a la tortilla. Cosechó cuatro títulos WTA pero solo pudo pasar en Roland Garros 2015 de la tercera ronda en esos dos años. Su inmadurez física y mental no deberían ser tan alarmantes como lo fueron para la estadounidense, que se autopresionó demasiado y una lesión acabó por cerrar ese ciclo. Más de un año con participaciones testimoniales, recuperaciones parciales y desaparecida de la memoria colectiva del tenis. Pero la de Florida se ha reinventado.

"Ahora no hay presión para mí, juego para divertirme. Esto es lo que me hace saltar a pista motivada y dar lo mejor de mí misma. No pienso en nada más que salir a pista, pasarlo bien e intentar ganar a cualquiera que esté al otro lado de la red", reflexiona en declaraciones recogidas por Tennis.com una Stephens que se destapa como un juguete a punto de romperse pero que ahora se ha hecho mucho más sólido y a prueba de bombas. Sus semifinales en Toronto y Cincinnati pusieron sobreaviso a todo el circuito WTA, pero lo que está haciendo en el US Open 2017 es la clara prueba de que Stephens ha vuelto para quedarse.

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La forma de ganar a Roberta Vinci, Dominika Cibulkova y Ashleigh Barty ponen de manifiesto la peligrosidad de una jugadora de potencial infinito. Stephens está demostrando una clarividencia táctica inaudita en ella, sin perder la esencia de ese juego intenso e incluso febril que le permitió saltar a la fama. No ha tenido reparos en asumir la manija de los tres partidos disputados en Flushing Meadows, y ahora buscará la segunda semana ante Julia Goerges, una jugadora de un perfil más atacante que las anteriores.

Puede darse un baño de masas en un escenario necesitado de grandes heroínas. Nueva York ama las historias de superación, aquellas en las que se ha estado al borde del abismo y se renace con más fuerza. El sueño americano como estilo de vida transferible al deporte, la recompensa al sacrificio y al nadar contracorriente. Sloane Stephens busca en la Gran Manzana seguir haciendo historia y no se conformará con una tercera ronda. El US Open 2017 se viste de gala para apoyar a su hija pródiga.

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