El imperio ruso conquista el circuito WTA

El tenis femenino ruso está haciendo historia en un 2017 prolífico en éxitos para sus jugadoras y en el que se aprecian jóvenes valores.

Si hay algo que adoran los rusos es ganar. El Kremlin parece dispuesto a todo por estar en la cima del deporte mundial, empleándolo como un instrumento social y político para legitimarse en el poder y reivindicar su estilo de vida y gobierno. Los escándalos por dopaje masivo amparadas por instituciones rusas no han afectado, al menos a priori, al tenis; es el de la raqueta una disciplina relegada a un segundo plano en el país soviético en cuanto a lo mediático, pero no en lo que se refiere a la formación de jugadores y, sobre todo, jugadoras.

La disciplina militar sobreviene en una escuela que ha apostado históricamente por un tenis agresivo, construido en pistas indoor donde refugiarse del ambiente gélido de Moscú, cuna de la inmensa mayoría de tenistas profesionales. El 2017 está siendo sencillamente brillante para el tenis femenino ruso, habiendo confluido una generación de veteranas que está viviendo una segunda juventud y una hornada de jóvenes talentos que rompen los moldes del tenis ruso. Lo vivido la pasada semana es el fiel reflejo del poder de este país en el circuito WTA. Dos campeonas en los dos torneos que se disputaban, y ambas con un estilo de juego muy distinto.

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Svetlana Kuznetsova sigue siendo la mejor jugadora rusa en la clasificación. Afincada en el top-10, a sus 32 años se ha reinventado a sí misma aunque de rusa tiene el apellido y su compromiso con el equipo de Copa Federación, ya que su tenis se ha forjado en gran parte en España, y actualmente mantiene a Carlos Martínez como su entrenador. La segunda en discordia sí es una tenista forjada en el frío del Kremlin. Elena Vesnina está en el mejor momento de su carrera a sus 30 años, abandonando la concepción que se tenía de ella como una mera doblista para erigirse en una jugadora a tener en cuenta en individuales. Su título en Indian Wells puede haber sido clave para el futuro del tenis ruso.

Ekaterina Makarova y Evgeniya Rodina son las otras dos tenistas que forman parte de esa generación de jugadoras maduras que se han legitimado en el top-100 y han sido claves en el surgimiento de nuevos talentos. Aunque Makarova está lejos de su mejor nivel en individuales, sigue siendo una tenista a tener en cuenta en todos los torneos.

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Como enlace entre las dos generaciones se sitúa Anastasia Pavlyuchenkova. Esta corpulenta tenista moscovita de 25 años ya posee la friolera de 9 torneos en su haber, habiendo sumado el cosechado esta pasada semana en Monterrey. Reúne todas las características de una jugadora del siglo XXI, haciendo de la potencia y el juego agresivo su principal arma. Si logra mejorar algo los desplazamientos laterales y juego en la red, puede convertirse en una tenista abonada al top-10 y con opciones de hacer historia.

Entre los jóvenes valores, la que ha adquirido una mayor resonancia es Daria Kasatkina. Su estilo de juego aguerrido, batallador y muy estable de fondo de pista, supone un fenómeno exótico en Rusia que le ha hecho convertirse en una jugadora muy carismática y querida. Su título en Charleston es el primero de su carrera y confirma la tendencia al alza que se apreciaba en ella desde 2016. Tiene tan solo 19 años y si logra jugar algo más agresiva puede ser la Radwanska de la nueva era.

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Ekaterina Alexandrova e Irina Khromacheva luchan por legitimarse en el top-100 y seguir curtiéndose. Ambas tienen margen de mejora y posibilidades de crecer tenísticamente, pero están lejos del nivel de Kasatkina e incluso de Natalia Viklyantseva. Nacida en Volgogrado hace apenas 19 años, ha tenido un inicio de 2017 pletórico, pasando la previa del Open de Australia y ganando en primera ronda a Vania King, y presentándose en semifinales del torneo de San Petersburgo. Mide 185 centímetros y tiene una facilidad pasmosa para encontrar golpes ganadores, tanto de derecha como de revés. Está la 76 del mundo y si trabaja bien transmite la sensación de poder llegar muy arriba.

Esta es la situación de un tenis ruso que expande su influencia por el circuito WTA con tanta rapidez como contundencia. Muchas jugadoras en liza y de gran talento y versatilidad estructuran un ejército de mujeres dispuestas a devolver a Rusia a la cima del tenis mundial. Y no olvidemos el regreso de Maria Sharapova a las pistas, que puede ser el detonante para qu éstas y otras jóvenes se motiven y hagan del tenis su forma de vida.

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