Timea Bacsinszky, la gran desconocida de Roland Garros

La suiza ha pasado de estar con pie y medio fuera del tenis a clasificarse para las semifinales de Roland Garros. Una resurrección tras muchos problemas extradeportivos.

Rubén Pérez Serrano | 4 Jun 2015 | 09.00
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En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.
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Hace dos años pocos o muy pocos apostaban por el futuro tenístico de Timea Bacsinszky (Belmont-sur-Lausanne, Suiza, 1989). Ni siquiera ella misma. Sus pensamientos giraban más en torno al mundo de la hostelería y la restauración que en entrenamientos, viajes y torneos de tenis. Pero la vida, como una pelota que salva la red con un endiablado efecto liftado, no cesa de girar, y donde antes te encontrabas set abajo y contra las cuerdas, ahora ves como encaras ventaja para cerrar el encuentro al resto.

A Timea el largo y duro encuentro de tenis que es la vida se le puso cuesta arriba desde el primer set. Como tantos otros jóvenes talentos del deporte, Bacsinszky fue foco de las presiones de su familia. Ella jugaba ante todo por sus padres, era la principal responsable de la felicidad o infelicidad de sus progenitores.

Demostró con creces ser un talento puro ganando en dos ocasiones el prestigioso torneo de jóvenes promesas Le Petits As, la única que puede decir esto aparte de su compatriota Martina Hingis. Pero el férreo control al que le sometía su padre suponía un inconveniente muy importante en el futuro éxito profesional de Timea. El divorcio de sus padres ayudó en el ambiente tenístico de la suiza, admitiría más adelante.

Sus primeros años de profesional fueron esperanzadores alcanzando final en el torneo WTA de Luxemburgo y teniendo contra las cuerdas a jugadoras de la talla de Dinara Safina. Las lesiones, tanto o más temidas que la presión parental, vino a trastocar los planes de Bacsinszky. Una maltrecha rodilla izquierda y hombro derecho alejaron a la helvética de las pistas entre 2011 y 2014. Tres temporadas casi en blanco. Dimitri Zavialoff, ex entrenador de Wawrinka, fue el gran baluarte en el que se apoyó Timea para recuperar el tiempo perdido.

Ahora en 2015 pocas cosas le importan más en el mundo a Bacsinszky que el tenis, posiblemente lleguen a obsesionarla, a privarla del sueño. Y es que alcanzar unas semifinales de Grand Slam son palabras mayores, y más para una tenista que no había pasado hasta el Roland Garros de 2015 la tercera ronda de un major. No se veía a una representante del país helvético en categoría femenina en el penúltimo envite del torneo desde la gran Martina Hingis en 2001, y en la de ningún otro grande desde la zurda de Basilea Patty Schnyder en 2004 en Australia.

Para los que siguen día a día el circuito de la WTA la sorpresa que ha supuesto Bacsinszky es más relativa. Su primera mitad de 2015 ya la había posicionado en el mejor momento de su carrera. Se había saldado con tres finales sobre suelo sintético, siendo finalista en Shenzhen y campeona en Acapulco y Monterrey. Además de alcanzar su mejor clasificación WTA, la número 23, asistiendo a un Grand Slam por primera vez como cabeza de serie.

El tenis de la helvética es fácilmente reconocible. Una derecha muy envolvente, con una empuñadura muy cerrada y con una preparación tan larga que le obliga a cortar la bola cuando le viene rápida a ese lado. Por el revés es otra historia. Lo suelta con gran soltura y control, intercalando los golpes agresivos con bolas cortadas y con dejadas. El saque es muy correcto sin ser una gran sacadora.

Tras dar la campanada ante la doble campeona de Wimbledon, Petra Kvitova, remontando un 6-2 adverso y doblegar a la también sorprendente belga Alison Van Uytvanck, Bacsinszky tiene ahora el mayor y más bonito reto de su vida, superar a la incontestable número 1 del mundo Serena Williams en semifinales. Todos ven a la suiza como una perita en dulce para la estadounidense. Pero esa perita en dulce viene en ascenso y es una incógnita donde está su techo. ¿Conseguirá la proeza?