Nadal sale del barro

Rafael Nadal necesitó tres sets para derrotar a John Isner en Montecarlo. El balear sobrevivió a una tarde difícil y a un rival exigente

Rafael Nadal superó a John Isner en la tercera ronda del Masters 1000 de Montecarlo: 7-6(6), 4-6 y 6-3. Rafa se comportó como el cielo: gris y plomizo en el comienzo; soleado a ratos según avanzaba la tarde. Nadal resbaló sobre una tierra húmeda, pero acabó pisándola con firmeza. Una victoria positiva en el aspecto anímico, pero delatadora de que el tenista de Manacor no ha recuperado la jerarquía de antaño.

Isner, un rival cuyo perfil siempre resulta incómodo, vuelve a rendir al nivel que le llevó al top 10 mundial. El estadounidense tuvo un desliz al servicio en los primeros puntos del partido, pero su reacción evitó que se plasmara en el marcador.

Nadal.

Nadal se presentaba con escasa intensidad. Sus piernas no tenían la frescura de las grandes ocasiones. Sus golpes carecían de profundidad y autoridad. Su efecto liftado no castigaba a Isner, un jugador que agradece un tiempo extra de preparación del golpe para cubrirse el revés. El saque abierto, la derecha invertida y las subidas a la red eran los pilares sobre los que el norteamericano construía su plan de juego.

La dificultad para Nadal se convirtió en alarma cuando afrontó un 15-40 al servicio. Rafa salió del barro y lo hizo de nuevo cuando Isner acarició el primer set (6-4 en el tie-break). En ese momento, afloraron las tradicionales virtudes de Nadal y las imprecisiones del estadounidense.

Salía el sol para el rey de la tierra. Impulsado por el marcador favorable en el primer parcial, Nadal recuperaba la alegría. Su raqueta transmitía mayor convicción. Ya no sufría con su saque y esperaba su oportunidad al resto. Ésta llegó en el octavo juego del segundo set, pero la determinación y el carácter competitivo de Isner apartaron a Nadal del final feliz.

Isner.

El instinto de supervivencia sacó lo mejor del tenista de Florida, cuyo poderío, también al resto, desbordó al español hasta el punto de forzar el tercer set. Sin embargo, la oportunidad perdida no descompuso a Nadal, que aceptaba el brillante momento de su rival y lo soportaba con entereza.

El sobreesfuerzo de Isner se plasmó con el paso del tiempo. Dejó de amenazar el servicio de Nadal e intentó proteger el suyo con constantes subidas a la red. El estadounidense se mantuvo con vida, pero sus argumentos fueron insuficientes.

Nadal evitó una derrota dolorosa en su mejor superficie. Sobrevivió a una tarde difícil y a un rival exigente, 24 horas antes del siguiente examen ante David Ferrer o Gilles Simon.

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