Wawrinka da una lección

Stanislas Wawrinka ofrece una leción de tenis en el primer set y se deshace de David Ferrer, 6-1 7-6, accediendo a su tercera final de Masters 1000

Stanislas Wawrinka se ha convertido en el primer finalista del Masters 1000 de Montecarlo tras derrotar a David Ferrer en dos mangas, 6-1 7-6, en un partido que el suizo dominó en todo momento, con fases de tenis sobresaliente. Será la tercera final que el suizo disputará en esta categoría, todas en tierra batida, en la que tendrá enfrente a su compatriota Roger Federer o al número 2 del mundo, Novak Djokovic.

Es fácil de describir y explicar lo que sucede en el primer parcial. Más inesperado y difícil es conseguir un nivel como el que el suizo Stanislas Wawrinka alcanza desde la primera pelota golpeada del encuentro. Un 6-1 dibujado como una catarata de manotazos que no existe. De todo color y una única condición: el golpe ganador. Todo lo que tira el suizo huele a definitivo. Pelotas que abrasan la pista y dejan a Ferrer sin nada que hacer, porque nada se puede hacer.

Drive cruzado, revés abierto y paralelos, servicios, líneas, profundidad. Es una exhibición servida en vaso de tubo. Ferrer asiste a una borrachera de tenis casi abusiva. David entiende que lo de enfrente es casi más una danza ritual y decide que no puede salir airoso si no es dando un paso hacia atrás, correr todo lo que se pueda y que Wawrinka falle una. Es cuestión de tiempo. Wawrinka lo pega todo reglado, al milímetro, así que David, que necesita algo más de reloj para armar cualquier golpe defensivo, se da más espacio e intenta pasar bolas hasta que la cascada se seque.

Las estadísticas no engañan. Wawrinka conecta 16 golpes ganadores en 7 juegos, siendo la sensación de que cada tiro jugado era potencialmente del mismo valor. Juega metidísimo en pista, consumiendo tiempo a cada golpe, dejando a Ferru fuera de todo contraataque. Sin duda alguna, el mejor set del torneo a tenor del rival enfrentado y la ronda disputada.

Con el primer parcial ya consumido, el segundo se calma. Wawrinka acusa un nivel de inspiración que por pura lógica no se sostiene, y todo se queda en manos de momentos de inflexión, con un ritmo más adecuado a la raqueta alicantina. Los juegos se igualan, se sostienen los turnos al servicio, el número de ganadores del suizo baja a la mitad y el de no forzados se dobla, pero el saque mantiene a flote al helvético. David sigue sin encontrar el suyo, consiguiendo el 68% de puntos con su primer servicio. Wawrinka el 85%. David tiene una oportunidad, conocedor de que Wawrinka puede atenazarse a la hora del cierre.

David tampoco logra imponerse al resto, donde en todo el encuentro solamente dispone de dos bolas de rotura, ninguna aprovechada. El segundo set, en cualquier modo, llega al desempate, donde Wawrinka recupera las sensaciones del primer set y realiza cuatro puntos para abrir el tiebreak que no se pueden creer. Así cimenta una victoria que venía necesitando tras su triunfo en Melbourne y después de algunas derrotas sorprendentes posteriores.

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