El circo argentino

OPINIÓN | Argentina, Del Potro, Jaite, AAT y un proceso que golpea al tenis.                 

Se vivió un nuevo capítulo de la mísera telenovela entre Juan Martín Del Potro y la Asociación Argentina de Tenis. Un comunicado con la firma del tenista, donde renuncia a jugar la Copa Davis durante todo el 2014, fue el encargado de abrir una nueva viñeta en esta vulgar historia cada vez más oscura y rocambolesca.

“Nada cambió, sino que empeoró” cita parte de la carta. Del Potro había mostrado sus amplias diferencias con la AAT y con Martín Jaite allá por noviembre. En ella tachaba de “doble discurso” e “hipocresía” al máximo organismo del tenis argentino.

Era un auténtico raquetazo a los de arriba que ponía tierra de por medio entre el jugador y la asociación. Un ‘ellos o yo’. La convivencia era –y es- imposible. Juan Martín lo había dejado caer. Si todo sigue igual no jugaría con Argentina. Tres meses más tarde, el tren sigue la misma ruta y sin paradas de por medio para el diálogo.

No bastó tener a Argentina al borde del precipicio para que se acerquen las posturas. Al contrario. Se alejaron todavía más.

Y acá es cuando me pregunto si de verdad era necesario llegar a este punto de quiebra total. Observo a la distancia lo que sucede en mi país. Por suerte no estoy infectado desde dentro con todo el circo que rodea cada año al tenis argentino. Lo conozco, pero no me posiciono ni dejo que me afecte más de la cuenta. O eso intento.

Lo vislumbro a más de 10.000 kilómetros y esto me genera la posibilidad de tener una visión con más sangre fría de esta chabacana telenovela.

Es la historia de siempre. Los conflictos, la lucha de ego y las mediocridades son el hilo conductor entre los tenistas y la AAT. Hoy en 2014 y hace 30 años atrás también lo fueron. Siempre.

Que digo A y hago B. Que propongo C y estoy pensando en D. Las cartas son de cara a la galería. Ocultan toda la bazofia que hay en un entramado que toca a mucha gente y diferentes sectores.

Algunos que se hacen llamar ‘hinchas’ ya se sabe cómo son cuando se toca el 'patriotismo' o 'sentimiento argentino'. Pierden el sentido y los modales rápido. El corazón (o intereses) les puede. Las malas formas se apoderan de ellos y son capaces de soltar barbaridades en forma de insultos.

Y no hablo de todos. El que sabe de tenis y es consciente que esto no es el circo del fútbol no está metido en el saco de los sinvergüenzas que se dedican a insultar a diestro y siniestro.

Hablo de ese grupito que van guiados para desestabilizar a Del Potro. Para que la gente se sume a ellos. Para que coreen el nombre del tandilense entre palabras barriobajeras y puedan distorsionar, malmeter y barrer para el lado que más les interesa.

No aprendemos en Argentina. Año tras año es la misma historia. Cambian los actores principales pero el guión es el mismo. Un dejà vu que hace noticia al tenis argentino por su lado más ordinario e infantil.

Todos consideran que están haciendo lo correcto. Es culpa del otro. Ninguno es capaz de hacer una mínima autocrítica. La hizo la AAT sobre papel mojado. ¿Cambió algo a partir de ella? Nada. Siguen tropezando con la misma piedra y embarrando más el tema.

“Iría caminando hasta Tandil para hablar con Del Potro tiró el presidente Grimaldi hace unos meses. No hace falta que camine tantos kilómetros. Lo tiene al lado. Entrenan en el mismo club de tenis. Comparten vestuario. “Lo veo casi todos los días porque se entrena en mi club. Estira al lado de mi taquilla. Pero no tenemos diálogo".

Una tomada de pelo. Doble discurso. Y después no se sabe por qué Del Potro no juega.

Al fin y al cabo, los de arriba están cómodos. Son señores que mandan, hacen, deshacen, mueven y siguen yendo de torneo en torneo gracias a un privilegiado trabajo que tienen asegurado hasta 2017. ¿Por qué cambiar? pensarán.

Parece que les preocupe más bien poco si está o no Juan Martín en la Copa Davis. No comienzan un diálogo y emprenden acciones cuando el asunto está estancado. Viven a la defensiva. Reaccionan en vez de accionar y prever.

El barco se sigue hundiendo y nadie activa los botes de emergencia. Ninguna de las partes sale reforzada con esta batalla. Todos se van haciendo más débiles. Se entró en un espiral negativo que, viendo las posturas, parece difícil que vuelva encontrar el rumbo.

En ocasiones un simple gesto, un acercamiento, o un mea culpa sincero son el pistoletazo de salida a una nueva etapa de diálogo y de caretas fuera completamente. Si se piensa en frío, no es tan complicado.

Mientras todos sigan en su papel y su brazo no lo den a torcer, los perjudicados seguirán siendo la AAT, Martín Jaite, Juan Martín Del Potro, el resto del equipo y hasta los amantes de este deporte. Pero sobre todo un máximo perjudicado, el tenis argentino.

Como periodista me alimentan los temas. Como argentino lo sufro. Pero como enfermo del tenis me da(n) pena.

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