Las lágrimas de Jerzy Janowicz

Son los ojos mojados de un espíritu de fuego. Cuando Janowicz se inclina ante el alemán Florian Mayer (5-7 2-6 2-6) sale de Melbourne con un lastre evidente. Un hombre con marcada virtud para el desplazamiento, a pesar de su notable envergadura, ha deambulado por Australia.

En las dos primeras rondas su gracilidad de movimiento ha brillado por su ausencia. Empujado al quinto set por el wildcard local Thompson, siquiera top300 y experiencia nula en gran escenario. Forzado a la cuarta manga y tragando barro en dos tiebreaks, ante el español Andújar, de recorrido justo en cemento.

Los torbellinos de alturas y efectos de Florian Mayer, el primer rival con hechuras para incomodarlo, mostró la brecha evidente en su estructura. El polaco no aguantó las embestidas que recibió en el tercer asalto, y fue eliminado con contundencia del primer Grand Slam del año.

Entonces afloró en Jerzy, compungido, la verdad de su estado. Ha competido en Australia contra la indicación de los médicos, con una fractura ósea en el pie, maldiciendo la poca preparación previa a Melbourne como causa de su prematura caída.

Cada año, un Jerzy distinto en Melbourne:

2012, el precario - no viajó por falta de fondos para costear sus gastos

2013, el visceral - tremenda bronca al juez de silla. Mítico 'how many times!'

2014, el lesionado - compitiendo con un hueso roto contra indicación médica

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