Historia: Jaroslav Drobny. El checo de las cuatro banderas

Hoy, en Punto de Break, repasamos la historia de un checo que cambió de nacionalidad. A diferencia de Lendl o Navratilova, el caso de Jaroslav Drobny es aún más sorpr

La República Checa, actual finalista de la Copa Davis 2013, siempre ha sido una nación –antaño Checoslovaquia- enormemente prolífica en jugadores de tenis. Ivan Lendl, Martina Navratilova, Jan Kodes, Tomas Smid, Petr Korda, Jiri Novak, Tomas Berdych, Radek Stepanek, Jana Novotna o Petra Kvitova conforman un álbum realmente extraordinario a lo largo de la historia. Varios de ellos, por diversas circunstancias, cambiaron de nacionalidad en medio de su carrera deportiva. Y uno de ellos fue Jaroslav Drobny, uno de los tenistas más elegantes y distintivos del deporte blanco, el cual llego a jugar bajo cuatro banderas distintas.

La historia de Jaroslav Drobny parece falsa; parece un libro. En cierto sentido, es tal la sucesión de tan curiosas y complicadas situaciones que pueblan su vida, que puede resultar un personaje ficticio, al contrario de aquel Guillermo de Baskerville de Umberto Eco, que está tan bien construido que terminas por creer que fue alguien real. Ambos coinciden en que dan para protagonizar un libro fantástico, porque la vida de Drobny no tiene respiro, suceso indiferente o camino predecible.

Nacido en Praga en 1921, la andadura de Drobny se gesta en los veranos de su adolescencia. El implacable frío hacía difícil la práctica del tenis en Checoslovaquia y en los meses intermedios su notabilísimo talento natural era invitado a pista por los esperados rayos de sol. El caso es que el regente de aquellas canchas, casualmente, era su padre. Las pistas, una vez llegaba el invierno, eran convertidas en hielo. Y resultaba que Jaroslav tenía el mismo o más talento para patinar que para conectar su drive. En el momento en el que cogió un stick, observó que más que un don para el tenis, tenía un don para cualquier práctica deportiva.

En 1938, a los 17 años, debuta en Wimbledon, cayendo en 1ª ronda. El Wimbledon de Don Budge, en el que el norteamericano no perdería un solo set y el que sería su segundo major del año consiguiendo al final del mismo completar el Grand Slam. La irrupción de la Segunda Guerra Mundial interrumpiría el camino del checo a nivel internacional. Tanto el Abierto de Australia como Roland Garros y Wimbledon no se disputaron desde 1940 hasta 1945, en los que solamente el US Open no tuvo interrupción. Drobny y todos los tenistas checos, a excepción de Ladislav Hecht, de origen judío y que logró huir hacia los Estados Unidos, no pudieron disputar torneos internacionales.

En 1939, Drobny, con 18 años, alcanza la tercera ronda de Wimbledon, donde tras ir perdiendo con el primer cabeza de serie, el británico “Bunny” Austin -el primer jugador que utilizó pantalones cortos en Wimbledon-, se ve obligado a retirarse por lesión. En su segunda participación en el torneo, tras la invasión checoslovaca por la alemania nazi, Drobny juega bajo la bandera del protectorado de Bohemia-Moravia (territorio checo). Sería la segunda de las cuatro nacionalidades con las que Jaroslav competiría, hecho sin precedente ni consecuente.

Durante el parón por la guerra, Jaroslav se dedica enteramente al hockey; la ocupación nazi dificultaba siquiera conseguir pelotas para las prácticas en los clubes. Ya con 24 años, en 1946, Drobny compagina a nivel internacional el hockey sobre hielo y el tenis, llegando a ser ese año finalista en Roland Garros. A su vez, con el stick y las cuchillas, fue campeón del mundo en 1947 en su Praga natal y medalla de plata en los JJOO de 1948, llegando a rechazar una millonaria oferta para convertirse en el primer europeo en jugar en la NHL estadounidense, lo que le privaría de poder competir en el circuito amateur de tenis durante los meses estivales -Wimbledon y Roland Garros-. Un desgraciado accidente jugando a hockey le ocasionó una lesión ocular que afectaría considerablemente a su visión, lo que le obligó a jugar a partir de aquel momento con unas gafas oscuras, por aquel entonces, realmente llamativas.

Tras la guerra, su accidente ocular se quedó en anécdota. El golpe de Praga, con el que Gottwald y el Partido Comunista tomaron en 1948 el estado checoslovaco, surtió en Drobny una pugna interior entre su amor por la patria y su rechazo al comunismo. El régimen, consciente del poder mediático que originaba la figura de Jaroslav, le utilizaba, junto al gran Emil Zatopek, para fines propagandísticos, resultando no ser el verdadero y único dueño de su carrera deportiva. Además le impedían, a él y a todo tenista checoslovaco, competir en todo aquel torneo donde figuraran alemanes y españoles.

Jugando en Gstaad, en 1949, -el cual ganó dos veces, una de ellas, la primera edición del torneo en 1946 cada uno con distinta nacionalidad, y otras dos finales, también con distinta nacionalidad- tuvo lugar el incidente que desencadenaría el fin de Drobny bajo bandera checoslovaca. Jaroslav se enfrentaba a un tenista español. Horas antes, dos hombres del departamento de Asuntos Exteriores de su país se presentaron en su hotel y le obligaron a abandonar el torneo. Drobny, pelea mediante, se negó. Con esas, consciente de que semejante altercado tendría unas consecuencias nada tibias, decidió desertar y abandonar definitivamente su patria natal. Sus propias palabras lo confirman: “Salí con lo que tenía en ese momento: un par de camisas, un cepillo de dientes y 50 dólares”.

Tras obtener permisos de trabajo en Suiza y Australia, un alto en Egipto le llevó a vérselas con el rey Faruq, enorme aficionado al tenis, que ofreció, ipso facto, la nacionalidad egipcia al, por aquel entonces, tenista sin bandera. Era su tercera nacionalidad, a la que representaría desde 1950 a 1959, periodo en el que su elegancia y plasticidad dieron por fin buena cuenta de varios Grand Slams. Jugó las finales de Roland Garros de 1950, 1951 y 1952, consiguiendo el título en las dos últimas, cerrando una racha de cinco finales en siete años sobre la tierra de París. Su técnica y elegancia siempre se vieron potenciadas sobre su superficie predilecta.

En Wimbledon, su derecha no tenía demasiados problemas para adaptarse. Con apenas días bajo nacionalidad egipcia (1949), Drobny alcanza la final en Londres, derrotado por el norteamericano Schroeder. En 1952 volvería a la última ronda, nuevamente derrotado, esta vez por el australiano Frank Sedgman. Eran las décadas de insultante dominio anglosajón -estadounidenses y aussies llegaron a jugar entre ellos 16 finales seguidas de Copa Davis-. Por fin, en 1954, con 32 años, y tras vencer en cuartos de final al emergente y posterior campeón Lew Hoad, derrota en la final a Ken Rosewall, leyenda mundial y uno de los grandes dominadores del tenis en la década de los 50. Con sus gafas de sol -único tenista masculino que ostenta este detalle-.

Llegó a permanecer -en el circuito amateur- en el top-10 durante casi una década completa, hasta 1955, año en el que se fue a vivir a Gran Bretaña donde cinco años más tarde adoptaría la nacionalidad británica -cuarta y última con la que compitió-. Se retiró en 1965 con más de 130 títulos amateur en su palmarés, tres Grand Slam y un récord de 37-6 en Copa Davis. No volvió a pisar tierras checas hasta 1985 y fue incluido, dos años antes, en el Salón Internacional de la Fama de Rhode Island.

Primer y único campeón de Grand Sam bajo bandera egipcia y primer campeón africano en conseguirlo, Jaroslav Drobny pertenece a tantos otros campeones checos -Lendl, Navratilova- que decidieron adoptar distintas nacionalidades por problemas políticos. Una historia marcada por la guerra, el comunismo, las dificultades y el talento. La historia de cuatro banderas y unas gafas de sol.

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