Djokovic se corona campeón en París-Bercy

El serbio batió a Ferrer en la final tras superar marcadores adversos en los dos parciales del duelo

Novak Djokovic se ha coronado campeón del Masters 1000 de París-Bercy por segunda vez en su carrera. El serbio batió a David Ferrer en un intenso partido que estuvo cerca de superar las dos horas de duración. Sin jugar su mejor tenis, el número dos del mundo salió indemne del encuentro que planteó el español, con largos intercambios desde el fondo de pista y un gran despliegue físico desde la primera hasta la última bola. Con esta victoria el de Belgrado sigue con opciones de acabar número uno la temporada 2013, aunque para ello debe ganar todo lo queda por jugar y que Rafael Nadal saliese de Londres como máximo con una sola victoria en el zurrón.

El Djokovic que se proclamó campeón en el Palais Omnisport de París-Bercy hace cuatro temporadas en poco se parece al actual. En 2009, batió a Gael Monfils en un partido muy largo y disputado. En ese torneo el serbio conseguía, tras un año irregular en el que había perdido la estela de Federer y Nadal e incluso se había visto superado en el ranking por Murray, su primer título de Masters 1000 en una temporada algo irregular. Era la recompensa a un año algo agridulce a pesar de sumar un gran número de victorias tras disputar numerosos torneos. En ese momento solo sumaba un Grand Slam y no sabía lo que era estar en las dos primeras posiciones de la clasificación ATP.

El Djokovic que se presentaba en la final de hoy en Bercy es un tipo muy diferente. Es seis veces campeón de torneos major, un ex número uno con más de cien semanas en la cima del tenis mundial que sumaba antes de enfrentarse a Ferrer un total de dieciseis victorias consecutivas. Desde que perdió ante Rafael Nadal en la final del US Open, Nole no conoce la derrota. Primero fue Pekín, luego Shanghái, y ahora París. El serbio parece imbatible. Sin alcanzar el nivel de excelencia de aquel impresionante 2011, el juego del serbio está alcanzado cotas de momentos inalcanzables para sus oponentes.

Nadal, agotado tras una temporada larga y comprimida, ofrece vulnerabilidad en su versión indoor. Federer y Ferrer intentan, con un éxito moderado, reverdecer viejos laureles bajo la bóveda que tantas alegrías dieron a ambos en temporadas pasadas. Murray, recuperándose de una lesión en la espalda, no ha sido de la partida en ninguna torneo ATP desde el mes de septiembre. Tan solo Del Potro parece en un estado de forma alto, y el único capaz de plantarle algo de cara a Djokovic en este fin de año.

El de Tandil llevó al límite a Novak en la final de Shanghai, y desde la final de Nueva York, el único rival que se ha acercado al nivel exhibido por Del Potro en la ciudad china ha sido Ferrer en el partido de hoy. Desde el inicio el de Jávea planteó una batalla dura. Intercambios largos, con rapidez de piernas para cubrir toda la pista y capacidad para pasar de la defensa al ataque en cuanto Djokovic dudaba. Sumidos en una intensidad impropia de un primer set, el número dos parece naufragar. Pero solo lo parece. Llegado el momento de la verdad, Ferrer se colapsa.

El aura de imbatibilidad que rodea a Djokovic hace acto de presencia. Ese instinto de supervivencia que ya exhibió ante Federer vuelve a dar alas al serbio, que rompe hasta en dos ocasiones el servicio de Ferrer para llevarse la primera manga. En el segundo parcial, el alicantino tiene bolas de break para marcharse en el marcador con doble rotura de saque. La cinta de la red, como en aquella película de Woody Allen llamada 'Match point', le da la razón al de Belgrado. La suerte que acompaña siempre al campeón.

El guión del segundo set sigue los mismos derroteros que el del parcial inicial y acaba coronando a un insaciable Djokovic como campeón de París-Bercy por segunda vez. Ferrer, decepcionado por no haber templado los nervios en los momentos clave del encuentro, entrega el título al serbio tras una fantástica defensa del mismo. Poco se le puede reprochar al incansable guerrero de Jávea. El flamante campeón, por su parte, sigue soñando con acabar número uno el año. Posibilidades matemáticas hay, pero por desgracia para él, no depende de sí mismo. Sin tiempo para sacar conclusiones, ambos tenistas deben viajar esta misma tarde a Londres. El torneo de maestros comienza mañana. La última batalla del curso. El último esfuerzo. Y no parece que ninguno vaya a regalar nada.

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