La fe de Federer

El helvético, situado ante Novak Djokovic, expresa confianza para alcanzar la final bajo la bóveda de la capital francesa

Cuando Roger Federer aparezca bajo la bóveda de París lo hará con un estímulo ardiendo en los talones. Viene de probar la miel más dulce del curso: su única victoria sobre un top5 en la temporada tiene apenas unas horas de vida. Algo que era factor de colección en tiempo de apogeo deportivo ha debido esperar a noviembre, al último evento de temporada regular, para ver la luz del día. Tras inclinar al argentino Del Potro, el más difícil todavía. El serbio Novak Djokovic. El último gran huésped en la cúspide de la disciplina. El campeón vigente de la Copa de Maestros competida al abrigo del indoor británico le espera a la sombra de la cubierta de París. Con el O2 Arena asomando en el horizonte, sin apenas tiempo para acunar reflexiones, Roger busca un terremoto.

Inclinar a Novak después de frenar a Del Potro supondría detener de forma sucesiva a los dos hombres con más inercia del circuito. Implicaría, también, rasgar la impronta de convidado de piedra y enviar un serio aviso a navegantes. Un rugido entre las sombras del entorno cubierto.

Camina Roger con el estímulo caliente en las sienes. Tras entregar la final de Basilea ante Del Potro, la revancha ante el argentino apenas esperó unas horas. Una inyección moral para un espíritu necesitado de alicientes. "Probablemente fue la mejor victoria del año. Es mi primer triunfo sobre un top10 desde el mes de enero. Ha pasado algún tiempo" recordaba Federer al arreciar la brega. "Pero he disputado algunos partidos decentes desde entonces, ante tenistas quizá menos famosos que Del Potro. Estoy feliz por cómo están saliendo las cosas".

Federer, un hombre que no cede un partido indoor tras sellar el primer set desde 2009, tiene en el arranque una llave al cielo. Son ya 48 pulsos los amarrados de manera consecutiva en esa circunstancia. El partido ante Juan Martín, de inicio efervescente, un cristalino reflejo de intenciones. "Creo que el primer set fue especialmente bueno" analiza Roger sobre la que probablemente fuera su mejor versión de la temporada. Una manga donde agujereó la interminable envergadura de Del Potro en un ejercicio de asepsia tenística (17 golpes ganadores por 4 errores no forzados).

Un Roger que camina con voluntad guerrera, aferrándose a los encuentros sabiendo que el indoor le ofrece las condiciones para revertir claroscuros mentales. "Pienso que fui capaz de comenzar fuerte el tercer set. Algo que no logré hacer en Basilea. Simplemente estuve golpeando mejor, moviéndome bien y tomando buenas decisiones. Estoy muy contento con el nivel de juego. Creo que fue un buen encuentro de principio a fin. Definitivamente es bueno para mi confianza. Este tipo de victorias son las que necesito en estos momentos".

"No tengo la sensación de que muchos jugadores estén extremadamente cansados. Puedo recordar que hace 10-15 años vendríamos aquí y estaríamos diciendo "Dios, me quiero ir de vacaciones". Este año no siento que sea así. Cuando hablo con los jugadores, todos están ansiosos de hacerlo bien. Parece que estamos recuperando más rápido y siendo capaces de tomar cada torneo extremadamente en serio. Esto se ha vuelto súperprofesional. Hay menos altibajos emocionales tan bien" eso lo sabe Federer antes de encarar a Djokovic, un hombre que firma un 15-0 desde que entregó la final del US Open ante Rafa Nadal (9-0 desde que cedió el número 1 en manos del balear).

"Tiempo atrás era algo mucho más extremo. Cuando todo el mundo está hablando de cuán cansado está, te termina afectando más. Te hace pensar "sí, es cierto. Estoy súper cansado". Ese tipo de cosas te afectan. Pero es bueno ver, y es interesante, que los ocho muchachos que están en cuartos de final sean los mismos ocho que jugarán las World Tour Finals en Londres" anticipa Roger, quien tiene en París un simulacro perfecto de medición. Una prueba de algodón necesaria para un tipo que firma números rojos (2-7) ante la élite top10 en 2013.

Su enfrentamiento con Novak Djokovic en la semifinal coloca la rivalidad en el trigésimo capítulo. Será el primer cruce de 2013, el primero desde la final de la última Copa de Maestros - en la antesala de ese mismo escenario de discusión. El momento, en palabras de Federer, no podía ser mejor.

"Sinceramente prefiero jugar con él ahora que cuatro meses atrás. Tengo confianza de nuevo y creo en mis opciones. Creo que puedo ganar. Si hubiera tenido que enfrentarle hace algunas semanas o meses atrás podría no estar tan seguro" analiza Federer al pensar en un años con menos luces que sombras.

"Está teniendo un buen año, de manera que tendré que dar lo mejor. Creo que siempre jugamos bien el uno contra el otro. Cuando jugamos, el partido coge una carga muy atlética. Ambos intentaremos ser agresivos y tomar la iniciativa. Será incluso más importante aquí, dada la superficie y las condiciones. Es interesante. Siempre me ha gustado la rivalidad con Novak".

Cuando Federer piensa en los ojos de Djokovic, ve al hombre al que sometió en su última conquista de Masters 1000, obrada en Cincinnati el pasado año. Ve, también, al tipo al que batió para pisar su última final de Grand Slam, ese Wimbledon 2012 gobernado donde volvió a auparse al número 1. Y, de igual forma, ve al único hombre que osó batirle en un pulso decisivo de Copa de Maestros en los últimos tres años.

En París, con Londres en cuarentena, cuentas pendientes por saldar. Y un hombre con fe en la tarea. Roger Federer contra el reloj de arena.

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