Ferrer entre tiburones en Bercy

El alicantino, vigente campeón del torneo, se planta en el penúltimo peldaño de la cita parisina

Son los ojos inmóviles. Un tipo mira una pantalla con la toalla entre los dientes. Clavado al suelo y pupilas al techo. El videomarcador como juez. Observando fijamente una revisión decisiva. Con hilos encaramándose entre sus labios. Apenas un centímetro, según muestra la reconstrucción virtual de puntos, le envía al tercer parcial. Así vive el vigente campeón en Bercy. Aferrado al límite. Al borde de las fuerzas camina el hombre con mayor actividad de la temporada. Etiqueta que ya cargó en 2012. Nada menos que 72 partidos recorren sus piernas. Cuando David Ferrer inclina al checo Berdych (4-6 7-5 6-3) en los cuartos de final de Bercy sabe que ha culminado otro ejercicio de fe. De los de cerrar los ojos, aguantar el golpe y tirar con todo hacia adelante.

Es un Ferrer amansado ante un tipo que despierta al toque de corneta. David, que lleva toda la semana abriendo boca rondando el mediodía, ve caer el sol mientras aún se anuda el pañuelo. El valenciano compite en jornada nocturna con el biorritmo cambiado y las rutinas removidas. Y eso se nota al abrirse la camisa y dejar brotar al jugador. Dos dobles faltas y errores de bulto le hacen entregar el primer juego del partido. A remolque hasta entregar la manga. Fuera de sitio desde la primera bola. “La larga espera no la he afrontado bien en los primeros juegos” concede al término de la brega.

Ferrer, palpado el clímax en la final de Roland Garros, lleva meses sin jugar un gran partido de principio a fin, pero se aferra con pies y manos a la empresa más orgullosa de su trayectoria. Primer beso sólo hay uno, y David marcó los labios con fuerza en la capital gala doce meses atrás. Si tiene que dejar paso a un nuevo pretendiente está peleando como pocas veces un cortejo. Bercy, ese escenario que no contempló a nadie revalidar la corona en los últimos 40 años, tiene en el alicantino un amante inspirado.

Es un perfil especialmente agresivo. Le recibe Bercy con un suelo ralentizado, y el de Jávea responde tratando de ser directo. Un total de ocho aces y un 72% ganado con primera entrega, tremenda figura en un encuentro a tres mangas dilatado sobre la segunda hora. “El saque me ha ayudado muchísimo” concede un hombre tradicionalmente orientado a la construcción del punto y destacable en labores de reacción. Un tipo dibujado como especialista en arcilla cuyos mejores firmas siempre surcaron el cemento.

Ferrer es la insistencia hecha competidor. Y así se lo hace ver a Berdych. Cuando la segunda manga hace penar el habitual claroscuro del checo, primando la línea horizontal que ilustra el rendimiento del español, Ferrer encuentra un 4-1 en su bolsa. Berdych, un tipo que parte la bola como quien bebe agua fresca en una tarde de agosto, pronto acelera el ritmo de los acontecimientos. Donde hay una brecha casi definitiva logra el equilibrio (4-4), para poco después volver a ceder en el patrón mecanicista del levantino (5-7).

Una vez igualado el pulso, no detiene la macha cuartelera. Sus pies parecen volar. La derecha, elemento capital de su repertorio, niega al checo los apoyos desde donde Berdych se convierte quizá en el pegador más limpio que tiene la disciplina. Con las tablas en la mesa, llega el momento de pensar. Y ahí Ferrer hace ver quién porta el galón de vigente coronado. Berdych amenaza con soltar el brazo. Ferrer, curtidas las piernas como rostro al sol, necesita negar el oxígeno. “Sabía que, o movía las piernas o estaba muerto” analiza al arreciar el duelo. “Cada partido que juego dependo mucho de mis piernas. Si no estoy fresco mi juego cambia mucho”.

Cuando el partido agoniza David huele el momento para serigrafiar la brecha más grave del encuentro. Ocho puntos consecutivos sobre un Berdych que pestañea sirven para abrir la herida definitiva (3-1). Son dos juegos en blanco directos al alma del centroeuropeo. Un tipo que calza winners como quien levanta de la cama al amanecer se ve desconectado en el tramo decisivo. David ya no le deja entrar, imprimiendo a la pelota un ritmo no visto durante el partido. Una fase que recuerda al pulso de la Copa Davis 2012, en la final de Praga, donde llegó a desfigurar deportivamente al checo.

El de Jávea llega con el depósito al borde del colapso pero se planta en las semifinales de Bercy. Es el hombre con más encuentros disputados durante la temporada. Finalista en Estocolmo y Valencia, ha trotado en la mayor cantidad de partidos posibles bajo techo que le permitía su calendario. Y carga la losa mental de andar protegiendo el cetro. Eso, para un hombre que marca como objetivo prioritario cerrar top3 el curso, es otro contrapeso a salvar en las piernas. Un tipo al que se le acumulan las piedras pero no por ello deja de alzar la mochila.

Novak Djokovic, Roger Federer y Rafael Nadal como últimos compañeros de viaje. Las tres fauces más voraces de la última década deseando devorar una corona que aún es suya. David, que enfrentará al de Manacor en la semifinal, asegura un representante español en el último partido del evento parisino.

Navega Ferrer en un banco de tiburones. El Masters 1000 de París-Bercy más competido que se recuerda coincide con la edición en que debe proteger título. La responsabilidad más alta de su carrera individual situada frente a un muro de difícil contención. Cuando apoye la cabeza sobre la almohada y cierre los ojos repasando el parte de bajas, encontrará una certeza en la oscuridad de la noche. En París, la proclamada ciudad del amor, queda el espacio justo para carantoñas.

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