Dimitrov a Nadal: puntazo en Cincinnati

El de Haskovo, como en sus dos cruces previos, exigió tres mangas al mallorquín 

Grigor Dimitrov protagonizó la acción más llamativa de la jornada en el Masters 1000 de Cincinnati. En el partido de tercera ronda que le medía a Rafael Nadal sobre el cemento de Ohio, el búlgaro dio muestras de su capacidad para salir de situaciones aparentemente perdidas e inventar recursos observando un frente adverso.

Así sucedió mediado el segundo set, coincidiendo con los momentos más brillantes del búlgaro en el partido. De estar con el agua al cuello (2-6 3-4* 40-15), únicamente a cinco puntos de la derrota, Grigor pasó a equilibrar la situación (2-6 4-5* 30-30) y situarse a apenas dos acciones de mandar el pulso a un tercer parcial.

Dimitrov, siempre a remolque en el encuentro, no se había visto por delante en el marcador desde el primer juego al servicio del partido. Habiendo estrenado su cuenta de roturas en el anterior juego al saque de Nadal, el búlgaro volvía a ejercer presión sobre las entregas del balear.

Era un momento crítico. Ganar la acción le supondría disfrutar de pelota de set. Un punto importante que Nadal ataca desde el primer impacto. Un servicio liftado sobre la T, con potencia y buena dirección, obliga a Dimitrov a restar un golpe cortado con su revés en posición forzada.

La pelota queda corta, entrando de inmediato Rafael en pista para ganar terreno e incrementar la iniciativa en el intercambio. El balear cuenta con bastante margen para acomodar el golpe con su derecha. Traza un tiro cruzado, que toma tierra junto a la línea lateral, obligando a Dimitrov a correr sobre su revés y devolver la esfera con un cortado que traza una parábola muy bombeada.

Tal es la agresividad mostrada por Nadal que su segundo golpe de fondo es un remate en mitad de pista. Dimitrov, acorralado en el fondo al haber cedido unos tres metros, se encuentra más cerca del muro que de la línea de fondo. No obstante, amaga con correr sobre su flanco de derecha pero detiene su carrera trazando un contrapié. Quizá con ello engaña a un Nadal que coloca el remate centrado.

Dimitrov, que ve cómo la esfera se le viene encima a gran velocidad, se inventa una derecha cortada que termina siendo un pasante paralelo. Una improvisación que no aparece en los libros pero que levantó a la grada y el vigor interno del búlgaro.

Puño cerrado para celebrar la pelota de set. No aprovecharía esa ventana abierta, ni ganaría ese juego, pero cerraría posteriormente la manga para forzar un tercer set. Algo logrado en sus tres primeros duelos ante el balear. Pocos jugadores pueden presumir de algo similar.

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