La magia de Gasquet en Montreal

El talento de Béziers levantó el aplauso del número 1 por su extraña virguería

Richard Gasquet protagonizó la acción más llamativa de la jornada en el Masters 1000 de Montreal, al ejecutar una volea rarísima. En los cuartos de finales del torneo canadiense que le enfrentaba al serbio Novak Djokovic, la reedición de la final de 2012, el de Béziers fue arrasado pero dejó en las videotecas uno de los golpes más sorprendentes de la temporada.

Al otro lado de los nudos, una tormenta sin visos de arreciar. El número 1 del mundo, campeón de las dos últimas ediciones, ofrece una tortura competitiva dejando espacio justo al oxígeno. Corretea sin descanso. Golpea sin compasión. Desborda sin mirar atrás. Llega siempre y siempre mejor. Conecta más fuerte y casi siempre más profundo. Decide con frecuencia y con frecuencia a su favor. Montreal asiste a un atropello deportivo y no es Gasquet quien agarra el volante.

No encuentra solución alguna. Novak es un muro impenetrable. El revés a una mano de Gasquet le genera el daño que una goma elástica al lomo de un elefante. De carrera en carrera y de manotazo en manotazo, el serbio termina de enterrar a un francés que apenas se apunta dos juegos en toda la noche. Ya son trece los sets consecutivos donde fue incapaz de toser al número 1, una amarga que se extiende desde 2007.

Ante tal panorama de evidencias presentes y remordimientos pasados, a Gasquet le queda el resquicio de lo heterodoxo. Rascar la superficie con acciones que escapan al dictado de los libros. Con 6-1 3-1 en el marcador, el galo ejecuta el golpe de la noche. Un lance, no obstante, cuya intencionalidad puede ser puesta en tela de juicio.

Richard conecta un potente primer saque abierto al cuadro de la ventaja, sobre el revés de Djokovic. La trayectoria es tan abierta que el serbio se ve obligado a responder con un golpe cortado a una mano. Devuelve una pelota corta, factor que aprovecha Gasquet para venir a mitad de pista y ejecutar una volea cortada de derecha.

La esfera ni toma profundidad describe un ángulo definitivo. Oro para Djokovic, auténtico correcaminos, que impacta la pelota con vigor con su derecha buscando el pasante paralelo. Ahí llega el golpe 'mágico' de Gasquet. Estira su cuerpo sobre su ala de revés. De espaldas a la red, acierta a acunar la bola en una defectuosa volea de revés. Apenas puede colocar la raqueta. La bola describe una trayectoria bombeada, con la rotación propia de un golpea cortado. Al besar el suelo, describe un bote pronunciado y el retroceso hace que la pelota vuelve a la pista de Gasquet sin que Djokovic pueda alcanzarla.

El francés hace un amago de disculpa, evidenciando falta de voluntad en la acción. A pesar de ello, Djokovic aplaude el golpe reconociendo méritos al galo.

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