Semifinal de Wimbledon: Murray v Janowicz

Escocés y polaco medirán fuerzas buscando la final del tercer Grand Slam del curso en el segundo partido del día

Esto es necesidad contra fruición. La segunda semifinal de Wimbledon, que enfrenta a Andy Murray ante Jerzy Janowicz, retrata dos estados de ánimo diametralmente distintos. Por un lado, la obligación de cumplir el objetivo de una vida entera. Una carrera que gira sobre el título más prestigioso del universo. Por el otro, el regocijo de pisar un terreno impensable semanas atrás. El dulce sabor de llegar mucho más lejos de lo delimitado por la línea de la lógica.

Para Murray, que suma cinco presencias en la ronda de los cuatro mejores en Londres, se trata de una nueva oportunidad para proclamarse campeón de Wimbledon. Liberado de las cadenas que oprimían todo su talento tras ganar su primer grande en Estados Unidos, el británico está ante la ocasión definitiva para alzarse con la copa dorada. Para Janowicz, agradable confirmación del descubrimiento hallado a finales de 2012 en París, es un obsequio amarrado tras aprovechar con valentía y determinación una catarata de bajas en su parte del cuadro. Su primera semifinal en Grand Slam confirma que ya ha llegado más lejos que la sarta de jóvenes talentos que llevan años amenazando con derribar la puerta que separa lo prometedor de lo real. En definitiva, el partido mide a dos hombres con menesteres distintos, pero deseosos de alcanzar la misma meta: la final de Wimbledon que el próximo domingo redactará con tinta imborrable los renglones del libro de la eternidad.

Un saque para construir, un resto para destruir - Es un pulso de contrastes, blanco frente a negro. Janowicz, que aterriza en la penúltima ronda de Wimbledon tras disparar 94 saques directos, firmando el más rápido de todo el torneo (225 kilómetros por hora), ha sometido a sus rivales desde la pujanza de su servicio. Por ejemplo, el polaco gana el 88% de los puntos que disputa con su primer saque, una barbaridad. Murray, por su parte, es el jugador que más roturas ha logrado (24), en consecuencia, el que mejor resta en el Grand Slam de la hierba. Conocida es la capacidad del británico para leer y anticipar sus movimientos al saque rival para restar tiempo de reacción. Esto, en consecuencia, plantea un enfrentamiento entre especialistas en las dos vertientes básicas del juego. Sacador y restador juzgados por la hierba en una pasarela hacia la final.

La inercia de un dominador - Murray ha ganado 23 de los últimos 24 partidos que ha disputado sobre hierba. Además, en su cuaderno de viaje figura un contundente 83,4% de victorias cuando compite sobre césped, el mejor de su carrera en cualquier superficie. Eso no es casualidad. El número dos mundial, finalista de Wimbledon, medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres y campeón de Queen´s, tres coronas logradas en menos de un año, reúne la nómina de cualidades necesarias para domar los misterios del verdoso suelo. Un control absoluto de los golpes conjugado con un atinado dominio de los tiros cortados, imprescindibles para dominar el terreno más enresevado del circuito, y un servicio adaptado para hacer daño sobre la superficie componen el perfil del competidor ideal sobre pasto. Esculpido para domar la hierba. Así es Murray.

Algo más que un gigante - Amparado en los latigazos que su condición física le permite ejecutar, Janowicz también cuenta con el tacto de los elegidos. El primer polaco semifinalista de un Grand Slam dispara como un demonio, pero tiene una muñeca de seda, capaz de templar los intercambios cambiando el ritmo en el fragor de la batalla. Disparado en golpes ganadores durante sus partidos en Wimbledon (237, superando los 50 en los tres últimos partidos), Jerzy tiene una facilidad portentosa para encontrar el centro de la diana (90 errores no forzados suma, muy pocos para la agresividad planteada en su propuesta). En resumen, el polaco, que cuenta con un arma que brilla por encima del resto de opciones en su argumentario, está preparado para encontrar soluciones si el plan principal no puede ser llevado a cabo.

Los detalles de un pulso en el alambre - Las condiciones de Janowicz invitan a imaginar un partido cerrado, de ínfimas oportunidades. El polaco, acostumbrado a ir sumando juegos con facilidad guiado por su servicio, cuenta con la clara ventaja que otorga el saque sobre césped. Ante esa situación se encuentra Murray, posiblemente mentalizado para afrontar con calma el devenir del duelo, intentando aprovechar las fugaces oportunidades surgidas a lo largo del duelo. No sería una temeridad pensar en un partido que superase las tres mangas con varios desempates. Ahí, donde los nervios pesan más que el talento y la raqueta, se establecen las diferencias entre los buenos y los elegidos.

El fantasma de un precedente - París-Bercy marca un cambio de rumbo en la carrera de Janowicz. El joven nacido en Lodz se encuentra ante una situación desconocida durante siete días mágicos que le impulsan hacia la élite. Esto debe digerir: pasa de no poder viajar al Abierto de Australia por falta de recursos económicos y competir sin patrocinador a llegar a la final de un Masters 1000. Por el camino, tumba a varios gigantes, incluido Murray al que supera tras remontar la primera manga. Afrontar el desafío de derrocar hoy al británico en el templo de la hierba con el vivo recuerdo de la última victoria en su cabeza será importante para inclinar la balanza. Andy, que ganó a Janowicz en el Play-off de Copa Davis en 2009, saltará a competir recordando los golpetazos que le inclinaron la rodilla en el último Masters 1000 de 2012.

Dos caminos - Murray, el semifinalista que más tiempo ha necesitado para superar las cinco rondas previas, arrastra 11 horas y 59 minutos en las piernas. Salvo el útimo duelo de cuartos de final con Verdasco, estirado hasta las cinco mangas, el escocés ha superado sin encajar golpes todos los peldaños de la escalera hacia las semifinales del torneo londinense. Janowicz, sin embargo, es el segundo hombre que menos tiempo ha empleado en su trayecto hacia la penúltima ronda del tercer grande del curso (9 horas y 48 minutos por las 9 horas y 43 minutos de Djokovic). ¿Debería ser eso una ventaja? La experiencia dice que la adrenalina es capaz de igualar cualquier diferencia física en un partido de semejante importancia, pero un soplo de aire fresco será bien recibido si la batalla llega a límites que pongan a prueba la resistencia del cuerpo.

Una atmósfera para corazones de hierro - Sucede en el partido de cuartos de final entre Fernando Verdasco y Andy Murray. Pascal Maria, el juez de silla, tiene que llamar la atención de la grada pidiendo respeto cuando el número dos mundial comienza a cincelar su remontada en los albores de la tercera manga. El público de la central de Wimbledon, siempre tan respetuoso, habitualmente señalado como ejemplo de nobleza deportiva a lo largo de toda la historia, olvida la diplomacía con Murray en escena. Las gargantas encencidas de la tribuna londinense aúllan intentando que Andy selle una grieta abierta durante 77 años. Fred Perry ganó en 1936 Wimbledon. Ningún británico ha vuelto a hacerlo. Es Murray contra la eternidad y nadie más.

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