Tommy Robredo enamora a París para meterse en cuartos de final

El español entró en la historia del tenis tras remontar a Almagro y convertirse en el primer jugador de la Era Open en remontar dos mangas adversas en tres partidos c

Tommy Robredo ha vuelto a lograr lo que parecía imposible: remontar de nuevo un partido que perdía por dos sets a cero. Nadie había conseguido hacerlo tres veces de forma consecutiva en un Grand Slam de la Era Open, pero en esta edición de Roland Garros el español está siendo más duro que una roca. Con una fe inquebrantable, ayudado de un físico hecho a prueba de bombas y con mucho tenis, ha conseguido darle la vuelta al encuentro que Nicolás Almagro dominaba por dos parciales de ventaja. El murciano, que aspiraba a llegar por cuarta vez en su carrera a los cuartos del Slam francés, llegó a ir arriba en el marcador con un break a favor en las tres últimas mangas. Pero en lo más profundo del abismo, la figura de Robredo volvió a resurgir de entre las sombras para sumar una nueva victoria y meterse en la antepenúltima ronda del torneo.

"Érase una vez la historia de un tenista que llega por cuarta vez a los cuartos de final de Roland Garros". Palabras textuales de Tommy Robredo en la primera semana de junio de 2009 a las cámaras de Televisión Española. El tenista de Holstaric acababa de batir en tres sets a Philipp Kohlschreiber en los octavos de final del evento parisino y cruzaría raqueta con Juan Martín Del Potro en la antesala de las semifinales. El tandilense, que por esa época empezaba a destaparse como un valor seguro en arcilla, no le dio opciones de romper el que hasta la fecha es el techo del gerundense en la cita más clásico de la tierra batida. En un par de días, tendrá una nueva oportunidad de poder romper moldes, pero en realidad, la historia ya le tiene reservado un hueco al catalán haga lo que haga el próximo martes ante David Ferrer.

Durante el duelo entre dos tenistas como Nicolás Almagro y Tommy Robredo se ha podido ver de todo. Puntos imposibles, golpes violentos que sobrepasaban al oponente, e incluso hemos observado a ambos jugadores jalear al entusiasta público de la Suzanne Lenglen en determinados momentos del partido. En el punto más caliente del encuentro, con cuatro iguales en el acto definitivo, solo se podían ver a dos almas con raqueta en mano intentando salir victoriosos del abismo que iba a envolver al perdedor. A esas alturas, poco importaba que el murciano tirase por la borda una ventaja de dos parciales o que hubiese tenido ventaja de break en los tres últimos sets. En ese momento, se golpeaba la pelota amarilla con el corazón, sin que importase nada más. Solo valía la victoria. En el caso del catalán, ganar significaba completar la hazaña.

A Nicolás Almagro, bravo jugador, le faltó de nuevo calma y temple en los momentos importantes. Quizá en su cabeza pesó la dolorosa derrota que le infligió David Ferrer en Melbourne hace unos meses cuando también comandaba el partido con dos sets de ventaja. Tommy Robredo, que ya estuvo cerca de la derrota ante Igor Sijsling y a un punto de la eliminación ante Gael Monfils, volvió de los infiernos en varias ocasiones. Caía 4-1 en la tercera manga, y 4-2 en la cuarta. Comenzó el acto definitivo perdiendo su servicio para darle al número trece del mundo una ventaja de dos juegos a cero. A pesar de las adversidades, en ningún momento se rindió. Luchó hasta la extenuación, se animó aunque pareciese imposible batir a un compatriota que cuenta con un tenis capaz de desbordar a casi cualquier jugador del panorama tenístico.

Un jugador como Robredo, que desde la humildad siempre ha luchado por mejorar día a día a pesar de las adversidades, no sabía que estaba haciendo historia. No era consciente de que si batía a Almagro, se iba a convertir en el primer jugador de la Era Open en ganar tres partidos de Grand Slam de forma consecutiva remontando dos sets adversos. Un compatriota suyo, Albert Costa, se acercó bastante a la hazaña que hoy logró este tenista residente en Olot. El de Lleida, que ganó la Copa de Mosqueteros en 2002, realizó una magnífica defensa de su título al año siguiente antes de perder en semifinales ante Juan Carlos Ferrero.

En esa ocasión, sobre la arcilla parisina, Albert Costa ganó cuatro de sus cinco partidos agotando el parcial decisivo. En tres de ellos, remontó dos sets adversos -ante Roitman, Lapentti y el mismo Robredo- pero no lo hizo de forma consecutiva. Entre medias, ganaría a Stepanek en segunda ronda también en cinco apretados parciales y en octavos a Arnaud Clement sin ceder una sola manga. En el día de hoy, Tommy ha hecho lo más difícil. El anterior precedente lo encontramos en el lejano 1927, mucho antes de la Era Open, cuando Henri Cochet logró lo mismo que el de Hosltalric en el césped de Wimbledon. Ochenta y seis años después y teniendo en cuenta la diferencia física de los partidos de la prehistoria del tenis con los de la actualidad, Robredo emuló al francés, a uno de los cuatro mosqueteros. Ni más ni menos. Siendo generoso en el esfuerzo, anticipándose a los golpes de Almagro, cogiendo la iniciativa, atacando con el alma cuando debía hacerlo, y defendiéndose con coraje y garra cuando los golpes del murciano le obligaban a tener que retroceder hasta la valla de publicidad.

Tommy Robredo, ese jugador que estuvo cerca de un año fuera del circuito aquejado de una lesión en la pierna. Un tenista que el año pasado, a estas alturas de curso, se encontraba en el puesto 470 del ranking ATP y volviéndose a sentir profesional disputando el torneo Challenger de Caltanissetta. Doce meses después, el gerundense vuelve a sonreír. Sonríe porque está de nuevo con los mejores, porque está por quinta vez en su carrera en los cuartos de final de Roland Garrós. Dentro de ocho días estará de nuevo en el top30 tras reencontrarse con su mejor tenis. Campeón en Casablanca y semifinalista en el Godó, aquel evento de club que ganó una temporada antes de que el Rafael Nadal comenzase su tiranía en el RCT Barcelona 1899, su rendimiento en París no es casualidad.

La Suzanne Lenglen se rindió a los pies de Tommy Robredo, un día más, como ya hizo hace tan solo dos tardes después de derribar a Gael Monfils, actor secundario de gran peligro sobre el polvo de ladrillo parisino. Tras tumbar a Almagro en otro durísimo duelo y alzar los brazos al cielo, el protagonista de la jornada se sienta en la silla y se acerca la toalla a unos ojos que se le van humedeciendo poco a poco. La alegría que inunda todo su cuerpo no puede ocultar la emoción del momento. Le supera. El trabajo bien hecho, la constancia y el sacrificio por volver a ser el que era han dado sus frutos. Escribíamos hace unas horas lo de "Si algo te gusta, persevera". Pues en el caso de Robredo, sigue vigente. Él sigue perseverando. Ahora, solo queda disfrutar y seguir con el sueño. Porque ya ha hecho historia. Todo el agradecimiento posible a su figura, porque nos ha hecho soñar a pesar de las adversidades. Porque hoy ha hecho a este deporte un poco más grande y un poco más bonito. Eterno Tommy Robredo.

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