Verdasco y su idilio con Madrid

El madrileño ya está en octavos de ‘su’ torneo tras batir a Raonic en tres sets

Fernando Verdasco vuelve a sentirse tenista. Tras varios meses aciagos donde las victorias brillaban por su ausencia, ha llegado el Masters 1000 de Madrid y se ha reencontrado con su juego. En los cinco primeros meses de temporada, su pobre balance presentaba solo tres partidos ganados por ocho perdidos, unos registros más próximos a un jugador situado fuera del top100 que al de un nombre como el del madrileño. Sin embargo, en La Caja Mágica ha vuelto a sonreír. Las victorias ante Goffin y Raonic le sitúan a un solo triunfo de igualar los cuartos de final logrados el pasado curso.

Jugar como local siempre dota a cualquier tenista de una motivación extra que no tiene en otros torneos. El tener enfrente a tu público, a tu familia en la grada apoyándote, hace especial cada encuentro, cada punto, cada victoria. En el caso de Fernando Verdasco, todo se magnifica si sobre el escenario de La Caja Mágica logró una de las mejores victorias de su carrera. Pero su idilio con la capital español comenzó antes de esa hazaña lograda hace apenas 365 días. Corría el año 2004, y el mejor jugador madrileño de los últimos tiempos contaba con solo veinte años de edad. Cuajó un auténtico torneazo, ganando a Bjorkman y a Hrbaty -en esos momentos el #12 del ranking ATP- antes de perder en octavos ante Robredo en un partido muy igualado.

Desde entonces, se esperó siempre mucho del rendimiento de Verdasco. Durante años fue una de las grandes promesas del tenis español, pero en suelo madrileño no acababa de rendir. No fue hasta 2009, el año de su irrupción como tenista top-ten, en el que volvió a encadenar victorias de forma consecutiva, ya con el torneo disputándose en la arcilla de La Caja Mágica. En esa edición pudo con Juan Carlos Ferrero y con Juan Mónaco, dos especialistas en polvo de ladrillo, antes de perder en cuartos de final ante Rafael Nadal, el rey de la tierra batida.

La antesala de las semifinales es su techo en la capital española. En el pasado curso, sobre el suelo azul de Madrid, protagonizó una de las grandes sorpresas de la temporada de tierra batida. Tras dejar en la cuneta a Falla y a Istomin, le tocaba cruzar raqueta con Rafael Nadal. En esos momentos, el balear ocupaba la segunda plaza del ranking ATP, y venía de ganar en Montecarlo y Barcelona sin ceder un solo set. El mallorquín era, además, uno de los tenistas que más vehementemente habían protestado contra la decisión de Tiriac de pintar la arcilla de color azul.

En una soleada tarde y con la losa de haber perdido los trece enfrentamientos disputados ante Nadal, entraba Fernando Verdasco a la pista Manolo Santana, sin quejarse de la pista ni entrar en discusiones sobre decisiones que una vez comenzado el evento, poco remedio podían tener. El madrileño golpeó primero, llevándose el primer set por 6-3, idéntico parcial que le devolvió el de Manacor en la segunda manga. En el acto definitivo, con dos breaks de ventaja y cinco juegos a uno en el marcador para Rafa, ninguno daba un duro por la remontada que finalmente llegó. Seis juegos de forma consecutiva y el jugador madrileño tendido sobre el suelo azul de Madrid, mirando el añil del cielo, llorando porque por fin había conseguido su objetivo.

La derrota del Open de Australia 2009, en semifinales, aún seguía doliendo como un puñal en su pecho. Pero desde el momento en el que pudo vencer a Rafa, Verdasco se quitó un peso de encima. Aunque al día siguiente perdió en dos cómodos sets ante el posterior finalista Tomas Berdych, nadie le podía negar la victoria conseguida el día anterior. Casualmente, a partir de ese triunfo, en vez de impulsar su juego debido a la confianza, sus resultados comenzaron a decrecer, hasta el punto de firmar en este inicio de 2013 un balance de victorias-derrotas de 3-8, muy alejado de los registros que le auparon en su día a la séptima plaza del ranking mundial.

Sin embargo, en Madrid ha vuelto a reencontrarse consigo mismo. Desde el Open de Australia solo había sumado una victoria en el circuito ATP -ante Steve Johnson en Houston- y en el cuarto Masters 1000 del año ya ha sumado dos. El pasado domingo ante David Goffin, y la de hoy martes ante Milos Raonic, todo un top-15 y una de las promesas llamadas a luchar por los grandes títulos en los próximos años. En octavos espera el ganador del encuentro entre Tsonga y Haase. Como objetivo, repetir presencia en los cuartos de final por segunda temporada consecutiva. Con la confianza por las nubes, quién sabe si Verdasco puede convertirse en el tapado del torneo.

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