Nadal, finalista en Indian Wells

El mallorquín peleará por el título en su primer torneo competido sobre cemento en once meses

Rafael Nadal ha sellado su plaza en la final del Masters 1000 de Indian Wells tras tumbar por duodécima vez consecutiva al checo Berdych. Corta en pedazos el avance de uno de los competidores del año, una fiera encendida desde el pasado otoño. Se trata de una nueva demostración de superación personal llegando al último peldaño de una escalera a la cual, apenas días atrás, parecía difícil que siquiera pudiera ser capaz subirse.

En el Valle de Coachella, el mejor torneo de cemento de su trayectoria deportiva, el mallorquín llega al desenlace por cuarta vez, volviendo a convertir en posible lo que difícilmente entraba en la imaginación de una mente no excesivamente llevada por el entusiasmo. Muchas eran las dudas planteadas sobre su presencia en el torneo o incluso su aversión a las pistas duras tras los contratiempos sufridos. Como un castillo de naipes vencido por una corriente de aire, esos interrogantes han quedado repartidos por el suelo.

Es elevado el volumen de lo logrado: tras once meses alejado de la superficie en competición, el mallorquín se planta en el partido por el título en el primer torneo. En su reinserción deportiva, una fase de toma de contacto con el ritmo profesional, no falta a una sola final en sus primeros cuatro eventos. Yendo desde la plaza más modesta al escenario más serio. Desde un torneo donde hay rivales con ranking de tres cifras a eventos donde no falta ni uno de los diez primeros. Desde un ATP 250 de perfil más bien modesto al Masters 1000 de más altos vuelos. En el último partido de todos ellos, una constante: la cabeza rodeada por el pañuelo.

Un tipo que hace de los horizontes vallas de atletismo. Lo que parece pronto para el mañana ya lo ha convertido en ayer. Quizá llegase algo pronto un torneo sobre cemento. Sin apenas preparación para encarar la cita, contadas las horas de entrenamiento. Sin lugar a la transición desde la arcilla al cemento. Ernests Gulbis, Roger Federer, Tomas Berdych, nombres de altura cuya sola mención podía generar interrogantes al enfrentar en el retorno. Ha caído uno tras otro. En cemento. De forma consecutiva. En cuatro días.

La evolución sigue su curso desde la cautela mostrada en Viña del Mar. Al hacer repaso de su transcurso por la gira latinoamericana de arcilla en este mismo portal, resumíamos las sensaciones desplegadas por el mallorquín en unas sencillas palabras. “De menos de los acostumbrado a más de lo imaginable”. Un patrón de crecimiento que ha seguido su curso pese a encontrarse en un escenario cobijo de menos certezas y mayores miedos. ¿Cómo respondería la articulación sobre el cemento? ¿Estaría preparado para mirar a los ojos a los grandes hombres del momento? Buena parte de los mensajes guardan una línea positiva hasta el momento. Ha pasado de ceder una final con Horacio Zeballos o entregar sets ante Berlocq o Alund a ceder un parcial en los últimos diez partidos, incluyendo tres triunfos ante tenistas top10.

Trotando sobre el cemento, el mallorquín ofrece una melosa sinfonía a los asistentes. Un silbido que indica la proximidad del séptimo de caballería. El roce continuo de sus zapatillas contra el cálido asfalto de California genera un sincero chirriar en mitad del desierto. La presión con que empuja el tren inferior contra la superficie hace resonar la fortaleza de sus raíces. Nadal zapatea el suelo con toda la fuerza de sus articulaciones. Sin miedo a la respuesta de una rodilla mil veces mentada y tantas otras pacedida. Con cambios de dirección enérgicos, frenazos poderosos, arrancadas imperiosas. Ha podido cubrir su revés hasta golpear numerosas derechas invertidas, señal de mejora en la rodilla. Llega, incluso, a deslizar en numerosas ocasiones a ojos de todos, señal de buenas sensaciones en el origen de sus miedos y en la fuente de sus mayores virtudes.

La convicción de las piernas encuentra correspondencia en el despliegue de los brazos. A un buen nivel de servicio (rondando el 70% de éxito en primeras entregas toda la semana) se une el peso y la profundidad de unos tiros pronto adquieren la entidad de los mejores días. Las esferas surcan metros y metros de liviano aire californiano antes de tomar tierra, forzando al receptor a una acción de retroceso. Empuja, resopla, manda en cada impacto. No da respiro a la bola, imprimiendo al juego un patrón sin contemplaciones, directo.

Está, también, la capacidad para sobreponerse al viento adverso. De utilizar el golpe que guarda entre los hombros para terminar de abrir la brecha. En su semifinal encuentra dos momentos de espesor a los que responde con firme bravura. El primero, tras recibir una llamada de atención por excesiva demora al poner en juego un servicio. Sirviendo para ganar el primer parcial, con 30-30 en el marcador. Tras una legítima advertencia, no deja que el factor externo se inmiscuya en su interior. Dibuja un ganador de revés y sella la manga con un poderoso primer servicio. El segundo cepo, al encarar la única rotura de todo el partido cometiendo una doble falta que deja a su adversario sirviendo para sellar el acto intermedio. Inmediatamente activa las alarmas, diluyendo cualquier esperanza al otro lado de los nudos creando una lluvia de golpes ganadores con su derecha. Recuperará el quiebre y no volverá a ceder un juego, sellando los últimos cuatro del duelo.

Forrado de un verde quirófano ha ido diseccionando rivales de altura, desbrozando las cuestiones plasmadas por el cemento. Ha llegado incluso a una circunstancia inverosímil. No sólo rinde a nivel notable, sino que salta por encima de su techo. No sólo no pierde terreno sino que suma puntos respecto al año anterior. Y en el horizonte, se repite el mensaje pero es de digna insistencia, otra barrera inimaginable: la corona de California que le devolvería al cuarto puesto. Útil herramienta para evitar cuadros más severos (eludir rivales top4 hasta la ronda de semifinales).

La duda sobre el mallorquín e Indian Wells ha tomado un rudo viraje. Del "¿puede jugarlo?" al "¿puede ganarlo?". Sea cual fuere el desenlace, flota en el ambiente un mensaje al que poder despojar cualquier envoltura: Rafa ha vuelto.

Comentarios recientes