Liam Broady: el relevo del tenis británico

Con una historia detrás increíble, juega al tenis por devolver el honor a su familia y va camino del estrellato

Hoy en Punto de Break, dedicamos estas líneas a Liam Broady (4 de enero de 1994), joven tenista británico nacido en Stockport, ‘town’ de poco más de 130.000 habitantes, donde casualmente también nació Fred Perry, el último tenista británico en ganar Wimbledon (1936). ¿Coincidencia o destino?

Liam, doble finalista de Grand Slams Junior (Wimbledon 2011 y US Open 2012), ha formado parte este año del top10 mundial de juniors que elabora la ITF. Como siempre, en Punto de Break no nos quedamos en cómo juega y cuál es el potencial de este chico, sino que también nos da por pensar: ¿quién es Liam Broady?

Liam es ese chico malo y bueno a la vez, canalla pero responsable, maduro pero con arrebatos. Pelo rubio peinado con raya a un lado y pendiente en la oreja. Tiene tras de sí una historia personal apasionante; si hubiera nacido en la Edad Media, diríamos que su proyecto de vida sería restablecer el honor de su familia. En cierta manera, vivirá una historia parecida.

Era septiembre de 2007, Naomi Broady, la altísima hermana de Liam -cuatro años mayor que él- protagonizaba un comunicado de la LTA, la federación británica de tenis. Ella y su compañero David Rice eran expulsados y sancionados por la LTA por ‘conducta poco profesional’ y ‘falta de disciplina’. ¿Qué había ocurrido? Habían publicado en la red social Bebo unas imágenes donde aparecían tras una noche de fiesta, salía abrazada a una máquina de condones vestida con unos pantalones diminutos y un top, además los comentarios que acompañaban las fotografías eran del todo inadecuados para futuros grandes deportistas de élite. No obstante, no hemos tenido acceso a la imagen sólo a los comentarios de quienes lo vieron.

Tras aquella retirada de financiación y entrenamiento, Naomi volvió a casa, con apenas 17 años. Su hermano Liam, entonces tenía 13. Su padre, Simon Broady, vendió su casa y se empeñó con todas sus fuerzas en conseguir, al margen de la LTA, que sus hijos alcanzaran el profesionalismo. La enemistad del padre con Roger Draper, consejero delegado de la LPA, era de tal magnitud que aunque después se ofrecieron mil y una ayudas para Liam, la familia se negó. La joven promesa masculina británica, quedaba al margen de los proyectos de la LTA y de sus presupuestos -de enorme volumen- en busca de futuras estrellas británicas.

Obviamente esto te da más motivación para luchar más duro, pero tengo que intentar estar centrado y enfocarme en mi tenis, dejando de lado temas políticos”, comentaba Liam a The Telegraph en el mes de julio del 2011. “Llevo jugando al tenis desde que tengo cuatro años y él me lo ha dado todo. Estoy donde estoy, gracias a él”, decía refiriéndose a su padre. Había que recuperar el honor de la familia, y el joven caballero estaba dispuesto a hacerlo.

Seguidor incondicional -casi ultra- del Manchester City, es un apasionado de los McDonald’s, le encanta -poco habitual en los chicos- salir de compras y quedar con sus amigos de siempre. Tras el tenis, tiene como hobby deportivo la natación, y ya desde tan temprano le acompaña cierta fama de tener éxito con las mujeres.

El tenis de Liam es ciertamente atípico en escuelas como la británica, quizás porque jamás ha pisado por los centros de alto rendimiento de la LTA. Aporta aire fresco al futuro del tenis británico tras Murray y al propio tenis británico de siempre. Si su tenis se pusiera en una balanza es evidente que está ciertamente desequilibrado, tiene una derecha formidable, con potencia, muchas opciones y una capacidad para envolver alucinante. Junto a esta derecha gana gran cantidad de puntos gracias a otros recursos: domina los efectos, tiene habilidad en la red, toque en la muñeca para globo y dejada, etcétera, que además sabe utilizar en la medida exacta y en los momentos precisos, algo de lo que adolecen muchos profesionales.

Sin embargo, entre sus defectos encontramos un revés excesivamente débil, que en estático, esto es, en ataque, puede ‘salvar los muebles’, pero que en defensa es su gran punto débil. Y también ha de mejorar su servicio, sí lo juega de distintas maneras, pero al final en los momentos clave es fácil leerle, así como su potencia deja ciertamente mucho muchísimo que desear.

Cuando juega con confianza es valiente y decidido que es la gran mayor parte del encuentro, aún yendo por debajo, el problema lo tiene en ese momento final donde sólo los mejores hacen su aparición, y es cuando se achanta y se recrimina en exceso. En cualquier caso, son detalles que poco a poco ha ido puliendo.

Guárdenme las distancias que son muchas, pero deberá seguir idéntico proceso que el que ya caminó en su día Rafael Nadal -con quien también tiene en común que ambos son zurdos con revés a dos manos-. Ya tiene la derecha, que es el gran valor de su tenis. Pero es versátil y sus finales junior en Wimbledon y US Open, así lo demuestran. Con un juego más de tierra, donde triunfa es donde hay menos tiempo para buscar la derecha. Eso sólo puede ser valorable positivamente y significa que en el futuro podrá desarrollar un gran juego en todas las superficies, casi con total seguridad.

Patrocinado por Nike, es una de esas figuras que dará de qué hablar en el futuro, sin dudas. Su perfil personal, como icono publicitario, es inmejorable y en lo que se refiere al nivel al que competirá, siempre s difícil de pronosticar, pero los británicos tienen puesta en él toda su confianza, y ¿por qué no ser el sustituto de Andy Murray? Junto con Robson y Watson en el apartado de promesas femeninas y masculinas y liderados por Andy Murray, Gran Bretaña se prepara para una de sus mejores épocas en el tenis mundial tras una ausencia demasiado prolongada para ser la cuna del tenis.

Los actuales líderes indiscutibles del circuito se van haciendo mayores, y por mucho que el tenis cada día sea más longevo, nada podrá evitar que algún día se produzca un cambio de generación, y en ese día Liam Broady será uno de los que tome el testigo.

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