Bernard Tomic y Lleyton Hewitt, polos opuestos

Mientras Lleyton Hewitt es capaz de vencer a un Top 10 en Valencia, Bernard Tomic cae otra vez de forma rotunda en Basilea

Los australianos Lleyton Hewitt y Bernard Tomic son dos polos opuestos, mientras el primero sigue siendo un ejemplo de profesionalismo y es capaz aún de ganar a rivales bien situados en el ranking, el segundo empieza a demostrar una falta de ambición y de esfuerzo muy preocupante de cara a su futuro.

Lleyton Hewitt y Bernard Tomic son tenistas que no dejan indiferentes a ninguno. Ambos son la bandera del tenis australiano en un momento muy delicado para un país que cabalga en un momento de transición entre un pasado glorioso y un futuro prometedor. Hewitt representa el nexo con el pasado, con la gloría de aquellos tenistas australianos que siempre triunfaron en el circuito. Tomic, en cambio, es el porvenir, la esperanza, el hombre destinado a devolver a Australia a la cima del tenis. El representante de esa joven hornada de tenistas australianos (Saville, Kyrgios...) que en un tiempo no muy lejano deben llamar a las puertas del éxito.

Tomic y Hewitt son la imagen del tenis "aussie".Foto:adelaide.com.au

Dos generaciones distintas y dos formas de interpretar el tenis y la vida. Hewitt, a sus 31 años, es un hombre casado, comprometido con las obligaciones familiares, esas que son propias de un padre de tres niños. Ex número 1 del mundo y con dos Grand Slams y la Copa Davis a sus espaldas, sabe que el sueño de ganar el Open de Australia ya no será posible a menos que un milagro ocurra.

Con una cadera maltrecha y un pie en delicada situación, posiblemente muchos hubieran optado ya por la retirada, y muy pocos serían los que estarían recorriendo medio mundo en busca de subir ranking. No, sin embargo, él, que parece seguir ilusionado con el tenis y demostrando que aún es capaz de hacer cosas importantes en el circuito.

Esta temporada ha estado parado cuatro meses y ha disputado sólo 14 torneos. Incluso, ha perdido hasta cinco veces en primera ronda, pero ha tenido la honestidad de competir, de dar el 100% y de ser combativo, esa cualidad que destaca en él como en muy pocos otros tenistas del circuito. Su espíritu inquebrantable y su fe en sí mismo le ha hecho ser capaz de ganar a gente como el canadiense Milos Raonic o el estadounidense Andy Roddick en Australia, o a hacer sufrir al mismo Novak Djokovic en los Juegos Olímpicos, al que estuvo a un paso de eliminar en octavos de final. También David Ferrer supo lo duro que era ganar a Hewitt en el US Open, a pesar de venir el australiano con un partido de más de cuatro horas y media la jornada anterior.

Tras caer en el Masters de Shanghái en primera ronda, lo más fácil hubiera sido volver a casa, cerrar la temporada y esperar la llegada en enero de la gira de su país. Sin embargo, en un gesto que le honra decidió partir a Europa, para acabar el año de la mejor manera posible. Y parece que va por el buen camino.

Cuartofinalista en Estocolmo donde fue despachado por Nico Almagro, la cita sueca ha sido su segunda mejor actuación del año tras la final de Newport. Sin embargo, su gran golpe ha venido en Valencia, donde ha sido capaz de volver a ganar a un Top 10 como Juan Mónaco tras diez intentos fallidos.

Actitud totalmente contrapuesta que la que viene sufriendo su relevo generacional. Tomic, a sus recién estrenados 20 años, ya se ha visto inmerso en un sinfín de problemas y conflictos. Recriminaciones a su padre en mitad de un partido, problemas con la policía australiana o salidas de tono habituales, forman parte del repertorio de la promesa australiana.

Aunque, quizás, lo peor sea la falta de actitud y la desmotivación. Cuando a su edad lo lógico haría pensar que debería de comerse el mundo, Tomic se ha empeñado en su lugar, en ofrecer una tremenda sensación de desgana. Una apatía que le ha llevado a perder hasta en seis primeras rondas consecutivas este año, a conceder seis "roscos" en lo que va de temporada y a dañar su imagen de una forma peligrosa, especialmente en los dos últimos meses donde ha cosechado desastre tras desastre.

En la segunda ronda del US Open, ante un casi retirado Andy Roddick, sólo fue capaz de sumar cinco puntos en una de las peores terceras mangas que se recuerdan de un jugador en Nueva York. De nada, le valieron las críticas que sufrió de su capitán de Copa Davis, Patrick Rafter, y de un mito de la raqueta como John McEnroe por su actitud en pista.

En Shanghái volvió a las andadas cayendo ante Florian Mayer (4-6, 0-6) en el partido más rápido de la temporada. 46 minutos le bastaron al alemán para enviar a casa a un jugador que encima declaró en la rueda de prensa posterior al encuentro que sólo había sido capaz de dar el 85% de su nivel en el segundo set.

Un resultado que casi hay que considerar positivo si se tiene en cuenta que en su última aparición en Basilea, sólo ha sido capaz de hacerle dos juegos al ruso Mikhail Youzhny, consumando su novena derrota en primera ronda en los trece torneos posteriores a Roland Garros que ha disputado.

Incluso ya son muchos los que piensan que Tomic debe de acabar la temporada cuanto antes. Entre ellos, Darren Cahill, ex entrendor de Hewitt y Agassi, que le ha recomendado “coger un avión lo más pronto posible hacia Australia y cargar baterías para 2013”.

Tomic ha perdido otra vez con estrépito en Basilea. Foto:sportskeeda.com

Un camino cada vez más diferente

Los caminos de Lleyton Hewitt y Bernard Tomic cada vez empiezan a parecerse menos. Ambos fueron talentos muy precoces con la raqueta. Dotados los dos de una fuerte personalidad, Hewitt con sólo 16 años y 10 meses fue capaz de ganar su primer torneo ATP en Adelaida derrotando incluso a una leyenda como Andre Agassi. Por su parte, Tomic con 15 años ya sabía lo que era ganar el Open de Australia junior y con 16 debutar en el cuadro principal del mismo torneo y además ganar un partido ante el italiano Potito Starace.

Sin embargo, mientras, uno a los 20 años ya era número 1 del mundo y había ganado su primer torneo de Grand Slam en el US Open de 2001, otro camina sin ningún título en su carrera hacía atrás, retrocediendo en la clasificación y saliendo del Top 50. Caminos, sin duda, muy distintos.

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