La crisis del tenis sueco

Un país de grandes leyendas del tenis como Suecia tiene que ir al puesto 436 del ranking para encontrar a su mejor hombre: Patrick Rosenholm

Julio Muñoz | 18 Oct 2012 | 11.11
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En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.
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Patrick Rosenholm era la única esperanza del tenis sueco en el torneo de Estocolmo para evitar una nueva debacle. Su sorprendente victoria en primera ronda ante un “tocado” Gael Monfils había abierto una puerta a la ilusión a una afición muy necesitada de triunfos en los últimos años. Sin embargo, su derrota contra el ruso Mikhail Youzhny ha devuelto los pies a la tierra al mejor tenista sueco del momento y a un país que camina poco a poco hacía la más absoluta de las miserias, tenísticamente hablando.

A sus 24 años, Rosenholm era el último clavo ardiendo al que los seguidores locales se agarraban. Clasificado en el puesto 436 del ranking, lo cierto es que a día de hoy no hay ningún sueco capaz de superarle en la clasificación mundial. Triste panorama para un país que siempre se ha caracterizado por tener grandes jugadores entre los mejores del mundo.

La situación es tan grave, que ni siquiera en un torneo tan importante para ellos, como el de Estocolmo, han podido meter a más jugadores en el cuadro principal. Y es que fuera de Rosenholm el vacío aún es más grande. Entre los 500 primeros del mundo, sólo Michael Ryderstedt y Christian Lindell aparecen.

La prueba más grande de esta falta de jugadores de nivel, la Copa Davis. En el torneo de la Ensaladera después de muchos años en el Grupo Mundial han bajado tras caer de forma rotunda ante Bélgica por 5-0. Y lo peor es que lo hicieron llevando un conjunto donde su máxima baza era un casi retirado Andreas Vinciguerra (que sólo ha jugado dos partidos este año), recuperado para la causa sin éxito. Atrás quedaron los años donde Suecia daba miedo ganando siete títulos o llegando hasta en cinco ocasiones más a la final.

Sólo la posible vuelta de Robin Söderling, ex número 4 del mundo y apartado del circuito desde julio de 2011 por una presunta mononucleosis puede aportar algo de luz.

Söderling es la gran baza del tenis sueco. Foto:apurosport.com

La pregunta que surge evidentemente es ¿ cómo es posible que una otrora potencia del tenis mundial haya llegado a esta situación tan alarmante como esta? La respuesta ofrece muchas alternativas que convienen analizar para hacer un análisis lo más acertado posible.

La primera causa de este vacío tan grande es la falta de afición que últimamente se viene produciendo en Suecia respecto al tenis. Igual que en los años 80 y 90, la mayor parte de los niños querían tener una raqueta en sus manos, la situación es ahora drásticamente diferente. En un país donde el deporte es casi una obligación, existen otras disciplinas mucho más atractivas para los escandinavos. El Hockey hielo es el gran deporte nacional y casi todos los jóvenes suecos con llegar a ser profesionales. El fútbol es evidentemente una gran pasión y es seguido por millones de personas. Incluso el balonmano, el duatlón o el esquí de fondo (prácticamente toda la población sabe esquiar) ocupan lugares más predominantes que el tenis.

Hasta tal punto ha llegado la situación que algunos fabricantes de raquetas ya han mostrado su preocupación por el serio descenso en sus ventas como consecuencia de la apatía de los suecos hacia el tenis. Incluso, existen hasta problemas para encontrar operadores de televisión que se interesen por retransmitir algunas eliminatorias de Copa Davis. La falta de ídolos (como lo fueron Borg, Wilander o Edberg en su día) ha ayudado en gran medida a este pobre interés.



Tampoco la situación económica de la Federación Sueca de Tenis ha ayudado a paliar el delicado momento. En ese sentido se ha trabajado mal. La falta de dinero y unas cuentas muchos años en números rojos han provocado estructuras arcaicas que apenas han funcionado. Muchos de los mejores entrenadores del país han salido a otros lugares en busca de ganar más dinero del que les ofrecen en Suecia. Tampoco la difusión del tenis es la correcta. Alguna de las publicaciones más importantes del país ha desaparecido y otras están bajo mínimos.

¿Hay futuro?

Ante todo este panorama uno se pregunta cuál es el futuro que le queda al tenis sueco. En ese sentido, parece que las cosas se están intentando arreglar o cuanto menos paliar. Varios tenistas importantes de finales de los 90 y principios de los 2000 (Magnus Norman, Nicklas Kulti y Mikael Tillström) han creado una importante escuela para jóvenes talentos con la que intentar dar cancha a los nuevos valores. El objetivo no es otro que dotar de más calidad a la enseñanza del tenis sueco.

La Federación está tratando por todos los medios de elevar el nivel. Para ello, ha creado nuevos sistemas de torneos en las categorías menores con el fin de aumentar la competitividad y elevar el listón de los nuevos jugadores.

Además, parecen que existen algunos juniors que prometen, sino lograr títulos importantes, si por lo menos llegar a la élite. Daniel Berta sabe lo que es ganar Roland Garros Junior en 2009 a pesar de que a sus 20 años aún no acaba de despegar dentro del circuito profesional. Y Elias Ymer con 16 años ya empieza a aparecer entre entre los 40 mejores juniors.

Daniel Berta ganó Roland Garros Junior en 2009. Foto: tennis-pronostics.com

Además, la estructura de torneos profesionales parece sólida. Estocolmo sigue siendo un torneo con solera dentro de la gira europea bajo techo y suele tener una nómina de ganadores ilustres (sin ir más lejos 2008 lo ganó Nalbandian y 2010 Federer). Y Bstaad es una referencia dentro de la gira de tierra batida europea de verano.

El problema es que superar los registros de los años 80 y 90 es casi imposible. Jugadores como Björn Borg (11 Grand Slams), Stefan Edberg (6) o Mats Wilander (7) son irrepetibles. Como lo es llegar a siete finales seguidas de Copa Davis entre 1983 y 1989. Incluso meter 13 hombres entre los 100 primeros, como sucedió en 1987, no resulta nada fácil para un país de apenas 9 millones de habitantes. Y es que tal vez, los suecos se acostumbraron muy mal en aquellos años dorados.

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