James Blake, el fin de una época

James Blake representa uno de los últimos recuerdos de una generación de tenistas estadounidenses imborrables

James Blake representa como nadie el ocaso del tenis norteamericano, este tenista de casi 33 años simboliza el fin de una generación maravillosa de jugadores estadounidenses que poco a poco empiezan a retirarse dejando paso a nuevos a los nuevos valores emergentes.

Número 97 del mundo en la actualidad, ya muy poco queda de aquel tenista capaz de llegar a la final de la Copa Masters de 2006, ganar la Copa Davis de 2007 o hacer de las pistas del US Open, un lugar propicio para el espectáculo.

El paso de los años están pasando factura a un hombre acostumbrado a vivir permanentemente en una montaña rusa que tan pronto lo encumbraba a los focos de la televisión por una actuación estelar como por una desgracia personal. Y es que la vida de James Blake, nunca fue fácil, ni dentro ni fuera de las pistas.

Con apenas 13 años le fue detectada una severa escoliosis en la columbra que le obligó a llevar 18 horas al día corsé durante cinco años. Un palo duro para un chico que soñaba con ser profesional del tenis algún día. Sin embargo, si en algo ha destacado Blake ha sido en saber recuperarse de los problemas. Tanto que fue capaz de superar ese contratiempo y hacerse profesional en 1999, sin ni siquiera haber cumplido 20 años.

Las primeras temporadas no fueron fáciles para el norteamericano que no obstante, se permitió el lujo de debutar en Copa Davis en el año 2001, en una eliminatoria contra la India, donde llegaría a convertirse en el tercer afroamericano (tras Arthur Ashe y MaliVai Wasghinton) en disputar la Ensaladera con EE.UU. Aunque sin embargo, su fama le vendría por un incidente en un partido de segunda ronda del US Open contra el entonces número 1 del mundo, Lleyton Hewitt, que acusaría a un juez de línea de favorecer a Blake por el color de su piel.

El año 2002 sería el despegue del tenista de Nueva York, ya que lograría alzarse con su primer título en Wasghinton venciendo en la final al tailandés Paradorn Srichaphan y dejando en la cuneta a Andre Agassi en las semifinales. Dos finales más le catapultaban a colarse entre los 30 mejores al finalizar el año.

La vida parecía sonreirle. Su juego rápido, agresivo sin dejar apenas botar la pelota agradaba al público norteamericano. Y lo mejor de todo, funcionaba, sobre todo en pistas rápidas dando buenos resultados.

Un espejismo para lo que vendría en 2004. El “annus horribilis”de Blake. Entrenando con Robby Ginepri en la tierra batida de Roma sufrió un resbalón que le hizo chocar con el poste de la red y romperse el cuello. Por si fuera poco, un cáncer de estómago acabó con la vida de su padre al mismo tiempo que un herpes zóster le paralizaba una parte de la cara. Todo un drama que le llevaría a escribir incluso un libro.

No sería hasta mediados de 2005 cuando Blake volvería de nuevo a destacar. Y lo haría con fuerza. Derrotando a Rafa Nadal en el US Open y alcanzando los cuartos de final del torneo, donde sólo Andre Agassi sería capaz de derrotarlo en uno de los mejores partidos de siempre del US Open que acabaría resolviéndose en el tiebreak del quinto set. A esa buena actuación en Flushing Meadows uniría los títulos de New Haven y Estocolmo.

Pero el gran año de Blake vendría en 2006. La temporada más exitosa de su carrera. Cinco títulos y una final en Indian Wells le llevarían al Masters de Shanghái, donde alcanzaría una sorprendente final que le valdría para acabar como número 4 del mundo. Su espectacular resto y una derecha explosiva le hicieron derrotar a Nadal, Davydenko y Nalbandian. Roger Federer, sin embargo, le privaría de lograr el gran título individual de su carrera.

Blake llegó a la final del Masters en 2006

Porque a nivel colectivo si que lograría un año después hacerse con la Copa Davis,su gran conquista. Junto a Andy Roddick y los hermanos Bryan formaron un cuarteto que acabaría haciéndose con la Ensaladera ante Rusia.

La temporada 2008 sería la última a gran nivel de Blake. A pesar de no ganar ningún título, Blake tuvo su momento del año, en Pekín. En la cita olímpica rompería el gafe que le había llevado a perder ocho veces seguidas con Federer y lograría clasificarse para las semifinales al apear al suizo en cuartos. Sin embargo, una dramática derrota en semis contra Fernando González (11-9 para el chileno en el tercero) donde perdonó tres bolas de partido, y otra con el serbio Novak Djokovic en la lucha por el tercer y cuarto puesto le privarían de obtener medalla.

A partir de ahí, Blake iría, en parte a las lesiones y la edad, perdiendo paulatinamente protagonismo de un circuito del que parece que cada día está más cerca de irse. De hecho, el mismo tenista ya ha señalado que si las molestias en las rodillas no desaparecen pondrá fin a su carrera deportiva.

Blake, el recuerdo de una gran generación

James Blake representa el último recuerdo de una gran generación de tenistas norteamericanos. Aquella, que gracias a su juego espectacular y atrevido era capaz de meterse a los espectadores en el bolsillo. El propio Blake Agassi, Roddick,o un Fish en pleno rendimiento, eran unos hombres que aún hacían creer al público estadounidense que ganar un Grand Slam todavía era posible.

Blake ganó la Davis en 2007. Foto:bleacherreport.com

Hoy la realidad es bien diferente. Con nueve representantes dentro del Top 100, sólo John Isner puede presumir de estar entre los 20 primeros. Un pobre bagaje para un país que echará mucho de menos a Blake cuando este decida colgar la raqueta.

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