La crisis a superar del tenis masculino australiano

Tomic, Duckworth y Mitchell, ilusionantes promesas, auguran el fin de una crisis que se ha prolongado 10 años

El tenis es un deporte de tradiciones y de grandes naciones, por eso llama la atención el bajón que ha pegado en los últimos años el tenis australiano masculino, una escuela que dominó el tenis mundial y que los últimos años ha vivido excesivamente del ya muy veterano Lleyton Hewitt y del muy joven Bernard Tomic, un hueco de 11 años sin ningún tenista destacable que bien merece una valoración.

Australia ha tenido grandes campeones a lo largo de su historia; cuando el tenis aun no se jugaba de forma profesional el país ‘aussie’ ya brilló repartiéndose junto a Estados Unidos y Gran Bretaña todos los grandes títulos. Y con la entrada en la denominada ‘Era Open’ el tenis australiano recorrió esa transición de manera espectacular lo que le permitió seguir siendo uno de los países referencia.

Nombres como Rod Laver, Ken Rosewall, Roy Emerson, Jack Crawfort, James Anderson, Adrian Quist, John Newcombe, Patrick Rafter, Mark Philppoussis, Lew Hoad, Tony Roche y Lleyton Hewitt dejan patente el dominio australiano del tenis mundial durante tantos años. Han ganado numerosas Copa Davis (28 títulos) y Grand Slam, pero a día de hoy no tienen presente.

Durante los últimos 10 años apenas han aparecido jugadores destacados que cubrieran las espaldas a Hewitt. Hoy apenas tienen 5 tenistas en el top200, por lo que sólo un 2,5% de los denominados profesionales son australianos. Tienen una gran infraestructura, tradición y torneos; y durante los últimos años se han empleado a fondo por conseguir que el futuro del tenis masculino australiano volviera a ocupar su lugar, ese que le concede la historia. Su top5 actual es el siguiente:

1. Bernard Tomic – 19 años – Rank: 49

2. Marinko Matosevic – 26 años – Rank: 64

3. Matthew Ebden – 24 años – Rank: 72

4. Lleyton Hewitt – 31 años – Rank: 159

5. James Duckworth – 20 años – Rank: 194

Este es su top5, que llama la atención se cierre en el lugar 194 del ranking mientras que potencias como España lo hagan en el 27, Francia en el 32, Estados Unidos en el 59 o Argentina en el 63. Cuando hace unos años se hizo el estudio de esta situación los dirigentes de la Federación Australiana de Tenis desesperados adoptaron la política de nacionalizar a tenistas nacidos en otros lugares; proporcionándoles un futuro en Australia, los mejores entrenadores y unas instalaciones punteras. Por esa razón Tomic, de gran futuro, aunque nacido en Stuttgart, está nacionalizado australiano; así como Matosevic, cuyo origen está en Bosnia y Herzegovina; y como Ebden natural de Durban (Sudáfrica).

Con el tiempo se han dado cuenta de que esto a los aficionados al tenis en Australia, que son muchos, no les acabe de gustar; no por asuntos racistas ni nada que se le parezca, sino simplemente porque no acaban de sentir a estos deportistas, ‘australianos fabricados’ como título un periódico de aquél país entonces, como suyos. Ahora el tenis australiano con mucho más recorrido con Samantha Stosur, campeona del último US Open y número 5 mundial, se ha enfocado al tenis femenino mientras veía que los problemas con sus chicos no se solucionaban.

Un país como Australia necesita referencias y por eso ahora se ha contratado a los mejores entrenadores, y se les han dado muchísimos medios con un simple objetivo: tener campeones. Y no sólo eso, sino tener tenistas. Ahora se enfocan en conseguir una nutrida representación de tenistas en el top100 como tienen España, Francia o Argentina. No necesitan un número 1 pero sí tenistas con los que ilusionarse y a los que ver cuando celebran su querido Open de Australia, el Grand Slam mejor organizado según la opinión de casi todos los tenistas.

El futuro del tenis masculino australiano tiene tres grandes nombres para ilusionarse. Las 'vacas flacas' parece que han pasado tras muchos esfuerzos. Ahora tendrán el australiano campeón malo, el australiano perfecto y el guapo tenista-actor; resumiendo el futuro de Australia pasa por el malo, el bueno y el guapo. El primer de ellos es Bernard Tomic, un tenista de un nivel brutal, que apenas tiene 19 años pero que ya forma parte del top50 de la ATP; ahora bien, Tomic no tiene cabeza de campeón. Abre mucho la boca, para desgracia de sus seguidores, y normalmente para hacer declaraciones problemáticas. En cada torneo aparece con una mujer diferente, corre con el coche 80 km/h encima de lo permitido, da positivo en un control de alcoholemia al volante, se pelea con su padre en plena pista y decide retirarse del partido, ha abandonado algún partido cuando lo ha visto perdido, no lucha si siente que el partido se le ha ido, dice en declaraciones verse ‘tranquilamente’ ganando el oro en estos Juegos Olímpicos (fue eliminado en primera ronda por Kei Nishikori) o que se ve con más talento que Federer.

Al margen de Tomic, aparece el tenista 'bueno', el principe rubio de ojos azules y perfecto que encanta a los padres australianos que juegan cada fin de semana al tenis, es James Duckworth, tenista muy australiano, formado en el grupo AIS, algo así como unas becas ADO de aquél país que buscan el futuro de su deporte, muy mimado por todo el tenis australiano y nieto de Beryil Penrose, campeona doble del Open de Australia. Es, más que Tomic, la gran esperanza del tenis australiano y con declaraciones como “mi sueño no es más que representar dignamente a Australia en Copa Davis” se gana aún más al público local.

Por último el guapo será: Benjamin Mitchall, australiano nacido en Golden Coast, también promete muchas alegrías. Ya alcanzó la final del Wimbledon Junior de 2010 y ahora con 19 años afronta el salto al tenis profesional. También parte del programa AIS, y asesorado (como todos los jugadores australianos) por Patrick Rafter, decidió dejar el mundo de la interpretación que también se le daba muy bien (de hecho su hermano es un famoso actor australiano) y apostó por el tenis sin equivocarse.

Australia, tras un grandísimo pasado lejano y un presente muy duro durante los últimos años, afronta optimista tras muchas inversiones y esfuerzos un futuro ilusionante con buenos nombres. Australia, por fin, vuelve con fuerza a la élite y peleará en un par de años por la Copa Davis.

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