Rosol, Berdych y Nadal; De la gloria a la miseria

Después de dar lo mejor de sí mismos bajaron el nivel, Gulbis y Rosol en un partido y Nadal en un Grand Slam

Rosol y Gulbis protagonizaron las sorpresas más grandes de Wimbledon en los últimos años y dejaron fuera a Rafael Nadal y Tomas Berdych en primera y segunda ronda respectivamente para después caer eliminados en la siguiente jornada. En el tenis, como en el resto de las disciplinas, lo importante no es llegar, es mantenerse. Casi todos los técnicos e incluso jugadores, aseguran que lo más importante (y lo más difícil) es mantenerse regularmente en el puesto más alto que puedas. “Lo que marca la verdadera calidad, lo más importante, es estar el máximo tiempo posible en el número 1”, aseguraba Toni Nadal.
En este sentido, también Rafa Nadal ha demostrado lo duro que es estar siempre ganando partidos en cualquier torneo y mantenerse en la élite. La lucha por el número 1 llegaba a su punto culmen de la temporada en este momento, con la final de Roland Garros y Wimbledon y los Juegos Olímpicos, y Rafa, que había completado, probablemente su mejor temporada de tierra batida, cedió a las primeras de cambio en hierba.


¿Por qué Gulbis o Rosol pueden rendir a este nivel y perder en siguiente ronda?


La respuesta es compleja y tiene muchos condicionantes, pero no deja de tener sentido. Si Gulbis fuera capaz de mantener el nivel exhibido ante Berdych en su debut en Wimbledon, sin duda sería un Top 10 y podríamos estar hablando, incluso de más cosas. Enorme con el servicio. Inapelable. Agresivo y seguro de derecha y de revés. Realizó más del doble de winners que de errores no forzados. Lo que supuso una derrota segura para Berdych, que sólo pudo asistir al recital de su rival y defenderse con todas sus armas para no caer por una mayor diferencia. Sin embargo, Gulbis, no pudo mantener el nivel y todo lo que eran bolas planas y buenísimas a las líneas en la central del All England Club, se convirtieron en pelotas inocuas, largas y malas. Del ‘winner’ al error no forzado hay sólo un paso. De la gloria a la derrota, también.

En la misma situación se vio Rosol. El checo jugó con una agresividad y un nivel de acierto extraordinario contra Nadal. No tenía nada que perder, soltó el brazo y pegó “aces” y “winners” como si no hubiera mañana. Su juego era la respuesta a bolas cortas y golpes medrosos de Nadal que salvó el primer set de milagro y con una capacidad de sufrimiento mayúscula. La que le ha llevado a ser número 1 y ganar muchos partidos contra jugadores, presuntamente con mejores golpes que él.
El checo no se amilanó y siguió tirando duro a las líneas. Su juego plano y ortodoxo encontró respuesta y premio en los dos siguientes sets. En el cuarto, Nadal, contra las cuerdas, sacó al campeó que lleva dentro y remontó. Parecía que en el quinto, la experiencia y competitividad de Rafa podría con Rosol: Nada más lejos de la realidad. Rosol no cometió errores y Nadal no encontró soluciones.


Sin embargo, era fácil de prever. En una pista alejada de la central, con más factores como el aire lateral, o una motivación mucho menor. Con todo el mundo pendiente del nuevo fenómeno que había deslumbrado en la central, Rosol bajó su intensidad. Bajó su nivel y perdió en un partido sin historia contra Kohlschreiber. Además de muchos otros factores, evidentemente, hay que darle el mérito que tiene en sí el alemán, que juega muy bien en hierba y es un rival temible para cualquiera. De ahí la frase: “El mejor Nadal no pierde ningún set contra el mejor Rosol, ni en hierba ni en ninguna superficie”, como anuncié en la nota anterior. Kohli, desarboló al checo, no le cedió la iniciativa y le atacó. Rosol, un buen pegador, es un defensor bastante justito. Donde el español no encontró la llave, Kohlschreiber vio la luz.


¿Y Nadal?


De la misma manera que un gran éxito, (en este caso en un gran partido), hace que algunos jugadores bajen su ritmo y jueguen peor días después, en Nadal es normal que después de toda la tensión del todo el año y sobre todo, tras un Roland Garros que significó mucho para él, bajara también el ritmo. No jugó al nivel que venía haciéndolo otros años en Wimbledon y con el que exhibió no le bastó ni para pasar de segunda ronda.
Ahora Rafa ha anunciado que no jugará el partido de exhibición en el Santiago Bernabéu y ha aludido a su lesión crónica en la rodilla: su tendinitis crónica. Evidentemente que le dolerá porque, como muchas veces ha dicho él, así será probablemente el resto de su carrera deportiva, pero no duden que detrás de la suspensión está un periodo de reflexión y descanso, (otra forma de entrenarse), de cara a los Juegos Olímpicos. Nadal no ha podido aguantar el máximo ritmo competitivo que ha llevado desde Australia e Indian Wells y después y sobre todo en la temporada europea de tierra batida.
Ahora Nadal buscará encontrarse bien consigo mismo y preparará a conciencia la cita Olímpica. Es posible que en Londres, de nuevo y en las mismas pistas el Nadal que veamos no tenga nada que ver con el jugador defensivo, medroso y de juego corto que vimos en Wimbledon. Quizá, compitiendo por España, por una presea y siendo el abanderado del equipo, Nadal juegue valiente, profundo y con sus mejores valores de la hierba.
No hay nada que exhibir ni tiempo que perder. Nadal necesita nuevamente recargar las pilas. Y ahora tendrá una nueva ventaja. Será él quien ha perdido más de 1000 puntos ATP tras caer en segunda ronda después de defender final, pero también es verdad que ahora cobra una semana de ventaja más que el resto de sus grandes rivales, que se están midiendo en las rondas finales de Wimbledon.
También para ellos mantener el nivel será muy complicado. Es muy probable que, aunque haya poco tiempo de separación por medio y se juegue en la misma superficie, en las mismas pistas… en el mismo club. Es muy probable que este torneo no tenga el mismo color y que las cosas cambien mucho. Y muy improbable que los mismos jugadores que están peleando por todo durante todos los grandes torneos de Grand Slam, puedan bajar sus prestaciones. Sólo, es posible.

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