Juan Mónaco, el triunfo de la madurez

Lleg a la cima de su carreara tras las semifinales de Miami y los títulos de Viña del Mar y Houston

La situación retrata los sentimientos de un hombre desesperado. Cuando las fauces del infierno se abren precedidas por un atronador ruido de gritos y aplausos encontrados, Juan Mónaco parpadea y es consciente de la realidad. La improvisada pista de la Cartuja se levanta ante el argentino como una ola gigante dispuesta a ahogarle. El suelo tiembla ante cada nuevo impulso de la grada. La situación no mejora cuando eleva la vista y contempla lo que le aguarda al otro lado de la red. La final de Copa Davis 2011 le enfrenta en el primer punto de la eliminatoria a Rafael Nadal. Amigos obligados a ser enemigos durante horas disputándose los sueños de dos países. Algo tiene claro el jugador argentino: si ganarle un partido al español es una epopeya, inclinarlo en la superficie más lenta del universo a domicilio es como escalar una montaña sin cima.

Nadal está atacando el alma de Mónaco desde la mente. Sus credenciales sobre arcilla son tan grandes que el primer golpe viene desde el interior del vestuario. Enfrentarse al mallorquín supone derramar una cantidad de energía infinita. Todas las bolas vendrán de vuelta. Todos los ángulos serán mayores. Todos los movimientos, duplicados por el paladín de la tierra. Todo el encuentro, en consecuencia, será una tortura. La victoria se paga con sangre. Y el argentino lo sabe.

Lo sabe Juan. Sabe que no sirven los entrenamientos mimados con afán durante las últimas semanas. Tampoco la adrenalina del momento, que amenaza con devorarle antes de poder saborear su indescriptible sensación. Poco puede hacer ante el mallorquín, ni tan siquiera arrancarle unas gotas de sudor para desgastarle pensando en el domingo. Por eso sale de la pista batido y abatido. Aquello, sin embargo, le sirve para crecer un poco más. 2012 es una aventura completamente distinta.

2012, a la altura de 2007

El domingo, Mónaco se lanzó vestido a una piscina en Texas. No fue casual. Estaba cumpliendo una tradición. El ganador del torneo de Houston debe darse un baño en la pileta del club. Así lo dice la historia. Antes de celebrar con agua un éxito que vale oro, el argentino acabó con el verdugo de Federer y Tsonga en Copa Davis sobre la misma superficie del certamen estadounidense. Por eso el mérito de la victoria es mayor. Porque vencer a Isner en territorio foráneo se puede considerar una proeza analizando el nivel de John durante esta temporada. El estadounidense, además, había ganado los dos precedentes previos por lo que el valor de la victoria roza cotas eminentes.

El trofeo fue la recompensa a un curso que empezó de forma triunfal con la victoria en Viña del Mar. Los tres títulos que Juan había sumado previamente en 2007 abrían un vacío que se prolongó hasta febrero. Por eso, la victoria en Houston traza paralelismos entre los dos únicos años en los que el argentino ha sido capaz de añadir trofeos a su vitrina.

Entonces fue el espíritu imparable de la juventud. Ahora, la sabiduría de la madurez. En tenis todo pasa demasiado rápido. Seis años son una vida. Las dos etapas radicalmente opuestas y dilatadas en el tiempo durante la vida humana transcurren en un espacio de corto sensiblemente inferior en la carrera de un jugador.

Progresión sobre cemento

Antes de lograr la segunda corona del año, Juan evidenció su crecimiento en pista rápida. Su formación sobre arcilla le une con la lenta superficie, pero sus golpes le retratan como candidato a dominar suelos veloces. Solo hay que retroceder semanas para encontrar el ejemplo más cristalino. En Miami, bajo las millones de atracciones de una ciudad seductora que favorece el entretenimiento en lugar de la concentración, el argentino alcanzó las semifinales firmando un resultado formidable. Inclinando a Monfils, Roddick y Fish, tres nombres teóricamente superiores conjugados con las condiciones de la zona, Mónaco cedió contra Djokovic en un duelo singular. No compitió en la primera manga y exprimió el partido hasta el desempate en la segunda. Pese a esa actuación anómala, partió hacia Buenos Aires con la maleta llena de noticias positivas pensando ya en los cuartos de final de Davis contra Croacia.

Avisos previos vaticinaron que resultados de esta índole no eran inaccesibles para Mónaco. En 2010 fue semifinalista en Shanghái tras perder con Murray. En Valencia, una semana después, logró la victoria más importante durante su estancia en la élite al acabar con el escocés vengando la eliminación de China. No fueron los únicos destellos de campeón mostrados sobre el suelo predominante del circuito. El año pasado, en Valencia, alcanzó la final tras derrotar consecutivamente a Almagro, Ferrero y Ferrer. Cedió con Granollers cuando discutía a gritos por el título, pero el historial previo volvió a sumar puntos a una memoria que nunca olvida.

Su predisposición a jugar sobre este tipo de pistas es total. Una paciencia renovada gracias al paso del tiempo le hace ser el perfecto prototipo de jugador evolucionado. Esa calma es el termómetro necesario para saber gestionar las decisiones. Esa es la clave. Algunos eligen no dar ese paso. Se conforman con no trabajar para mejorar. Juan no se ha detenido en la primera casilla del tablero. Sus hechos demuestran todos los pasos avanzados en este tiempo.

Papel sobre tierra batida

Mónaco está en una posición envidiable. No hay preparación más efectiva que la adrenalina de una victoria. No hay confianza mayor que encadenar resultados positivos en escenarios de primera línea. La triunfal dinámica que corre por su interior es la única capaz de sanar las heridas producidas después de abarcar en el último mes una cantidad inhumana de kilómetros. Tras Miami, Buenos Aires y Houston, Monte Carlo. Una suma de viajes que le han llevado a cruzar el mundo sin afectar a sus resultados. En Florida alcanzó la penúltima ronda del torneo. En Argentina acompañó al equipo de Copa Davis en el sendero hacia las semifinales. Texas le vio levantar la corona convirtiéndose en el segundo argentino en la historia del torneo en lograrlo tras Chela. Monte Carlo aguarda su estreno frente a Haase.

La recién nacida gira de arcilla europea le otorga la opción de prolongar la ráfaga de resultados en su territorio predilecto. Doce de sus trece finales han sido sobre tierra batida. Todos los títulos levantados fueron conquistados en la misma superficie de rojiza tonalidad. No es casualidad. Las canchas que le vieron nacer como tenista, las del club Independiente de Tandil, están plagadas de polvo de ladrillo. Las que le vieron crecer en España en la academia Sánchez-Casal, también. Por eso sus etiquetas son de arcilla y sus sueños sobrevuelan por ella.

Quizás, por eso Juan ha decidido renunciar a jugar la Copa del Mundo de Düsseldorf para preparar a conciencia la gran cita que brilla al final del mes de mayo. Roland Garros no tiene un campeón argentino desde que Gaudio lo ganase en 2004, justo antes de la preeminencia de Nadal en París. Hablar de una victoria de Mónaco en la capital de Francia son palabras mayores. Renunciar a tocar el cielo es absurdo, pero asimilar las posibilidades reales parece clave para cumplir los objetivos. Por eso, superar el mejor resultado que marca la cuarta ronda alcanzada en 2007 está al alcance de sus posibilidades.

Como les pasó a muchos otros, Mónaco ha encontrado su cielo tenístico cuando la vida profesional se acerca al final. La experiencia adquirida gracias a lo vivido en primera persona no tiene ningún equivalente el universo. Con los errores se aprende el doble que con las victorias. Es una liturgia de vida que nunca falla. Las leyendas ganan desde tempranas edades. Otros, como Mónaco, necesitan vivir una serie de episodios para alcanzar la madurez. No importa. Al final, se consigan pronto o tarde, siempre quedan las sonrisas que vienen de la mano de los éxitos.

Mónaco en números

Mejor ránking: 14º del mundo

Balance de victorias y derrotas: 233-178

Victorias frente a jugadores del top ten: 15

Porcentaje de triunfos en finales: 41,7% (5-7)

Porcentaje de triunfos tras ganar el primer set: 85,7% (198-33)

Títulos de Juan

2012

Houston (v Isner)

Viña del Mar (v Berlocq)

2007

Kitzbühel (v Starace)

Portschach (v Monfils)

Buenos Aires (v di Mauro)

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