Jugadores en el ocaso de sus carreras

David Nalbandian, James Blake, Tommy Haas y Fernando González aún tienen algo que decir

David Nalbandian es, con 29 años, el más joven de los jugadores que se van a enfrentar hoy en dos de los cruces del Legg Mason Tennis Classic de Washington DC., un torneo ATP 500 en el que casi todos ellos obtuvieron buenos resultados en el pasado. De hecho, Nalbandian es el vigente campeón.

El mayor de estos veteranos es Tommy Haas, que sin ser un caso exagerado como el de Thomas Muster, se resiste a abandonar el tenis profesional pese a sus lesiones, sus 33 años y su actual ranking 576 (aunque hace sólo dos meses era el 896). Haas, que fue número 2 del mundo en 2002, ya demostró un gran espíritu de lucha cuando su carrera resurgió en el 2009, al alcanzar las semifinales de Wimbledon. En 2010, las lesiones le hacen caer en picado y, obviamente, la remontada este año, tras 14 meses de inactividad, está siendo más dura que la de hace dos. Sólo en Newport ha logrado este año pasar de la primera ronda al vencer a su compatriota Michael Berrer.

Algo que Tommy Haas y Fernando González, de 31 años, tienen en común, por desgracia, es que ambos suelen aparecen el las listas de grandes jugadores que nunca ganaron un Grand Slam. Igual que en el caso del alemán, el talento de González es innegable pero las lesiones también le han jugado malas pasadas a lo largo de su carrera y le han privado de haber conseguido llegar más alto del número 5 que consiguió en 2007. A principios de este año, tras recuperarse de una lesión de rodilla y superar polémicas relacionadas con la Copa Davis, el chileno anunció que volvía para "empezar el final de mi carrera".

Esta madrugada, en Washington DC, estos dos "cañoneros" se enfrentarán por sexta vez. González aventaja en victorias a Haas con un contundente 4-1. Las piernas de Tommy Haas ya no correrán como antes pero con su espíritu de lucha, González está obligado a recurrir a su extraordinaria derecha si quiere pasar a la segunda ronda del Legg Mason Classic.

De segunda ronda es el encuentro de James Blake y David Nalbandian. El americano de 31 años, a punto de cumplir los 32, superó al japonés Tatsuma Ito con un doble 6-3 y sigue avanzando poco a poco en su regreso a las pistas tras un nefasto 2010. La carrera del ex-nº4 del mundo es un auténtico tiovivo, Blake es todo un superviviente y, en su vuelta al tenis profesional en 2011, ha ido sin prisa pero sin pausa recuperando su forma; intentando controlar esos golpes ganadores de derecha para que vuelvan a caer del lado de dentro de la pista. La campaña americana le ha dado dos títulos ITF en Florida e Illinois, y espera obtener buen resultado en el que fue el primer torneo ATP que ganó, de los diez que tiene, en el año 2002. Sin duda merece la pena trasnochar para ver su cruce con Nalbandian.

El argentino y el estadounidense sólo se han enfrentado en una ocasión, nada menos que en la semifinal de la Copa de Maestros de 2006 de Shanghai, con victoria para Blake por 6-4 y 6-1. Un apasionante duelo entre una de las mejores derechas del circuito y uno de los mejores reveses a dos manos que ha visto el tenis.

La historia se vuelve a repetir con Nalbandian. Su juego merece un Grand Slam pero los problemas físicos y la gran competencia que le tocó vivir tanto con los de su generación como con los de la actual, le han privado de uno de estos títulos. El "Rey David" es un hombre del que se suele decir que "si está bien, puede ganar a cualquier jugador". Eso sí: si está bien.

La última vez que lo vimos fue en Wimbledon 2011 ante Roger Federer. El argentino pidió que entrara el fisio hasta en tres ocasiones y, aunque "revivió" en el tercer set, perdió 6-4 6-2 6-4, y se fue del torneo con un dolor en la pierna izquierda del que se espera que ya se haya recuperado para poder defender el título en el Legg Mason Classic de Washington DC.

En China, el encuentro entre Nalbandian y Blake sólo duró 76 minutos. La clave fue el servicio, mucho mejor para el americano, pero pese al resultado (6-4 6-1), lo que se pudo ver fue un recital de derechas y reveses de manual. Seis minutos y dieciséis segundos que no tienen desperdicio.

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