Martina Navratilova: Contra el cáncer, ganas y amor

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La ex tenista Martina Navratilova hizo público su cáncer no invasivo. La mujer que ganó más torneos en toda la historia del tenis femenino dio a conocer su enfermedad este miércoles en el programa Good Morning America, de la cadena ABC. Pese al dolor, la checa-estadounidense está llena de amor a la vida. La mala noticia apareció de la nada -como ocurre con esta maldita enfermedad- el pasado mes de enero. Hace tres meses que Navratilova viene cargando con el cáncer de mamas, aunque el mundo recién se enteró este miércoles siete de abril. "Ha sido un shock, porque me encontraba tan en forma", dijo la checa-estadounidense al diario USA Today, que a la edad de 53 años entrena como alguien de 20. Y se cuida como lo hace un deportista en plena competencia. "Me mantengo en forma y como adecuadamente y aun así me ha ocurrido. Un año más y podría haber tenido problemas serios", confesó la ex tenista poseedora de 59 tiulos Grand Slam (18 individuales, 31 dobles y 10 mixtos), según recogió El País de Madrid. La ex tenista ganadora de 167 títulos individuales, que saltó a la fama a la temprana de 18 años, decidió hacer público su presente para alertar a otras mujeres a que se hagan chequeos y no se dejen estar. "Cuanto antes lo detectes, mejor", subrayó la tenista sensación de los ochentas en el rotativo estadounidense. Sin que su vida corra riesgo, aunque con la vulnerabilidad que produce un cáncer, Navratilova iniciará un tratamiento de radiaciones en Paris, destino que eligió para no perderse Roland Garros, donde trabajará como comentarista. La ex número 1 se muestra fuerte, con ganas, y sabe que su mente jugará un rol fundamental en los meses que vendrán. También debe saber que hubo deportistas que lograron darle la espalda al cáncer, como Lance Amstrong (de los mejores ciclistas de la historia), Severiano Ballesteros (golfista español) y Luboslav Penev (ex futbolista búlgaro, hoy entrenador). "La competición, para mí, siempre fue conmigo misma, no con las demás" La cita anterior, extraída de una entrevista que El País le realizó a Navratilova en febrero de este año, traduce la filosofía de vida que la ex tenista lleva en su piel. En ese momento ya sabía del cáncer, aunque sería una mentira encontrar entre líneas un deje de "inminente fragilidad". Todo lo contrario. Uno lee, lee otra vez, y se encuentra con una mujer a la que le gusta la vida. "Me levanto cada mañana con una sonrisa en la cara porque siempre tengo algo que hacer. Eso es lo que me mantiene en movimiento". ¿Qué más decir? Hay mucho más para decir en verdad, porque Navratilova no fue solo una excelente tenista de voluntad de hierro imposible de vencer. Su vida ha tenido algunos momentos que, por más que no estén relacionados con el tenis, conformaron su personalidad a la hora de darle de volea o meter un saque a la "T". Su pasado en la antigua Checoslovaquia (de ahí se fue a los 10 años), las confesiones sobre su lesbianismo o sus críticas sinceras sobre el comunismo de su país natal son algunas de las marcas más fuertes que la formaron como tenista y persona. "Yo no me disculpo por ser quien soy. Se me conoce por hablar claramente. Soy quien soy y ojalá la gente me aprecie por mí misma", confiesa Navratilova en su biografía "Being myself" (Siendo yo misma), donde se muestra tal como es, sin pensar en terceros que puedan llegar a discrepar. Partidaria de que el deportista es un ejemplo para la sociedad, la checa-estadounidense es embajadora de la fundación Laureus (donde trabajan bajo el lema “El deporte tiene el poder de cambiar el mundo”) y además periodista deportivo. Vaya combinación. Recuerdos de tenis Más allá de que en la casa de Navratilova no debe caber ni un trofeo más, los recuerdos de pista suelen ser algo más que estadísticas y números gigantes. Ganó muchísimo, claro, pero no fue de un día para otro. A los 18 ya era de las mejores, aunque recién a los 21 conocería la sensación de ganar un Grand Slam, en 1978. Fue a partir de allí que comenzó a convertirse en un ícono del tenis: ¡167 títulos individuales en toda su carrera! Una vez entrados los ochentas, la década de gloria para Navratilova, podían pasar decenas de partidos y ninguna tenista lograba hacerle frente. En 1983 llegó a ganar 86 partidos y perder tan solo uno, ante Kathy Horvath en la cuarta ronda del Roland Garros. "Fue un gran disgusto, uno de los peores. Probablemente, el peor...", recuerda una Navratilova que se había acostumbrado a ganar o ganar. Su mejor racha (74 partidos seguidos sin perder) se la cortó Helena Sukova en las semifinales del Abierto de Australia. "Si puediera volver a jugar dos partidos otra vez, elegiría esos dos". Las ganas están intactas. Eso es VIVIR.

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