Federer ataca... y defiende

Ha crecido desde la derrota y la humildad le ha hecho más fuerte

Federer llegó a Indian Wells con un claro objetivo y no disimuló. Se sentó en la rueda de prensa y se puso a disparar con la lengua como si tuviera un rival enfrente y la posibilidad de bombardearlo con su raqueta. Tenía prisa por recuperar su número 1. No hay tiempo que perder, así que no dudó en pedir velocidad. Personalidad para los árbitros y rapidez a Nadal. Todo pasó muy rápido. Como él quería. Ni se paró a mirar el calendario más allá de las semifinales porque no le interesaba ni con quién iba a cruzar él ni contra quién Rafa. Sabía, sobradamente, que ambos se iban a encontrar en semifinales, como en Australia, como tantas otras veces, pero esta vez tenía un plan. El asalto al número 1, caiga quien caiga.

Así que después de haber reflexionado tras su derrota en el US Open ante Nole, se tomó unas semanas de descanso y armó un plan. Roger había estudiado sus puntos fuertes y sus puntos débiles de la mano de Paul Annacone. A Federer se le acusa de tres fallos capitales. Su indolencia al resto, su falta de sacrificio detrás de la pelota y su revés alto en los largos peloteos con Nadal. Como defensor Roger ha mejorado muchísimo. Ha entendido, como Nole, que pegar duro y bien te sirve para ganar a muchos jugadores, pero el circuito, hoy, exige correr y derrapar por los rincones cuando te pegan a ti, porque los jóvenes vienen apretando fuerte. 

Roger aceleró en Basilea y París y machacó sin contemplaciones en Londres a todos sus rivales, con especial vehemencia a un Nadal al que no le dejó ni respirar. Cuanto más rápido transcurría el partido y más sacaba a Nadal del guión de las aguas alineadas, la toalla para secarse el sudor y el partido se consumía, Rafa perdía argumentos. Tenis de 500 CV.

En Londres descarriló a su máximo rival como quien estampa una moleta mosca o mosquito nocturno. En Australia, volvió el ritmo lento, el partido angustioso y los errores no forzados. Federer no lo podía tolerar. Es una derrota en un océano de victorias que se enlazan desde Basilea. Punto de partida.

La reconquista del número 1 tuvo que empezar en Melbourne, pero allí Rafa estuvo sublime. A cinco sets, es un martirio. A Federer se le fueron rompiendo los esquemas y volvió a entrar en una espiral derrotista que acabó con su imbatibilidad. 

Pero Roger se está haciendo fuerte después de cada derrota. Tomó nota y decidió atacar. Así lo hizo. Se ha sacado a todos sus rivales de encima con una facilidad y velocidad que asusta. Hostiga al servicio y al resto. Cuando está repartiendo no hace prisioneros. Pega y gana con una efectividad tremenda. Y se defiende como nunca. Bien lo sabe Del Potro, (4-0 en 2012). Pero el argentino no es su rival ni su problema. Para Roger sólo hay dos hombres a los que alcanzar y superar. Y a por ellos va. 

A Djokovic le crujen las bielas. Algo no va bien en el cuerpo o en la mente del serbio. Estuvo dubitativo en Dubai, donde perdió con suma facilidad ante Murray y flojo en Indian Wells, donde claudicó con Isner, con quien acabó desquiciado, durante el partido, (con las típicas gesticulaciones y aspavientos de cuando era un aspirante) y más nervioso que nunca desde que es número 1. Debe ser el sonido de un Rottweiler galopar jadeando detrás de tus talones. 

El Djokovic dominante no se desquiciaba. No perdía la compostura y se rehacía de los momentos traumáticos. Era tan peligroso o más cuando iba por detrás en el marcador, pero con Isner, algo había cambiado. Quizá el perseguidor. 

Su caída abría la duda que parecía haber cerrado en Australia. Puntos de sutura sobre las caídas de fractura abierta en la Copa Davis, Basilea y Londres. Pero no. Algo ha cambiado realmente.

Ante Nadal, y con el número 1 un poquito más cerca, Federer aceleró. Roger sacó al depredador que llevaba dentro y no se dejó medrar por un Nadal agresivo y siempre beligerante al resto. Salvó sus dos primeras bolas de break, en el primer juego, con dos saques demoledores. Se apoyó en su arma de toda la vida, para sacar a relucir sus nuevos argumentos. 

Antes de que Nadal se diera cuenta, Roger ya estaba con bolas de break a su favor. No le dejó ni pensar cómo sacar. Restó muchísimo más rápido, más decidido y más profundo. 3-0 antes de que Rafa pudiera pedir un “challenge”. 

Nada. Con 3-3, volvió a sacar el libro y fulminó cualquier atisbo de remontada. 

Nadal se sentó y volvió a reflexionar… no creyó que estuviera haciendo nada mal y entonces llegó la tormenta. (La climatológica, porque la del juego de su rival estaba desencadenada desde aquella rueda de prensa). Nadal no sabía que le estaba pasando y lo único que ocurría es que Federer era la verdadera “Tormenta Perfecta”. 

Roger tumbó a Rafa con un solo momento de duda. Dos derechas cortas en la red. Reminiscencias de tantas balas perdidas. Se olvidó de Nadal y pensó en él. Se puso a restar y celebró el 40-30 con su servicio porque le daba match point y porque había ganado a Rafa con la ley. La de la defensa. Salvó a su peor rival en su mejor versión. Y ganó un punto de esos que siempre había perdido con el balear. Peloteos largos con constantes ataques a su revés. Por primera vez se soltó, corrió, se defendió y contragolpeó. Restó mejor que nunca. Y ahora es peligroso desde cualquier flanco. 

Si a Federer se le ha metido en la mente cazar a Djokovic, Nadal será una víctima colateral. En Miami habrá más. Roger no va a fallar, así que los demás pueden ir espabilando. El primero Nole y el segundo Rafal. Papá ha vuelto a casa. Orden en la sala.

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