El tenis, la familia y demás cosas que disfrutar
Estos últimos días, ha acaparado buena parte de la información deportiva nacional el conflicto entre Arantxa Sánchez-Vicario y sus padres, que ya nos habría gustado a los periodistas acaparar para nuestras deportistas, al menos, alguna vez. Pero dejando a un margen el lado morboso y la disputa entre ambas partes, deseaba exponer mi opinión al respecto.
Los padres obsesivos, despilfarradores y autoritarios que encontramos en el circuito WTA, son cada vez más pasado y menos presente; eso es una realidad objetiva, que conviene aclarar. No cabe duda, de que aún hoy encontramos, desgraciadamente, ejemplos así. Sin ir más lejos, toda una top-10, como la francesa Marion Bartoli se niega a jugar la Copa Federación con su país porque su padre no puede acompañarla; lo cual, si se me permite, es una auténtica estupidez, más aún si te va a impedir participar en las Olimpiadas.
Hace años la WTA se puso en este sentido manos a la obra, y elaboró una regla, ampliamente refrendada, por la que se trataba de evitar el surgimiento de estrellas de la raqueta menores de 18 años. Y el objetivo, a día de hoy, se ha cumplido. Esto ha llevado a muchos críticos ignorantes de la realidad, a criticar la calidad del circuito femenino porque donde antes triunfaban niñas de 15 y 16 años, hoy lo hacen mujeres de 20 y 21. Pero en mi opinión, es una de las mejores decisiones que pudo tomar la WTA.
Mi sensación es extraña. Acostumbro a ser bastante crítico con las decisiones y la gestión de la Asociación Profesional de Mujeres Tenistas (WTA), que muchas veces deja bastante que desear, pero esta vez se dio en el clavo.
Asistíamos hace tan sólo unos años, sí mientras en España veíamos a una prematura Arantxa triunfar en la tierra parisina, a una suerte de circuito profesional femenino similar al de juniors. Es evidente que hay estrellas, que tienen mucho que mostrar sin apenas cumplir una quincena de primaveras, pero ¿alguien en aquella época dorada del tenis femenino se paró a meditar sobre la conveniencia de que niñas de sólo 15 años lucharan por ganar ya Grand Slams? Muchas de ellas se retiraron jóvenes, su físico les pasó factura, su artificial mentalidad les condenó, y es más, muchas no supieron disfrutar de la niñez y de la juventud, quedando tocadas de por vida. Esto es lo que nos rescata Arantxa en su libro, al margen también del tema económico, y es el verdadero debate de fondo, que a los especialistas del tenis más nos interesa, en todo este entramado de cotilleo que envuelve a la noticia.
Cuando la WTA y la ITF, a través de esta regla (‘Age Eligibility Rule’ o ‘AER’), pusieron límites a la participación de las tenistas en torneos hasta los 18 años, prohibiendo la participación de menores de 14 en torneos puntuables para el ranking WTA, hubo muchísimas críticas, aunque en general estaba bastante generalizada una opinión favorable. Entre ellas, suscitó severas críticas de Martina Hingis, una auténtica rompedora de records de precocidad. Mas fue gracias a esta regla por lo que hoy hay mucho menor control de los padres hacia sus hijas tenistas profesionales, éstas son más conscientes de aquello que logran, han tenido tiempo de vivir su niñez sin estar desde los 10 años dedicándose exclusivamente a este deporte, y además éstas han podido decidir cómo vestían, qué anunciaban y como administraban un patrimonio que en realidad les corresponde. Aunque tras el despido de Ricardo Sánchez como entrenador de Wozniacki, porque el padre de ésta no se llevaba bien con él, hace temblar de nuevo estos cimientos.
Personalmente me producen mucha más admiración jugadoras veteranas e históricas como Francesca Schiavone o Elena Dementieva, que han ‘relucido’ más tarde, que han sido constantes y que se han ‘currado’ todo el circuito. Ellas han sabido disfrutar de ese talento que atesoran y de ese trabajo que tanto han sufrido. Y son el verdadero ejemplo para aquellos padres que amen este deporte y que lo quieren compartir con sus hijas.
Queda patente, en el ejemplo de Arantxa y también en tantos otros, que la precocidad no es una buena consejera. Ofrece a esas familias un cambio brusco en su situación económica, al que es difícil adaptarse; y suelen responder, en ciertos casos, a algún síntoma de explotación. Los que sabemos algo de esto no debemos dejar de repetir que lo principal no es la meta sino el camino y que lo más importante para un tenista (más aún para las féminas, por lo general, más sensibles), es la motivación por sus objetivos, la emoción por su deporte y la ilusión por mostrarlo y compartirlo recorriéndose todo el mundo. Para que esto pueda darse, es preciso un buen entorno, en el que prime el cariño y la coordinación entre padres y entrenadores; a ser posible, ambos en esferas coordinadas pero diferentes. Y, sobre todo, la humildad, gran virtud que atesoran los verdaderos campeones. Quién siga este método quizás no gane Wimbledon con 16 años, ni sea número 1 con 15, pero sin duda, vivirá más a fondo el tenis, disfrutará del apasionante circuito muchos años más, y esta etapa de su vida no tendrá por qué condicionar las siguientes, ni a nivel físico ni a nivel mental.
Ya concluyo, felicitando y congratulándome con la WTA y con la ITF por esta decisión bien tomada en el año 2003; y deseando que casos como el de Arantxa Sánchez Vicario, no se vuelvan a repetir. Al final, la frase de “lo importante es participar y no ganar”, que a todos nos han repetido en el colegio ante nuestra incomprensión total, cobra un cariz fundamental cuando de familias rotas y vidas destrozadas se trata. El tenis es un deporte, con sus esfuerzos, sus alegrías, sus sufrimientos y sus recompensas, pero en definitiva, un deporte; y como tal, en su propio ADN, está el divertir y el disfrutar, algo muy alejado de casos como el que motiva este artículo.















últimos comentarios
Abe24
[] 08/02/2012 23:44
Desde luego que es mejor ser un deportista diésel. Ir ganando poco a poc pero de manera constante. En el tenis, como en la vida, lo importante no es llegar alto sino saber mantenerse disfrutando del camino.
Pues sí. Veo que ha quedado
[] 09/02/2012 16:56
Pues sí. Veo que ha quedado clara la idea que quería desarrollar en este artículo de opinión. Realmente viendo la ilusión que derrochaba casi una treinteañera como Schiavone tras ganar Roland Garros en el 2010, su primer gran título, no cabe duda de que eso sabe mil veces mejor que ganar 5 a los 2 años de estar en la élite.
Gracias por tu comentario Abe.
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