Julián Alonso: “Sé que podría haber llegado más alto, pero ser 30º no está nada mal”

Ganó a los mejores de su generación, pero la falta de consistencia le privó de una carrera en la élite. Entrevista con el top10 que nunca fue top10.

Julián Alonso en el Sporting Club de Tenis. Fuente: PDB
Julián Alonso en el Sporting Club de Tenis. Fuente: PDB

Hay personas que solamente con verlas ya te sacan una sonrisa. Me pasa, por ejemplo, con Julián Alonso (Canet de Mar, 1977), una de los tipos más amables y cercanos que he conocido en la jungla del tenis. La historia de Julián es la de un chico que se le caía el talento, un soñador que en un pestañeo se colocó Nº30 del mundo, sin saber que aquel éxito tan repentino acabaría siendo dinamita entre sus manos. Dicen que fue el español con más potencial de toda su generación, el que más prometía, aunque él siempre se ha mostrado feliz con su carrera, tan brillante como fugaz.

Como viene siendo costumbre, la ciudad de Valencia me vuelve a regalar la oportunidad de sentarme con el catalán y aprender de su experiencia. La que tuvo dentro de la pista y la que enseña ahora desde el banquillo, guiando la carrera de Arantxa Rus. Es tal la confianza que ya no lo llamaría entrevista, simplemente una charla entre dos apasionados del tenis: uno con cientos de preguntas acerca del pasado y otro con cientos de anécdotas en cada respuesta. Una de las más escandalosas, la de ser el tenista con mejor porcentaje de victoria ante jugadores que, en algún momento, fueron top10. Solo tirando de ese hilo, ya tenemos conversación para unas cuantas horas.

Ríos, Henman, Gustafsson, Ivanisevic, Safin, Puerta, Bruguera, Ljubicic, Costa, Bjorkman, Corretja y muchos más. No es una lista cualquiera, es la lista con algunos de los jugadores que ganaste como profesional. ¿Te impresiona?

Sinceramente, en la pista nunca me impresionó ningún jugador. Al revés, me gustaba estar en estadios grandes, soñaba con competir ante los de arriba. Cada vez que tenía uno delante lo veía como una oportunidad para lucir mi tenis, entonces me concentraba un poco más. Error, porque uno se tiene que concentrar siempre.

¿Recuerdas tu primer gran partido?

El primero fue Tim Henman, lo recuerdo perfectamente. Yo trabajaba con Pato Álvarez y los métodos eran muy distintos a los de ahora, así que un día me coge y me dice: ‘Nos vamos tres meses a Estados Unidos’. En aquella época yo ni entraba en los torneos, de ranking estaba fuera del top200, pero Pato tenía buenas amistades allí, quería que yo pasara muchas horas con los mejores.

¿Quién eran los mejores?

Entrenamientos con André Agassi, muchas veces. Con Courier, muchas veces. Con Korda, con Chang. Todo gente de un cierto ranking.

¿Tampoco ellos te impresionaron?

Bueno, al principio me veía un poco tímido, pero luego acabó siendo el empujón definitivo para creer que podía ganarle a los mejores. De hecho, al entrenar con ellos me daba cuenta que tampoco estaba tan lejos, sabiendo perfectamente en qué escalón estaba yo, pero veía que eran ganables.

Mientras Pato entrenaba con Emilio Sánchez Vicario, a ti te mandaba con las bestias.

Claro, íbamos a todos los torneos norteamericanos en los que Emilio entraba, pero yo solo hacía de sparring. Me pasaba horas y horas entrenando, todo el día. Hasta que llegó el Miami Open de 1997 y, como cada semana, fui a firmar para entrar a la fase previa. De milagro, entré de último en la lista. Venía con un ritmo de entrenamiento altísimo después de haber compartido pista con toda esta gente. Pasé la Qualy y en primera ronda me toca Steve Bryan, cien puestos por encima de mí. Le gano y en segunda ronda me toca Tim Henman. Te lo juro, yo me creía que podía ganarle… y le gané (6-7, 6-2, 6-3). Fue el primer momento en que pensé: ‘Puedo ser bueno, puedo meterme’.

¿No fue una explosión muy brusca?

Pasé de jugar los Challengers a enfrentarme a toda aquella gente. Dos semanas después me dieron una WC en el Godó y me toca Magnus Gustafsson, doce años mayor que yo… y le gano (6-3, 6-4). Eso me dio una confianza muy grande, vi que podía superar a los grandes. Hubo un reportaje donde me pusieron el apodo de ‘mata-gigantes’.

Partidos así te conectan para siempre con ciertos jugadores.

Muchísimo, además siempre lo comentamos. Cada vez que veo a Tim Henman le digo que fue mi primera vez. Como que me desvirgué con él a nivel top10 (risas).

Y todo gracias a esos tres meses en Estados Unidos.

Pato era el mejor entrenador que pude tener. Cogía por la mañana y me decía: ‘Tienes que estar en el club a las 11:00, un tipo te ha organizado un entrenamiento en la Pista 8. Por favor, no llegues tarde’. Yo era un chiquillo. Me recoge el coche del torneo, me llevan al club, me dirijo a la pista y, según me voy acercando, miro y…ostras… esa calva la conozco…

¡No!

Sí, sí. Me empiezo a acercar y yo diciendo: ‘No, no, no, no, no… con Agassi no, con Agassi no’. No estaba preparado para algo así, pero Pato era muy inteligente, quería meternos en situaciones extremas sin avisarnos. Él se llevaba muy bien con Brad Gilbert y el día anterior ya lo tenía todo cerrado.

¿Cómo fue tu entrada a pista?

Pues recuerdo que cuanto más me acercaba a la pista, más ralentizaba el paso, el corazón me iba a 1000 por hora. Para mí Agassi y Sampras eran ídolos. Entro a pista, empiezo a caminar y veo a Gil Reyes, su preparador físico. Veo a Brad Gilbert, su entrenador. Por supuesto, veo a Andre Agassi. También veo a una señorita, Brooke Shields. ¿Hola?

(Risas)

Espera, espera. Se levanta Agassi y me dice:

–'Hola, yo soy Andre’.

Como si no lo supiera.

–‘Yo soy Julián’.

Se acerca Brad Gilbert y me dice: ‘Me ha dicho Pato que juegas muy bien, así que esto es una prueba para ti. Si lo haces bien, entrenarás muchas veces con André’. Pero antes de empezar yo tenía otra misión: pedirle una foto (risas). Eran mediados de los 90, todavía iba con una Kodak de cartón, de usar y tirar, pero el tío fue súper simpático. Luego jugamos y le gané 6-3, 7-5, lo recordaré toda la vida. A partir de ahí, cada vez que coincidíamos en los torneos, era el sparring oficial de Agassi.

¿Cuántas veces entrenaste con él?

Veinte o treinta veces, seguro. Yo pegaba muy fuerte y eso a él le gustaba, le despertaba los reflejos, se sentía vivo. La gente de arriba es muy especial, cuando encuentran a alguien que lo hace bien, lo exprimen. Al final era él quien me llamaba a mí para entrenar.

¿Llegasteis a jugar en partido oficial?

¡Nunca! Fue raro, porque coincidimos en muchos torneos, pero no se dio. Mis ídolos siempre fueron Ivan Lendl y Pete Sampras, desde niño. Con Sampras, cada vez que llegaba un torneo, sobre todo Wimbledon, quería que me tocase con él. Soñaba jugar contra él. Una de las cosas que más pena me dio en mi carrera, pese a no depender de mí, fue que nunca pude jugar contra él, aunque hubiese perdido, me daba lo mismo. Solo la sensación de decir ‘Juego contra Pete Sampras’ ya hubiera sido incomparable.

¿No entrenaste nunca con Pete?

Nunca, ninguna. Sampras era más especial, entrenaba más con los americanos. Con Courier y Chang sí entrené muchas veces, pero con él nunca. Era mi ídolo y le respetaba como si fuera un Dios, pero es cierto que era muy introvertido, no le daba mucha bola a la gente. Era un gigante con un perfil muy bajo.

Dime otra victoria que recuerdes como si fuera ayer.

La que más recuerdo, por emoción e ilusión, fue la de Ivanisevic (Long Island, 1997), por la dificultad que tuvo (7-6, 3-6, 6-3). Goran era complicadísimo para jugar contra él, era un cañonero, el mejor sacador junto a Sampras, pero se acercaba más a lo que a mí me gustaba, jugar a tiros. El partido con Goran lo recuerdo con cierto cariño, porque además rompí el récord de velocidad de saque.

¿Batiste el récord del saque más rápido?

Saqué a 230km/h, salió en todos lados. Luego llegarían los saques de Philippoussis y Rusedski, pero estuve casi una década entre los tres únicos jugadores capaces de sacar a esa velocidad. Me acuerdo perfectamente, saqué a la 'T' con todo lo que tenía, se escuchó un estruendo en toda la pista. Ace. Una sensación total de poder.

En 1997 ganas tu primer título ATP en Santiago, contra Marcelo Ríos. Esta imagino que tampoco se olvida.

Ese fue un cara/cruz, pero al ser en una final se recuerda más. Era Marcelo Ríos, en su casa, 6-2 y 6-1. Una humillación.

¿Cómo era jugar contra Ríos?

Leía muy bien su juego, habíamos entrenado varias veces juntos y su tenis no me molestaba tanto como otros, incluso me sentaba bien. No me desbordaba, me dejaba jugar. Eso sí, si entrabas en su juego estabas muerto. Su juego era una partida de ajedrez, un tipo muy inteligente, siempre tirando al hueco, abriendo pista, muy listo compitiendo. De cabeza iba un paso por delante, veía la jugada antes de que pasara, además de ser un mago con las manos. Él sabía dónde ibas a tirar antes que tú.

Como Agassi.

Sí, más o menos. André anticipaba muy bien la jugada, tirases donde tirases siempre estaba allí, no sé si porque era rapidísimo o porque cuando tú golpeabas, él ya estaba caminando hacia la bola. La cuestión es que siempre estaba, era muy difícil desbordarlo.

A Bruguera la ganaste dos veces, un estilo totalmente opuesto al tuyo.

Bruguera era un pedazo de jugador, pero se me daba bien contrarrestar su bola. Él tiraba con mucho peso, pero a mí no me costaba bajarla, tenía mucha fuerza en el antebrazo. Él tiraba para arriba y yo tiraba para abajo.

Te venía bien esa bola…

A ver, seamos realistas, la bola de Bruguera no le venía bien a nadie (risas). Se me daba bien, sin más. Al no tener miedo de jugar contra los grandes, era más una cuestión de ver qué estilo te encaja y cuál no te encaja. Luego hubo jugadores de peor ranking que me ganaron muy fácil porque no fui capaz de adaptarme a su estilo.

¿Estudiabas la táctica antes de los partidos?

Siempre, me encantaba visualizar los partidos antes de jugarlos. El partido de Ríos, por ejemplo, yo lo jugué la noche anterior en la cama, lo visualicé, lo viví. Lo único que hice al día siguiente fue plasmarlo, se puede decir que lo gané dos veces.

Ganaste a muchos top10, pero también perdiste ante jugadores de mucho peor ranking que el tuyo. ¿Era todo mental?

Me costaba más encontrar la motivación. Si jugaba en pistas grandes y con presión, sabía que no podía cagarla, entonces la exigencia era más alta. Si jugaba en la Pista 25 con alguien de menor ranking, jugaba el partido pero no me estresaba si lo perdía. Los cabreos me duraban desde que daba la mano en la red hasta que guardaba la raqueta en la bolsa, no hacía dramas.

¿Alguna derrota imposible de explicar?

(Piensa) Una de las mayores liadas que tuve fue en Wimbledon 1999, con un inglés que estaba casi 600º del mundo, un tipo que solo sabía jugar en hierba, solo aparecía en esa gira. Un tal Danny Sapsford. Perdí en tres sets (6-2, 6-2, 7-5). Sé que he ganado a gente muy buena y he perdido con gente no tan buena, pero el cerebro se queda con lo positivo.

Me llama la atención ver que podías encadenar sietes primeras rondas, pero luego llegabas a un gran escenario y ahí te crecías. Siendo el tenis un deporte que requiere de tanta regularidad y confianza, ¿cómo lo hacías?

Es difícil, ahora que soy entrenador lo veo difícil. Cuando jugaba yo veía que era bueno, podía perder muchos partidos pero sabía que era bueno, siempre tuve la autoestima alta. Si perdía no pasaba nada, la semana siguiente había otra oportunidad. Yo perdía, pero había mucha gente que perdía también. A nadie le gusta perder, pero sabía que cuando llegara el momento daría la talla, sabía que no quedaría en evidencia.

Hemos hablado de varias leyendas a las que ganaste, pero alguna se te escapó. Michael Chang, por ejemplo.

Con Chang perdí en tres sets en Atlanta.

Gastón Gaudio.

¡Eh! A Gaudio le gané en Manresa, en un Satélite (risas).

Juan Carlos Ferrero.

Ferrero me ganó en las semifinales de Mallorca, 6-2 y 7-6, uno de los tiebreaks más duros que jugué en mi carrera. Y luego me ganó otra vez pero no me acuerdo dónde, sé que me ganó dos veces.

Guillermo Cañas.

…¿con Cañas he jugado?

Una vez.

¡Ostra, sí! ¡En México! Perdí 7-6 y 6-4.

Carlos Moyá.

Uf, con Moyá perdí muchas veces. Perdí en el Godó (6-4, 6-1), en Stuttgart (7-6, 7-5), en las semifinales de Long Island (6-2, 6-3)…

¿No te iba bien su juego?

El juego de Moyá era un juego que me encantaba, me flipaba su estilo, pero es que no le veía portería, no tenía agujeros. Yo entraba en la pista y sabía que no iba a haber manera, era imposible.

Mark Philippoussis.

Con Mark perdí dos veces. En Montecarlo 1998, en tres sets, y dos semanas después en Munich. Siempre muy apretado.

Tommy Haas.

Mira, Tommy Haas me la clavó primero en los juniors, en cuartos de final de la Orange Bowl. Y luego, tras ganarle a Corretja en Lyon, me tocó con Haas y perdí 6-2 y 6-3.

Alberto Berasategui.

Joder con Berasategui… Io figlio di Berasategui (risas). Me ganó en Marbella, me ganó en Croacia, me ganó varias veces. Era un pulso de derecha a derecha y siempre me la ganaba él.

Es que esa derecha era muy rara.

¡No, no! Era muy rápida, de rara no tenía nada. A día de hoy mucha gente le pega así, quizá en aquella época sí era más extraño. Yo le pegaba con una empuñadura este y él con una empuñadura oeste.

Y la gente se preguntará, alguien que ganó a tantos top10… ¿cómo nunca fue uno de ellos?

Siempre digo lo mismo, no me da vergüenza. Mentalmente no estaba preparado para tener esa continuidad. Esto me pasa ahora con 44 años y lo hubiera hecho, pero de aquella no estaba cocido de cabeza. La madurez tenística me llegó muy temprano, los golpes, pero la madurez mental me vino muchos años después. Por eso ahora soy más serio, más estricto, porque no quiero que ningún jugador mío cometa los errores que yo hice. Todos mis jugadores son peleones y constantes, no permito ninguna de las actitudes que yo tuve en su día…

… actitudes que sí te permitieron a ti.

Que me permitieron a mí... o que no me dejé cambiar. Yo tengo un carácter muy fuerte, al no tener miedo a ciertas situaciones, tampoco le tenía miedo a la gente. Y mira que el Pato se peleó conmigo, pero necesitaba tener ese toque anárquico, porque eso era lo que luego me ayudaba a ganar a esa gente. No sé si era prepotencia, con el tiempo me di cuenta de que un poco tarugo sí que fui. De haber tenido la consistencia que tengo ahora… hombre, no sé si top10, pero seguro que hubiera estado más arriba de lo que estuve. Pero bueno, fui 30º del mundo, tampoco está mal.

¿Te pesa mucho cuando te recuerdan el potencial que tenías?

No me pesa porque todo lo que hice, estuviera bien o mal, es lo que soy hoy. A veces pienso: ‘Joder Julián, podrías haber…’, pero también podría haber sido que no. Lo que entendí en su día es que la constancia y la regularidad es lo que te llevará lejos en esta vida, no haciendo salida de caballo y frenada de burro. Me quedo con lo positivo: llegué, lo disfruté y gané a toda esta gente. Y mira, me quedo también con lo bonito de haber palmado con todos esos jugadores que fueron auténticas liadas, también tiene su rollo. Son golpes de humildad que uno necesita en la vida. Como aprendizaje, me han marcado tanto mis victorias como mis derrotas.

¿Qué opina Pato Álvarez de tu carrera?

Le da rabia, incluso diez años después de retirarme me seguía diciendo: ‘Julián, que todavía puedes, yo te entreno…

Tremenda la fe que te tenía.

Cada vez que me ve me lo repite, siempre me animó a volver a jugar. En su libro dijo que yo fui el jugador con más talento que ha tenido junto a Andy Murray. Que no consiguiera llegar más alto, para él es una pena, pero sé que lo dice con cariño, siempre me dijo todas las verdades a la cara. Para mí es como un padre, en todo lo que me dijo tenía razón.

El rumor popular apunta que eres el español con más talento que hubo sin que llegara a fructificar, a cumplir la expectativa. ¿Estás de acuerdo?

Por circunstancias diferentes, hay otro que se llama Roberto Carretero que jugaba una barbaridad. Otro que se llamaba Joan Gisbert que jugaba muchísimo. Quizá yo he sonado más, se dijo que podría haber llegado más alto, pero vuelvo a lo mismo: estar #30 del mundo no está nada mal. Sí te puedo decir que para mí, jugar al tenis, lo que es pegarle a la pelota, me resulta muy fácil, no me cuesta nada. A día de hoy todavía me meto en la pista y siento la bola como si fuera jugador, sin necesidad de entrenar, veo que le pego a una velocidad con la que se juega actualmente.

¿Cambiarías tu carrera por otra más regular pero sin grandes victorias? Por ejemplo: ser top60 durante una década pero sin armas para competir con los de arriba.

Difícil pregunta ésta […] Sinceramente, me quedo con la vida que he tenido. Depende mucho del carácter, para bien o para mal hay que dejar huella. No fui el más regular, pero gané mis títulos, tuve mis buenas victorias y conseguí aquel récord de saque.

Económicamente, la regularidad te hubiera dado una mayor comodidad.

Pero yo me retiré porque quise, nada más. ¿Qué te cambia el dinero? ¡Si es papel! Tener un poco más o tener un poco menos. Tener tres pisos en vez de uno. Tener un coche más lujoso. En ese sentido soy un tipo muy normal, la cuestión es hacer lo que te gusta.

Ser feliz.

Exacto. Yo soy feliz porque hago lo que me gusta: enseñar. Toda mi carrera como jugador estuvo enfocada en formarme para ser entrenador. Yo quería ser como Pato Álvarez, no como los tenistas. Tal vez por eso se me daba bien jugar contra la gente buena, porque he observado mucho, he tenido esa capacidad de analizar, de estudiar cada milímetro.

De ganar los partidos el día anterior.

Los ganaba dos veces… los que perdía, los perdía solo una (risas).

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