Rune: "Cuando el público coreaba mi nombre casi me sentí como Federer"

Preciosas palabras de Holger acerca de su último gran partido, en el que finalmente cayó derrotado ante Djokovic en el pasado US Open. "Me inspiró, quiero mejorar más".

Holger Rune durante el US Open 2021. Fuente: Getty
Holger Rune durante el US Open 2021. Fuente: Getty

Holger Rune vivió hace apenas unas semanas la mayor experiencia de su aún corta carrera tenística. El tenista danés se encuentra todavía inmerso en los compases iniciales de su trayectoria como profesional, metido de lleno en un camino que aparece cada vez más ilusionante y prometedor. En ese camino aparecen, en ocasiones, lugares brillantes en los que Holger puede pararse, respirar y reflexionar sobre hacia dónde va y en qué momento se encuentra su progresión como jugador. Nueva York fue, sin dudas, uno de esos lugares: la Gran Manzana vio cómo Rune impresionaba al mundo con su desparpajo, actitud, centellantes golpes paralelos y una garra que sorprendió al mismísimo número uno del mundo, a un tal Novak Djokovic.

En su último blog para la página oficial de la ITF, Holger relata de qué forma ha cambiado su vida la experiencia norteamericana. No solo se trató de medirse al serbio: en su primera participación en un Grand Slam, Rune consiguió superar la durísima fase previa de un Grand Slam, haciéndolo además contra rivales complicados y con partidos que incluyeron parones por lluvia. Además, todo tuvo un valor especial... ya que viajar a la Gran Manzana fue una apuesta personal de un siempre ambicioso Rune.

"Nunca he conocido nada como todo eso en mi carrera, la Gran Manzana fue increíble. Al principio, no estábamos seguros de si viajar a Nueva York. Mi entrenador, Lars, es un tipo que prefiere apostar por lo seguro en cuanto a objetivos. Al no haber torneos de categoría Challenger en pista dura antes o directamente después del US Open, podríamos haber vivido un viaje muy corto", cuenta Rune, que consiguió convencer a su maestro para embarcarse en la aventura norteamericana: "Llegué a un acuerdo con Lars y con mi madre, Aneke. Consistía en que solo podría ir si conseguía mejorar ciertos aspectos de mi juego".

¿Funcionó este pequeño trueque? Juzguen ustedes: como el propio Holger explica, se "tomó en serio" el desafío hasta tal punto que encadenó dos títulos a nivel de Challenger (San Marino y Verona). El resultado era satisactorio: tocaba hacer las maletas y pasar por la fase previa neoyorkina, la primera de su carrera. Los dos primeros obstáculos no entorpecieron la marcha del navío de Rune, pero la última ronda de fase previa se convirtió en una buena tormenta que resistió estoicamente.

"Mi último partido de la fase previa fue ante el alemán Mats Moraing. Tuve un extra de presión y él sirvió como si fuese John Isner. Con 5-3 en el tercer set, empezó a llover y el partido se retrasó. Me preocupaba que Mats volviese del parón pegando golpes ganadores sin miedo, no tenía nada que perder. Discutí varios posibles escenarios con mi madre y me calmé, analicé en qué lugares había tenido más éxito al sacar y lo logré. Clasificar para tu primer Grand Slam es una sensación increíble".

La suerte del novato le midió al número uno

El momento en el que Holger Rune descubrió que abriría su primera participación en un Major ante Novak Djokovic, su corazón estuvo al borde de pararse. "Esa misma noche estaba tumbado en la cama. Le eché un vistazo a Instagram y alguien me había mandado un mensaje diciéndome que me iba a enfrentar al número uno del mundo, Novak Djokovic, en la primera ronda. Me quedé sin palabras y mi corazón empezó a acelerarse. Era una locura: Nole es alguien a quien admiro muchísimo. He entrenado con él en Mónaco y no es que sea bueno, es que es excepcional, el jugador completo".

Los tres días de descanso antes de afrontar esta titánica tarea ayudaron a templar los nervios de Rune, que salió a la pista con una actitud de guerrillero y supo ponerse en el bolsillo a la grada de la Arthur Ashe. El danés aún lo recuerda con cariño: "Todo el mundo me animaba, la gente gritaba mi nombre. En aquel momento no sabía qué estaban diciendo, pero cuando me di cuenta me puso tan feliz que casi me sentí como Federer en la pista. Se me pone la piel de gallina al escribir sobre esto. No es fácil medirse a Djokovic, lo único que podía hacer era pelear. Perdí el primer set por 6-1, pero sentí que debía seguir con mi juego, ya que no creía que estuviese tan mal como indicaba el marcador.

Tuve razón: gané el segundo set 7-6. La energía y el apoyo que eso provocó fue increíble. Sin embargo, en el tercer set tuve calambres, algo que fue un problema al inicio de año, pero que pude resolvar tras encontrar junto a mi equipo el equilibrio correcto entre sal y magnesio. Puede que toda la tensión previa al partido y el mero hecho de enfrentarme a Djokovic provocaron que mis músculos se tensaran aún más. Además, Novak juega tan cerca de las líneas que tuve que correr más de lo normal. A pesar de la derrota, he aprendido muchísimo de aquel partido y hay mucho que quiero mejorar en mi tenis".

Vuelta a la realidad

Salir de la burbuja de Nueva York (y no precisamente de una sanitaria: es más bien de la del estado mental y la nube en la que se encontraba) no será un problema para Holger, que tiene muy claro que el único camino es el del trabajo, el esfuerzo y la dedicación. "Mi viaje a Nueva York me ha inspirado. Siempre digo que si te tomas en serio tus metas y si tus sueños no son un cliché, entonces pondrás tu vida y tu alma para llegar a donde quieras llegar. Eso es justamente lo que yo quiero hacer. Tuve un pequeño destello de cielo en Nueva York, pero ahora he vuelto a la tierra y tengo intención de seguir con mi desarrollo paso a paso. Amo al tenis, amo a la vida y amo mi viaje".

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