Medvedev impide que Djokovic haga historia

Daniil Medvedev se proclamó campeón del US Open 2021, después de derrotar en la gran final a Novak Djokovic en tres disputados sets.

Daniil Medvedev. Foto: Getty Images
Daniil Medvedev. Foto: Getty Images

Tras más de dos horas y pico de dura batalla tenística, táctica y psicológica, golpes inverosímiles, una grada claramente posicionada a favor de Novak Djokovic que estaba a un solo paso de hacer historia en este deporte. Pero cuando mejor pintan las cosas, peor desenlace. Y eso ocurrió en este US Open 2021, donde el ganador contra todo pronóstico se llama Daniil Medvedev. Pero, ¿cómo es posible? ¿Cómo es posible que este jugador catalogado por muchos por ser un robot acabe ganando este torneo? Da la sensación de que jugar contra Djokovic es como estar viviendo uno de esos cuentos del que sabemos el final, pero que disfrutamos en su nudo argumental y no importa el desenlace. Hoy dicho desenlace fue el peor. El jugador moscovita venció por 6-4, 6-4 y 6-4 y nunca mostró señales de debilidad ni mucho menos, aunque hubo algunas dudas para cerrar el partido.

Ya hemos dicho en numerosas ocasiones que el tenis es un deporte especial. De eso no cabe duda. Y más especial lo hacen estos dos jugadores, los dos jugadores más en forma actualmente en el circuito. Número uno y número dos. Estilos contrapuestos y misma hambre ganadora. Djokovic tiene una habilidad especial para escabullirse de situaciones límite, para, sin saber cómo y sin apenas darse cuenta, voltear el encuentro en un abrir y cerrar de ojos. Habilidad innata del mejor jugador del planeta, posición que nadie puede discutirle tras haber ganado tres de los cuatro grandes de la temporada. Hoy estuvo muy cerca del denominado Calendar Grand Slam, pero la figura de Medvedev lo estropeó absolutamente todo.

No hubo final feliz para Novak Djokovic. Tras una semana sacando partidos con algunas dudas en su "cuento de hadas", su protagonista, Novak Djokovic ni fue feliz, ni comió perdiz. Su particular ogro fue Daniil Medvedev. El ruso con un tenis tan preciso como letal, tumbó a un Djokovic que no se encontró a gusto en ningún momento del partido. Nole intentó jugar con alegría pero se encontró con que sus golpes no desbordaban a su rival, sino solo le hacían cosquillas. Poco acertado con el saque, el serbio vio como Medvedev le rompía el saque nada más comenzar el partido y abría brecha en un marcador que sería insalvable. 6-4 y la perpejidad de los aficionados al ver lo que estaban presenciando en la Arthur Ashe.

En el segundo parcial se destapó el denominado tarro de las esencias. Djokovic comenzó a leer los servicios de su rival y de la nada tuvo tres bolas de rotura. No aprovechó ninguna de ellas, pero sin dudas avisó a Medvedev que aún estaba metido dentro del partido. Djokovic elevó un poco su nivel tenístico, con golpes imposibles, restando dentro del cuadro de saque, y poniendo en algunos aprietos a su rival. El moscovita fue inteligente y jugó con algo más de curva y menos velocidad, provocando errores de un Djokovic que asistía impotente a una tormenta perfecta. Un break en el ecuador del segundo set provocaría que Medvedev volviera a abrir hueco y de esta manera sellaba la segunda manga y se encontraba a un set de hacer historia.

Ya con viento a favor, Medvedev cerró el partido por la vía rápida

Dolió mucho esta situación a Djokovic, que aún rumiando cómo había dejado desaprovechar algunas oportunidades en el segundo set, perdió su servicio en el primer juego del último parcial. Medvedev olía la sangre y se activó aún más de piernas, jugando muy serio y metiendo siempre una bola más. Nole se precipitó constantemente y cedió el saque por segunda ocasión en esta manga, situándose 4-0 abajo, un resultado muy doloroso y que le hacía ver que su objetivo de ganar los cuatro Grand Slams en una misma temporada y el récord de torneos majors se iba a quedar de momento ahí. La rabia impulsaron a Djokovic a hacer una última reacción de campeón, que a punto estuvo de materializarse. Llamativa fueron sus lágrimas antes de que el partido terminara. Lo nunca visto. Y es que la grada intentó darle un último empujoncito que finalmente no sucedió.

No pudo ser, pero Medvedev demostró una vez más que está llamado a liderar el futuro del tenis mundial. Hace dos años avisó en esa famosa final ante Rafael Nadal. Y como dice el dicho... quien avisa no es traidor.

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