El partido que Nastase perdió por amor

Hace 50 años, el rumano no se presentó a una semifinal de Grand Slam por un curioso motivo: perseguir a una chica antes de coger un vuelo.

Ilie Nastase con su primer amor, Dominique Grazia. Fuente: Getty
Ilie Nastase con su primer amor, Dominique Grazia. Fuente: Getty

La biografía de Ilie Nastase está llena de tantas anécdotas que podríamos hacer un libro de 365 historias, una para cada día del año. Las tiene dentro y fuera de la pista, de más joven o más adulto, algunas divertidas y otras más polémicas, pero todas ellas necesarias para definir a uno de los tenistas más carismáticos de nuestro deporte. La que voy a contaros hoy pertenece a su núcleo más privado, trata sobre su primer amor, un flechazo instantáneo que comenzó en la Gran Manzana hace justo cincuenta años.

Era 1971 y el rumano, con los 25 recién cumplidos, ya sabía lo que era ganar Grand Slams en dobles (Roland Garros) y en dobles mixtos (Wimbledon). Todavía faltaba un año para que se introdujera el ranking ATP de manera oficial, aunque Ilie ya era uno de los pesos pesados del vestuario, un hombre llamado a gobernar el circuito a corto plazo. Pese a que jugaba todo lo que podía, Nastase soñaba con ser el mejor en solitario, y se quedó cerca aquella temporada en París al perder su primera final de Grand Slam individual ante Jan Kodes. No le irían mejor las cosas en Wimbledon (2R) o el US Open (3R), aunque en Nueva York se encontró con algo mejor que la victoria.

Eran los cuartos de final de dobles, Nastase/Tiriac contra Hewitt/McMillan en la Pista Grandstand, cuando un grupo de espectadoras llamaron la atención del tenista de Bucarest. En primera fila, una niña aplaudía con fervor cada uno de sus puntos, acompañada de una mujer que podría ser su madre y una tercera algo más joven. Esta última fue la que desorientó a Ilie, con su cabello oscuro, ojos marrones y una belleza que quitaba el sentido. Tanta fue la atracción que acabó perdiendo la concentración… y también el partido. Estaban eliminados, así que a Nastase ya solo le quedaba una bala en aquel US Open, junto a Rosie Casals en el cuadro de dobles mixtos. Fue allí donde volvió a toparse con aquella mujer, aunque esta vez no se le iba a escapar. Tras el encuentro, no se lo pensó dos veces y fue en su búsqueda.

Se llamaba Dominique Grazia, tenía 21 años, hablaba francés y vivía en Bruselas. Junto a ella estaban su madre y su hermana de 14 años, Nathalie, una fanática incondicional del rumano. Ilie acudió a la madre para pedirle una cita con su hija mayor, pero se encontró con una envolvente inesperada: “¡Qué va! Somos nosotras las que te invitamos a cenar a ti!”. Y allí se encontró el rumano, cenando con las tres y descubriendo que estaban de vacaciones en Estados Unidos, aunque Dominique ni sabía quién era, ni le interesaba el tenis. Tan bien se portó aquella noche que la madre le dio permiso para repetir velada con su hija al día siguiente, donde hubo cena, discoteca y un primer beso. Nada más. No volvieron a estar solos en toda la semana.

A todo esto, Nastase seguía en el torneo, tenía que jugar junto a Casals las semifinales del mixtos contra Bob Maud y Betty Stove, segundos cabezas de serie. El encuentro coincidía con el último día en Nueva York de la familia Grazia. ¿Se imaginan lo que pasó? Minutos antes del calentamiento, Ilie se sincera con Rosie y le dice que se va, que no entra a pista. “¿Otra vez persiguiendo mujeres?”, le respondió la estadounidense con el humor justo. Pero el rumano lo tenía claro: se fue directo al aeropuerto, cambió sus planes y se montó en un avión destino Bruselas. Dicen que la cara del padre, recibiendo a su mujer y sus hijas acompañadas de Ilie Nastase, todavía se recuerda.

UN NOVIAZGO IMPOSIBLE

Fueron tres días de mucha información, pero la más impresionante fue saber que la familia Grazia pertenecía a la aristocracia, siendo el abuelo tan rico que hasta intentaron secuestrarlo. Pero su lugar no estaba allí, Nastase seguía siendo jugador de tenis y le esperaba un torneo en Sacramento. Intentó convencer de todas las maneras a Domique para que fuera con él, que le acompañara, pero aquello le asustó, así que su relación se limitó a la vía telefónica y algún viaje relámpago a Bruselas entre concurso y concurso. Un ritmo de vida frustrante para el rumano, que estaba ya completamente enamorado de la chica.

En noviembre, antes de abordar el torneo de Estocolmo, la señorita Grazia por fin se animó a viajar con Ilie; pero no iría sola, sus padres también formaban parte del plan. Compartieron hotel pero no habitación, lo cual le brindó a Nastase la oportunidad perfecta para disfrutar de una noche de pasión. Estaba tan relajado y tan feliz que acabó ganando el torneo, no esperaba que las peores noticias le esperaban a la vuelta de la esquina. Dominique, viendo que todo iba muy rápido, decide frenar aquel romance. La chica era muy joven y sentía que todavía le quedaba mucha vida por vivir antes de sentar la cabeza. Ser pareja de un tenista no era ningún regalo, así que el rumano lo aceptó con resignación. Eso sí, la pena no le impidió cerrar el curso conquistando su primera Copa Masters.

Pese a la soltería, el inicio de la temporada 1972 fue brutal para Nastase. Cada vez más victorias, más títulos, más fama, hasta que en Roland Garros sucedió el desastre en todos los cuadros que disputó. En mitad de aquella pena y de manera totalmente imprevista, un telegrama le devolvió la sonrisa al de Bucarest: “Enhorabuena por tu brillante derrota”. Después de medio año sin saber de ella, Dominique aparecía de nuevo en la ecuación. El corazón del rumano latía tan fuerte que el primer arrebato fue pedirle que viniera a París al día siguiente a estar con él. Aunque parezca extraño, ella aceptó. Y sin acompañantes.

EL TRIUNFO DEL AMOR

Fue una semana sin padres y también sin tenis, ya que había quedado eliminado prematuramente del Grand Slam francés, pero Nastase no podía ser más feliz. Tan intenso era el amor que le llevó a hacer una locura: “¿Quieres casarte conmigo?”. Dominique, demostrando su fuerte personalidad, le negó la invitación aludiendo que todavía era muy pronto. Ilie aceptó con caballerosidad su negativa y, dos semanas después, volvió a intentarlo. ¿La respuesta? La misma. Ya se pueden imaginar cómo acabó esta historia, tanto fue el cántaro a la fuente que terminaría siendo Dominique la que acabó pidiéndole matrimonio a él. Diciembre de 1972 fue la fecha de la boda y 1973 la mejor temporada de su carrera, con el título en Roland Garros, su tercera Copa Masters y el honor de ser el primer Nº1 ATP de la historia.

Una historia de pasión que empezó en la mítica Grandstand, donde la vio por primera vez en la grada, donde quedó hipnotizado ante su belleza, donde terminaría intercambiando unas semifinales de Grand Slam por un delirio romántico. La pareja –padres de una niña llamada Nathalie tres años después– se mantuvo unida hasta 1982, cuando la promiscuidad del rumano era ya un secreto a voces. Luego llegarían Alexandra (1984), Amalia (2004), Brigitte (2013) y Ioana (2019), un total de cinco matrimonios y cinco hijos repartidos entre sus tres primeras esposas. Dice la leyenda que Nastase llegó a tener más de 2.500 amantes, cantidad que él mismo se encargó de confirmar, aunque ninguna le marcaría tanto como Dominique. La mujer que provocó que perdiera un partido por amor.

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