¿A la tercera irá la vencida para Medvedev?

El ruso es el hombre que puede impedir una gesta histórica. Analizamos cómo se compara su camino en este US Open a sus anteriores finales de Grand Slam.

Daniil Medvedev busca hacer historia en Nueva York. Fuente: Getty
Daniil Medvedev busca hacer historia en Nueva York. Fuente: Getty

A la tercera fue la vencida. Esa es la frase que Daniil Medvedev aspira a pronunciar en la rueda de prensa de la noche del domingo 12 de septiembre en Nueva York, todo ello después de una histórica final de US Open 2021. Al otro lado de la red aparecerá un jugador con el que ya se ha visto las caras en amplitud de ocasiones, alguien a quien aspira desbancar, alguien que en su camino a la excelencia se encontrará con él. Es la última fase de un juego legendario, y ya saben que toda historia necesita a su villano perfecto.

Eso sí: este villano ya tiene experiencia en este tipo de desafíos. Consolidado en el circuito como un jugador de pistas de cemento, donde sus bombas al saque y su poco ortodoxa posición al resto encuentran cobijo y se funden en una mezcla casi perfecta, Daniil Medvedev quiere colocar su primer título de Grand Slam en un palmarés cada vez más amplio. Para mirar hacia delante, claro, resulta importante contextualizar de dónde se viene. Corregir errores resulta primordial y se convierte en el primer paso para alcanzar el objetivo final. Medvedev llega a esta situación de una manera nada parecida a sus dos anteriores rutas hacia finales de Grand Slam. ¿Será eso indicativo de que el resultado final también será diferente?

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Si bien es cierto que su gira sobre pistas duras norteamericanas había sido impresionante, la experiencia en un Grand Slam no era la mayor de las virtudes de un ruso mucho más volcánico que en la actualidad. Gestos a la grada, la narrativa del 'villano favorito' de Nueva York y un sinfín de andanzas acabaron llevando a Medvedev en volandas a su primera final de Grand Slam. Solo los más grandes son capaces de coronarse en su debut, en el partido de su vida. Era un duelo que no tenía nada que ver con todo lo ocurrido previamente, ante un jugador que había despedazado su juego hace varias semanas... y, aún así, Daniil estuvo a punto de concretar una machada histórica, igualando la balanza tras perder los dos primeros sets y llevando al duelo al terreno de la épica. Eso sí, sin final feliz.

Pero fue un cuento con muchos matices, con una trayectoria basada en partidos que desfondaron por completo al ruso, pero que nunca pudieron con su espíritu y su alma. Lejos de estar establecido como uno de los pesos pesados del circuito, el camino se volvía escabroso a medida que la luz al final del túnel se veía más cerca: el ruso se dejó un set ante Hugo Dellien (segunda ronda), Feliciano López (tercera ronda), Dominik Koepfer (octavos de final, donde de hecho empezó perdiendo) y Stan Wawrinka (la victoria que realmente le hizo creer que sí, ese Grand Slam podía ser suyo). Ejercicios de resistencia que le condujeron a una final donde no tenía nada que perder, donde una derrota era entendible, algo que posiblemente le despojó de presión y le permitó jugar su mejor tenis.

OPEN DE AUSTRALIA 2021, UN FINAL AGRIDULCE

Nos marchamos a Australia. Si nos ubicamos en el espacio tiempo y miramos aquella gira sobre pistas duras norteamericanas del 2019, el kilometraje que llevaba Medvedev antes de su segunda final de Grand Slam hacían que esas semanas en América palideciesen. Victorias en París Bercy, las ATP Finals y la ATP Cup; una racha ganadora de absoluto titán, con más de tres meses sin conocer la derrota... y un camino absolutamente inmaculado hasta la final. Tan inmaculado era ese camino, de hecho, que una amplia mayoría de público le daba como favorito en el partido por el título: ya había experimentado la presión de una final de Grand Slam, su estado de forma rayaba la excelencia y su rival venía prácticamente herido de guerra.

Como pueden ver, la situación era completamente diferente... y Medvedev sintió la presión. Se enfrentó a un desafío inimaginable y tres mil veces más exigente que anteriores partidos (solo había sufrido ante Krajinovic; había diseccionado con precisión quirúrgica el tenis de dos jugadores en racha como Rublev y Tsitsipas, llegando a la final en una clara posición dominante). Ceder el primer set ante Novak Djokovic se convirtió en un golpe mortal del que no pudo escapar, agazapado ante el constante bombardeo de Nole. No podía alargar los puntos ni encontraba la forma de imponer su saque; las dos horas de duelo se hicieron amargas y se convirtieron en una travesía por el desierto. Daniil había, quizás, decepcionado... sobre todo si tenemos en cuenta la pasada experiencia en Flushing Meadows.

Ahora llega un desafío totalmente diferente. El ruso es el número dos del mundo, consigue imponer un nivel de tenis sólido semana tras semana y se ha convertido en la principal amenaza para Novak de cara al número uno. Si buscamos situaciones de presión o narrativas desconocidas, ya nos la hay: Daniil ha paladeado hasta dos veces una final de un Grande y, por si fuera poco, también sabe de la subida de nivel de Djokovic y de su ritmo de juego en la situación más importante que puede encarar un tenista. Su camino es poco espectacular, pero la eficacia se premia y aquí Daniil ya ha reconocido que, en comparación con 2019, encara la final mucho más fresco. Y no solo en lo físico... sobre todo, en la mental. Ha llegado el momento de dar un golpe de efecto y convertir estas situaciones pasadas en motivación y sabiduría. Mañana tendrá su prueba de fuego: ¿irá la vencida a la tercera oportunidad?

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