El disparo que cambió la carrera de Novak Djokovic

Se cumple una década del tiro que, posiblemente, hizo que la carrera de Djokovic cambiara por completo. Así ocurrió todo.

El disparo que cambió la carrera de Novak Djokovic. Foto: RTVE
El disparo que cambió la carrera de Novak Djokovic. Foto: RTVE

Si yo les pregunto por un partido de Novak Djokovic, encarando un 40-15 de Roger Federer al saque y que aquello terminó cambiándole su carrera, es probable que la grandísima mayoría me responda aquel de Wimbledon 2019. Pero no. Hay, curiosamente, otro partido del que se han cumplido 10 años cuya historia fue muy parecida a la de la final en Londres hace un par de años. Hablamos de lo ocurrido en el US Open 2011, momento que acaba de cumplir una década y que terminó por cambiar, posiblemente, el transcurso de la historia de Nole.

Novak y Roger se encontraron en semifinales de aquel año, en Nueva York. Por aquel entonces, el suizo se encaminaba a ser el mejor de la historia, y Djokovic era uno de los grandes atractivos del circuito, pero ni de lejos nos imaginábamos que íbamos a ver una ascensión meteórica en esa década por parte del de Belgrado hasta el punto de convertirse en el GOAT. El H2H entre ambos lo lideraba Federer por un claro 13-6 (es de 23-27 para Nole a día de hoy), y era la quinta vez consecutiva que se cruzaban en el US Open.

Sus partidos siempre eran igualados y de máxima emoción. Nole fue acortando terreno con Roger, y de perder de forma clara en tres sets, terminó por darle la vuelta a la tortilla y llegó a esa edición de 2011 con tres títulos de Grand Slam (dos de ellos, en esa misma temporada), pero no empezó el encuentro de la mejor forma. Federer se apuntó los dos primeros sets y le metió el miedo en el cuerpo al serbio.

Novak, que ya por aquel entonces empezó a hacer gala de esa mentalidad de hierro que fue puliendo aún más con el paso de los años, no perdió la fe y terminó por forzar una quinta manga. Ahí, Roger se puso con break a favor y se colocó con 5-3 y saque. Lo tenía en su mano. Tras un par de puntos, llegamos al momento que provoca este artículo. 40-15. Federer tendría dos puntos para avanzar hasta la final.

El disparo que cambió la carrera de Novak Djokovic

Djokovic se prepara para restar. Mira a Federer, aprieta los labios y asiente con la cabeza al escuchar al público animar al suizo. Casi, como si aceptara el reto que se le presentaba delante de sus ojos. Primer saque, abierto. Djokovic, se impulsa hacia su derecha y planta un winner de resto a la línea que Roger no puede ni atreverse a alcanzar. El público ruge. Nole había salvado la primera pelota de partido como el que se va a la cocina a ponerse un sándwich de mantequilla y atún. Un punto de esos que, ahora, con el paso del tiempo, uno pone en valor y entiende que puede terminar sirviendo como punto de inflexión. Unos centímetros más, y quién sabe de lo que estaríamos hablando ahora.

Aparte de ese puntazo, todavía quedaba uno más por salvar. Djokovic levanta las manos en dirección al público y se ríe. Sorprende que, enfrentándose a alguien de la figura de Roger Federer, Novak tomara aquella situación riéndose e interactuando con el público, como si estuviera en la pista de su pueblo junto a sus amigos. Estaba hecho de otra pasta. Siempre lo estuvo. Ahora, era Federer el que lo miraba desafiante. El suizo quería poner fin a eso cuanto antes.

Saque al cuerpo. Novak se la quita de encima, pero su resto no queda demasiado angulado. Federer se invierte de derecha, pero su bola queda en la red. ¿La historia de aquel partido? Ya la saben. Nole terminaría remontando, alcanzando la final y venciendo a Rafa Nadal en ella, para marcarse una de las mejores temporadas de la historia, ganando tres Grand Slams y cinco Masters 1000. Sería la primera de una década 2010-2019 absolutamente increíble.

Djokovic se presentó en aquel 2011 ante el público neoyorkino y les demostró que los cánticos y los vítores frente a sus rivales le daba la motivación y la fuerza para ganar. En todos los años posteriores a ese momento, nadie de la grada lo aprendió (o quiso aprenderlo), mientras Djokovic siguió labrándose su historia para terminar peleando en esa misma pista, diez años después, por convertirse en el GOAT con mayor número de Grand Slams y poder ganar los cuatro grandes en una misma temporada. Quién lo hubiera dicho en ese 40-15.

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