Djokovic supera una trampa mortal y continúa su lucha por la historia

El serbio tuvo un duro compromiso ante Brooksby, que le desesperó durante un set y medio pero que se quedó sin gasolina para aguantar un ritmo infernal.

Novak Djokovic. Fuente: Getty
Novak Djokovic. Fuente: Getty

Novak Djokovic sigue caminando hacia la historia. A veces el camino se puede llenar de obstáculos, llevarte por senderos peligrosos o escarpados, pero hasta el momento el serbio ha sido capaz de manejar todos esos contratiempos de una forma u otra. Hoy la piedra, la más grande que ha encontrado hasta el momento en este US Open 2021, se llamaba Jenson Brooksby: tras un primer set apabullante llegó a hacernos pensar en que podríamos ser testigos de una noche histórica. Nada más lejos de lo habitual: tras un segundo set que llevó al límite a ambos en el plano físico, Novak supo dar la vuelta a un encuentro en el que terminó por destrozar físicamente al estadounidense, con problemas para mantener el ritmo de bola desde el fondo de la pista. Espera ya Matteo Berrettini en cuartos, a solo tres pasos del ansiado objetivo.

Primer set

Los que no conociesen a Jenson Brooksby, y eso que hemos avisado de él en Puntodebreak en numerosas ocasiones, se tomaron un buen traguito de su sorprendente tenis en apenas el primer juego. Dos dejadas le hizo Djokovic para sacarle de su zona de confort... y en ambas ocasiones Jenson se movió como pez en el agua. Lo que se avecinaba en el primer parcial era un guion que muy pocos hubiesen pronosticado, quizás ni los más atrevidos con las posibilidades del estadounidense. Un 6-1 para Jenson que desafiaba la lógica, pero... ¿por qué?

Varias cuestiones atormentaron al serbio. En primer lugar, unas prestaciones al saque que parecen no mejorar tras un año en el que ha demostrado que es su golpe, sin dudas, más mejorado. Ya sea por la presión, el cansancio mental o el peso de la historia, el serbio era incapaz de conseguir puntos gratis. Cuando el punto entraba en ebullición, lo que Novak veía enfrente era una verdadera muralla. Una frontera ante la que se chocaba una y otra vez. La derecha acumulaba errores no forzados por doquier, siendo por ese lado por donde Brooksby decantaba el ritmo a su favor, puesto que Nole era incapaz de domar los intercambios de derechas cruzadas. Tan solo un (!) error no forzado firmó el de Sacramento, que además hacía que la grada entrase en un júbilo colectivo atronador, reminiscente de los ambientes más bélicos de la Arthur Ashe. Por si alguno dudaba que había partido.

Segundo set

Era evidente que el serbio debía ajustar muchísimas cosas para hacer el duelo mínimamente competitivo. Se había topado contra un estilo difícil de interpretar, con un jugador al que jamás se había enfrentado, un tipo que no iba a tener ningún reparo en torturarle desde el fondo de la pista. La táctica de Brooksby era muy clara: no fallar ni una sola bola, aplicarle de su propia medicina a un Djokovic que ni mucho menos es aquel animal físico de 2011. A sus 34 años Nole tiene otras armas, y tener un mal día ante un tenista de este corte no es buen negocio.

Así pues, poner en funcionamiento la derecha era capital para cortar la sangría. También el resto. Esto aplicó el serbio al inicio del segundo set, elevando el nivel de agresividad y subiendo su nota del insuficiente al bien en apenas unos minutos. Lejos de la brillantez, claro, pero suficiente para colocarse con una ventaja de 3-0 y cambiar por completo las sensaciones del partido. Sin embargo, los problemas al saque continuaban: un juego de 20 minutos parecía poder ser un punto de inflexión, ya que Jenson rompía para poner el 3-2 y la grada alcanzaba su máximo nivel de locura de la noche.

Todo eso fue un espejismo. Entre un par de fallos de derecha de Jenson y un par de puntos cortos tras grandes restos de Novak (que, en ese momento, debían ser un verdadero milagro), Nole volvía a colocarse rotura arriba. Esta vez no iba a desaprovecharla: cerraría el segundo set por 6-3 y, entre medias, ambos firmaron puntos absolutamente maratonianos y tremendos que indicaban también de la magnitud del tenis de Brooksby, un verdadero androide en un circuito de pegadores sin control. La jerarquía de Nole, su mejora en las prestaciones al servicio (del 50% de puntos ganados con el primer servicio en el primer set al 75% en el segundo parcial) y algunos fallos en momentos puntuales del estadounidense (difícil igualar los guarismos del primer parcial: de un único error a 12 unforceds) nos mandaban al tercer set con igualdad en el marcador.

Tercer set

Novak Djokovic no estaba mostrando su mejor tenis. Había subido bastante el nivel en el segundo parcial, dejando de lado el suspenso monumental del primero, pero las sensaciones no eran las mejores. Con todo eso, y por casi imposible que pueda sonar, el tercer set fue una demostración de que de ninguna manera iba a perder este partido. No lo iba a perder porque la gasolina de Brooksby, tras un segundo set eterno con juegos larguísimos, estaba ya en modo reserva. No lo iba a perder porque poco a poco empezó a correrle más la derecha, porque en cada punto importante apretaba y porque un break de ventaja se tornó una montaña demasiado escarpada.

Decía Andy Roddick, en mitad del partido, que "Djokovic primero te quita las piernas... y luego te quita el alma". Algo así empezó a ocurrir en la Ashe: mientras Jenson se desinflaba físicamente, incapaz de mantener el ritmo de bola, la profundidad y, sobre todo, la movilidad con la que había llevado al límite a Nole en los dos parciales anteriores, Novak se olvidaba de cualquier tipo de aspaviento, mirada asesina o celebración más ruidosa de lo habitual y ponía el piloto automático, sabedor de qué tenía que hacer para evitar mayores complicaciones. El 6-2 lo dejaba muy cerca de la victoria.

Cuarto set

Tratado por el fisio con una molestia en el muslo izquierdo, Jenson nunca le perdió la cara al partido. Es difícil superar a un Djokovic totalmente entonado, sin embargo, cuando tu plan A se queda corto debido a la falta de físico y en tu plan B los golpes ganadores son difíciles de encontrar. Se habían cambiado las tornas: si antes era Djokovic el que se desesperaba ante el estadounidense porque no fallaba ni una pelota, ahora era Jenson quien estaba totalmente fuera del duelo debido a su incapacidad de poder echar al serbio de la pista. Ganar a Djokovic, incluso en una versión más cerca del gris que del blanco, es un desafío para el que uno debe prepararse como si escalara el Monte Everest... y ni las pastillas ni el fisioterapeuta pudieron ayudar a Brooksby.

La mejora al saque fue fundamental para cerrar un partido complicado, con un guion de todo menos predecible pero en el que la diferencia en experiencia y saber dosificar por tramos de partido marcó la diferencia. Parece difícil que a Novak le sirva este nivel ante un Zverev enrachado, por ejemplo, pero todo lo que sea pasar tiempo en pista ante jugadores de muchísimo nivel probablemente sea de recibo para alguien que gusta de coger temperatura. La única realidad es que Djokovic está en cuartos de final, lo que significa únicamente que la historia está a tres pasos. Brooksby tendrá que esperar su oportunidad para hacer historia: el serbio, al final, acabó por ser demasiado fuerte. Que siga el espectáculo.

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