Blake-Hewitt, la peor primera cita de la historia

Se cumplen 20 años de su polémico enfrentamiento en el US Open de 2001, donde el australiano arremetió ante un juez de línea negro por arbitrar a favor de su rival.

James Blake y Lleyton Hewitt. Fuente: Getty
James Blake y Lleyton Hewitt. Fuente: Getty

Sí, han leído bien. En 2001, hace exactamente veinte años, Lleyton Hewitt estuvo a punto de destruir por completo su imagen debido a un calentón en mitad de su partido de segunda ronda del US Open. El australiano, ya por aquel entonces Nº4 mundial, se cruzaba a otro jovencito norteamericano del que hablaban maravillas, un tal James Blake. Era su primer enfrentamiento y el espectáculo no decepcionó, aunque al de Adelaida no le sentó bien tener que irse al quinto set. Tanto le molestó que se le cruzaron los cables, le dio un arrebato y terminó acusando a un juez de línea de estar pitando a favor de su rival. ¿Por qué? Según Lleyton, porque los dos eran negros.

Como siempre, vamos primero con el contexto histórico. Hablar de Hewitt en el verano de 2001 era hablar del futuro dominador del tenis mundial, así lo venían presagiando sus números. Pese a tener apenas 20 años ya caminaba con mucha experiencia en la maleta: nueve títulos ATP, una Copa Davis, semifinales en el US Open 2000 y cuartos de final de Roland Garros 2001. El siguiente paso estaba claro: levantar un Grand Slam. En Flushing Meadows todos apuntaban a Pete Sampras, pero nadie pudo imaginar cómo terminaría aquel viaje (y de momento, no haremos spoiler). Lo que sí podemos contar es que Lleyton despachó en primera ronda al sueco Magnus Gustaffson para citarse en la siguiente rueda con un tal Blake.

Blake, de nombre James. Un virtuoso de la raqueta que había ganado todo como jugador universitario. Precisamente, ese fue el motivo por el que no fue tan precoz como Lleyton, ya que siendo de una generación anterior al australiano, en su historial todavía no había victorias en Grand Slam. A sus 21 años, el tenista de Yonkers aparecía como Nº95 del ranking, volviendo al cuadro final del US Open dos años después. En 1999 había perdido en el debut ante Chris Woodruff, pero esta vez el sueño no terminaría tan rápido. Un triunfo cómodo ante el español David Sánchez le daba la oportunidad de plantarse en segunda ronda y ponerse a prueba ante uno de los mejores del mundo, la gran promesa del tenis mundial: Lleyton Hewitt.

Partido dramático por varios motivos

El partido tuvo de todo, incluso buen nivel de tenis. Empezó disparando el australiano, 6-4. Luego respondió el norteamericano, 6-3 y 6-2. El favorito estaba en peligro, pero la reacción terminó siendo de campeón: 6-3 y 6-0. Victoria para Lleyton y varapalo para un James que terminó desfallecido por el calor, vomitando y con calambres en ciertos fotogramas del encuentro. De nuevo había fallado, igual que semanas atrás cuando, tras perdonarle la vida a Patrick Rafter en Cincinnati, tuvo que escuchar una gran lección en la red. “Tú podrías haberme ganado hoy, pero he tenido la sensación de que no has terminado de creer en ti mismo. ¿Ahora vas a empezar a creer?”, le soltó el oceánico en el choque de manos. Eran esos partidos los que más les costaban, situaciones donde se hacía pequeño ante adversarios superiores.

En Nueva York tampoco estuvo la música de su parte, aunque el que realmente dio la nota fue Lleyton Hewitt. En mitad del cuarto set, después de recibir dos foot faults, se fue directamente al juez de silla y dejó un titular que hoy todavía se recuerda.

– “Look at him, and look at him… and tell me what the similarity is”.

Para los monolingües: ‘Míralo a él y míralo a él… y dime en qué se parecen’. El australiano estaba insinuando que el juez de línea, por el simple hecho de compartir color de piel con Blake, estaba pitando a su favor. ¿Se imaginan que esto sucediera hoy en día? No ganan cuentas: la prensa hubiera destruido su carrera.

Blake, que terminó ocupando portadas al verse envuelto en la controversia, no quiso hacer leña del árbol caído. Al fin y al cabo, aquello solo había sido un percance en el fragor de la batalla, no había interferido en el resultado final. “Generalmente suelo tener un pensamiento positivo, me gusta darle a las personas el beneficio de la duda. A veces, incluso demasiado. Esta vez no será distinto, quiero darle el beneficio de la duda por el hecho de estar en una situación donde es muy fácil perder los nervios. Veremos ahora si dice algo nuevo en sala de prensa, aunque estoy seguro de que fue un pensamiento en voz alta debido a la frustración que tenía por esas faltas de pie. Si luego quiere que tengamos una conversación no tendré ningún problema, son cosas que puede pasar dentro de la pista”. Un diez de persona.

La defensa de Hewitt

Como si fuera una película, nos trasladamos rápidamente a la sala de conferencia del US Open, donde hace 20 años Lleyton alucinó por la cantidad de periodistas que allí le esperaban tras superar una segunda ronda. “No recuerdo haber dicho nada de esto, ha sido una conversación entre el juez de silla y yo”, declaró cuando le preguntaron por la famosa frase. “Pertenezco a un país multicultural como Australia, ni mucho menos me considero racista ni nada por el estilo. La gente puede tener su opinión, pero esto solo fue una conversación entre el juez y yo, no tiene nada que ver con temas raciales. Si alguna persona lo ha entendido de esa manera pido perdón, ya que no era mi intención. Nunca quise remarcar la raza de nadie en ningún aspecto”, valoró el hombre que se había anotado diez de los últimos once juegos del encuentro.

El asunto generó portadas, debates y fuertes críticas hacia el australiano. ITF y USTA se reunieron para revisar todas las imágenes y hablar con todos los protagonistas. ¿Conclusión? Un comunicado en son de paz anunciando que Lleyton no recibiría sanción alguna. Dos días después, tras vencer a Albert Portas en una tarde donde enseñó su cara más angelical sobre la cancha, Hewitt se encargó de enterrar el hacha de guerra. “Sinceramente, no estaba preocupado por el tema, solo estaba pensando en jugar una tercera ronda del US Open. Este lugar me trae muy buenos recuerdos del año pasado, donde hice semifinales, el mejor resultado de mi carrera hasta el momento. Ahora toca pensar en los octavos de final, he aprendido una buena lección e intentaré que no vuelva a pasar”.

La historia ya saben cómo termina, con el tenista de Adelaida sometiendo a Sampras en la final y levantando el primer Grand Slam de su carrera. Meses después caería también la Copa Masters y el Nº1 ATP. Nadie se acordaba ya de aquel indicio de racismo, el tenis mundial aplaudía a su nuevo rey. Así pues, Hewitt terminó dominando el H2H ante Blake por 8-1, aunque ningún encuentro tuvo tanto eco como el primero. Dos décadas después, gracias a ciertos periodistas inquietos, es interesante chequear los libros de historia para relatar anécdotas del pasado. Episodios que ojalá no tengamos que presenciar de nuevo.

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