Raúl Zurutuza: "No pierdo la esperanza de que Federer venga a Acapulco"

Entrevistamos al director del torneo de Acapulco, que nos revela los sueños que tiene para el evento. "Latinoamérica se ha ganado tener un torneo de M1000", asegura.

Raúl Zurutuza: "No pierdo la esperanza de que Federer venga a Acapulco". Foto: Infobae
Raúl Zurutuza: "No pierdo la esperanza de que Federer venga a Acapulco". Foto: Infobae

Tras pocos minutos hablando con él, uno se da cuenta que Raúl Zurutuza, director del torneo de Acapulco, es un tipo que ama el tenis. Varias décadas dedicadas a trabajar en este deporte, ayudando a crecer un torneo que con el paso de los años se ha ganado un nombre dentro del circuito, llegando incluso a recibir premios y reconocimientos por parte de los jugadores.

En Punto de Break nos hemos reunido con él para hablar de cómo ha sido organizar un torneo de este calibre en plena pandemia, con las restricciones que hay, así como los sueños futuros que tiene para Acapulco, con el deseo de poder convertirse un día en torneo de Masters 1000. Y también nos revela ese sueño de traer al fin a Roger Federer a México. Raúl se atreve a hacer una promesa muy loca si ese día llega a producirse.

Primer año de torneo en pandemia. ¿Cómo ha ido a nivel general?

El torneo cumplió con las expectativas que marcamos. A nivel compañía, el tema financiero es el que más importa y aún estamos revisando las facturas, pero creo que hemos tenido un buen resultado para los propietarios de Mex Tennis. Lo importante es que no haya números rojos, da igual que el resultado sea cero. Este ha sido el torneo que más retos nos ha presentado, por el tema de salud que había, con la burbuja, protocolos, etc. Hubo un esfuerzo muy importante para coordinarlo todo. 25 compañías, todos le entraron, como decimos en México. Se lanzaron para adelante y tuvimos grandes resultados para ellos.

Respecto al público, tuvimos opción de meter al 30% de aforo. Coordinamos los asientos para que desde fuera se viera bien repartido. Al final tuvimos unas 3000 o 3100 personas cada día, lo que nos dejó un buen torneo. A nivel de salud, solo tuvimos nueve positivos entre los que me encontraba yo.

Es cierto. ¿Todo fue bien?

Sí, afortunadamente, a todos nos dio bastante ligero. Pero si lo miras bien, de más de 3000 pruebas que hicimos, que solo salieran nueve, no está mal. Y tenísticamente hablando, es el sueño de todo director de un torneo, que el sembrado uno y dos lleguen a la final. Creo que ha sido un gran torneo.

Imagino que, en condiciones normales, los torneos dan beneficios. No sé si en la actualidad, celebrar un torneo de este calibre sin aforo completo provoca pérdidas.

Estoy seguro que habrá torneos que sufran mucho, sobre todo los 250. Ya antes de la pandemia, había muchos que estaban sufriendo, por calendario, que no tenían demasiados jugadores que querían ir a jugar, etc. Nosotros, como te decía antes, seguimos mirando los números porque si se te pasó la mano en un lugar, los números serán rojos y eso es algo que no se puede recuperar. En el torneo de Los Cabos, que también es nuestro, por ejemplo, en las próximas semanas tendremos que reunirnos con el consejo de administración para tomar una decisión.

Momento difícil ahora mismo.

Sí. Yo creo que ahora mismo todos los torneos están intentando no perder, no piensan en ganar dinero. Lo hacen porque es importante hacerlo, que vayan retomando el ritmo poco a poco. El 2021 será de más retos que el 2020. Por ejemplo, el cambio de una semana en Roland Garros implica que el circuito deba reestructurar los torneos en pasto.

Me hablas precisamente de ese cambio en Roland Garros, que ya hizo lo mismo en 2020. Como uno de los implicados este año por el cambio en el Open de Australia, ¿cómo vivís vosotros que estos torneos cambien a su antojo el calendario?

Los Grand Slams son los Grand Slams. Yo, en el caso de Acapulco, no me puedo quejar. El movimiento de Australia a nosotros nos ayudó mucho, muchísimo. Si hubiésemos tenido el torneo en la semana original, no habríamos podido traer público. Esas dos semanas que ganamos fueron oro molido. Lo de Roland Garros el año pasado a mí no me gustó, porque se llevaron por delante a no sé cuántos torneos. Una semana no me parece tan grave, pero sí, al final del día, esto es la jungla (risas).

Este año no habéis podido celebrar la edición femenina. Ya hacía años que no reportaba beneficios.

Fue rentable para nosotros muchos años, sin duda. Hubo años donde venían más tops en mujeres que en hombres. Pero desde el año 2018 empezó a costarnos más dinero del que recuperábamos. Tratamos de encontrar una fórmula distinta, pero no nos dio. De ahí viene la decisión. La familia Burillo, los propietarios del torneo, les gustaría traer de vuelta el torneo femenino, pero con un torneo en propiedad. No sabemos si aquí o en otro lugar. La idea sería conseguir una propiedad y hacerla crecer al largo plazo.

Para muchos es conocido el tema del Appearance fee, ese caché que hay que pagar para traer a jugadores a torneos como Acapulco. ¿Cómo trabajáis vosotros en ese sentido?

Acapulco tiene una gran ventaja, y es que lleva 28 años de trabajo, ganándose una reputación muy buena. Aquí han venido tenistas de altísimo nivel y eso nos ha ayudado mucho, ya que el torneo se convirtió en un torneo interesante para los tenistas. Nosotros tenemos muy buena relación con los agentes. En lo personal, tengo una gran amistad con David Ferrer. Somos grandes amigos. Con él nunca toqué negocio. Siempre hablábamos de la familia. Y así nos ha pasado con muchos otros jugadores. Hay torneos con otro approach, pero nosotros somos muy latinos, muy mexicanos. Nos vamos a tomar algo con ellos de forma amistosa en algún torneo y ahí charlamos.

Hablabas hace un par de meses que notaríais la ausencia de Nadal, pero que el torneo ya no tuvo a Rafa otros años y también funcionó bien. ¿Cómo afecta que alguien como Nadal esté en un torneo respecto a que no esté?

Si esta pregunta me la haces hace 10 años, te habría respondido que la diferencia estaba entre vender boletos o no venderlos. Tener una figura del calibre de Rafa, te asegura vender muchos tickets. Pero a día de hoy, la venta de boletos, afortunadamente, se ha mantenido. Nos dimos cuenta hace un par de años. Justo antes de la rueda de prensa de presentación del torneo, Rafa se lesionó en el US Open y no pudimos confirmarlo. A pesar de eso, en 20 días se había vendido más del 60% de los billetes.

Wow.

Y el tenis mundial se tiene que dar cuenta que un día, los del Big 3 se irán a descansar a sus casas y que tenemos que empujar por los jóvenes. El wildcard para Carlos Alcaraz este año, no fue casualidad. Esto es algo que hablé con Albert Molina, su agente. Que le dije que queríamos apostar por él. Son cosas que debemos hacer porque un día Rafa vendrá a Acapulco solo para ir a la grada y ver el torneo, no a jugar.

Un día hablaste a la prensa sobre que no podíais pagar este año lo que pedía Rafa y tus palabras dieron la vuelta al mundo. ¿Cómo viviste aquellos dos-tres días? ¿Lo pasaste mal?

Yo siempre he sido una persona que ha sido terriblemente transparente con la prensa, y eso me ha ayudado mucho con el paso de los años. Me ha ganado una buena reputación. Sí, la pasé mal, pero tampoco creas que no dormí. Lo hablé con quien tenía que hablar y se acabó.

A mí me sorprendió que, días después de anunciar Rafa que no iba a Acapulco porque no estaba recuperado de la espalda, el torneo de Dubái le diera una invitación. ¿Te sentó mal aquello?

No, para nada. ¿Sabes qué? Yo hubiera hecho lo mismo. ¿Por qué no? Salah Talak, el director del torneo, es bravo. La gente se sorprendería lo bien que nos llevamos. Nos llevamos de poca madre. Quedamos, conversamos, comemos. Yo creo que hizo bien en intentarlo. Osea, si no va a Acapulco, ¿por qué no? Yo vi que hizo muy bien.

Lo que estaría genial es que Dubái y Acapulco no coincidieran en la misma semana, ¿no?

Eso es algo que lo hemos hablado muchas veces, pero por el calendario, es difícil. Hay muchos jugadores que prefieren quedarse en Europa en esa parte del año y no venir a Acapulco. Pero sí es cierto que, en un mundo ideal, a mí me gustaría ver Dubái y Acapulco en semanas distintas, solos y cerquita ambos de Indian Wells. A mí me encantaría.

Creo que el año que viene se avecinan cambios, con nuevo estadio. No sé si tenéis el sueño de poder convertiros algún año en Masters 1000. Latinoamérica pide a gritos uno.

Lo de ser Masters 1000 es un deseo que siempre hemos tenido. Con las nuevas instalaciones ganaremos un pasito más. El nuevo estadio va a ser espectacular. Perderemos estar tan cerca de la playa, pero estaremos cerca de un campo de golf, que nos dará otras cosas a nivel comercial. El problema de los Masters 1000 es que solo hay nueve y no creo que nadie se baje del coche para que alguien se pase a pilotearlo. Y si alguno se baja, cuántos habrá que quieran coger esa plaza.

Muchísimos.

Dejando a un lado el costo, porque ese será el primer filtro, pero aún cruzándolo, hay muchos que podrían organizarlo. A mi mente se me vienen dos que podrían hacerlo ya mismo, porque tienen todos los recursos para hacerlo.

Uno es Dubái seguro.

Sí, y yo creo que Doha también puede. Hay que esperar. Creo que Latinoamérica se merece un Masters 1000. No sé si nosotros, Brasil o Argentina, pero se ha ganado a pulso Latinoamérica ganarse tener un torneo de esta categoría.

Si hay posibilidad, vosotros lo vais a intentar, ¿no?

Sí, sí. Pero es difícil que haya cambios. ¿Desde cuándo no se baja nadie?

Hamburgo, hace más de 10 años.

Ya pasó un rato (risas).

Te voy a poner un caso.

Dime.

Imagina que te pongo por delante un papel en blanco y te digo que me escribas en él un nombre. Y que el nombre que escribas ahí, vendrá seguro a Acapulco el año que viene. ¿A quién pondrías?

¿Solo puedo poner uno? ¿Puedo poner dos?

Venga, dale.

Rafa y Roger. Rafa por cariño, porque el tipo se ha portado espectacular con nosotros. Y Roger… ¡porque nunca ha venido!

(Risas) Qué difícil es que venga Roger a Acapulco, ¿eh?

Nosotros hemos respetado muchísimo ese tema que tiene con Dubái. Te voy a contar algo. Ese partido de exhibición que hicimos en México hace año y medio, que vino él y que fue una locura lo que pasó, meter a 42.000 personas en un solo lugar, durante la ceremonia final, el público empezó al unísono a cantarle “Acapulco, Acapulco”. Y justo cuando lo oyó, soltó una sonrisa nerviosa y les dijo a todos que desafortunadamente coincidía con Dubái, un torneo que había jugado toda la vida.

Pues qué pena.

Esto es algo que hemos hablado con Tony Godsick (su agente) muchas veces. Mira, quizá dentro de 10 años, los dos tendremos más canas y Roger seguirá jugando a tenis. Nada nos dice que seguirá jugando varios años más. Yo no pierdo la esperanza de que venga. Sería increíble tener a Rafa y Roger en un mismo año. ¿Tú has escuchado lo de los clavadistas en Acapulco?

No, ¿qué es?

Son muy famosos, porque hay un acantilado, donde hay clavadistas que se avientan desde muy alto al agua. Te digo una cosa, si Roger y Rafa juegan juntos en Acapulco un día, yo me tiro desde el acantilado al mar. No sé si en bombita, pero me tiro.

Ahí queda la promesa. Pero estaría genial que no hubiera esos contratos de jugadores con torneos, ¿no?

En la PGA de Golf funciona así. Todos los golfistas juegan todos los torneos al menos una vez. Creo que sería premiar el esfuerzo de torneos que en su vida soñarían con tener a grandes estrellas. A lo largo del mundo hay torneos bien bonitos. Por ejemplo, estuve en Houston hace unos años, y hacía mucho que no disfruté de un partido así tan de cerca. Por ejemplo, en Los Cabos, hay muchísima gente que viene a ver tenis, sin importar quién juegue. Aunque jugásemos tú y yo, la gente se pondría con su chela a vernos. Sería genial para los fans, poder ver a grandes estrellas y que hubiera un compromiso de que todos fueran a cada torneo al menos una vez.

Quiero terminar con un par de preguntas sobre ti y el torneo. Cuéntame una anécdota que recuerdes con especial cariño de todos estos años de trabajo en Acapulco.

Hay muchas (piensa). Es que son 28 años, imagínate. Mira, mi primer trabajo en el mundo del tenis fue de chofer en Copa Davis. Cuando vino Djokovic hace unos años, fui a recogerle al aeropuerto, como intento hacer siempre con todos los jugadores. Le recogí y lo subí al coche y yo manejaba. Y me preguntó: “¿De verdad vas a conducir tú?”. Y le dije: “I’m going back to basis” (risas). Vuelvo a mis inicios. Pero hemos tenido tragos buenos y tragos amargos en todos estos años.

De toda la gente que has conocido en el mundo del tenis, ¿quién te ha impresionado más?

(Piensa) Uff, hay varios, pero hay un nombre que se me viene a la cabeza enseguida y puede que te sorprenda. Manolo Orantes.

¿Y por qué él?

Lo conocí en el Mutua. Por alguna razón nos presentaron y a mí se me cayeron los calzones (risas). Manolo es contemporáneo de Raúl Ramírez y siempre me gustó mucho cómo jugaba, con ese famoso US Open que le sacó el partido a Vilas remontando dos sets a cero. Crucé tres minutos con él y me encantó. Un tipo bien sencillo, parado, exitoso… ¡Un tipazo! Y mira que he conocido mucha gente, pero se me viene a la mente Manolo.

¿De qué te sientes más orgulloso de tu trabajo todos estos años?

De lo que he ganado. He ganado grandes amigos en el mundo del tenis. Y también de haber formado un equipo de trabajo. Atrás de mí hay mucha gente muy valiosa que hace el torneo. Los dueños del torneo me dan las herramientas para que yo pueda dárselas al equipo y hacer el torneo. Tenemos un gran equipo, con mucha cohesión y con la camiseta muy puesta. Creo que nada me llena más de orgullo que el equipo que tenemos.

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